Y él adoraba su novia.
El que nunca había adorado.
El que de todas las flores
Ni un pétalo había guardado.
Y ésta, su última novia,
Le había robado su alma,
Y en todas horas del día
Sus bellezas ensalzaba.
¡Qué de celos despertaba
El amor del doncel triste!
Todas aquellas mujeres
Que su perfume donaran,
Se sentían postergadas
Por esta invencible dama,
Pues ni encantos ni donaires
Sus triunfos lograr truncaban.
Y él adoraba su novia.
La adoraba en el silencio
De las solitarias noches,
Y la admiraba en sus sueños.
Nadie percibía la dama
Tanto que él la resguardaba.
Era la novia que nunca
Su alma desilusionara,
Era la novia que airosa
Le dibujaba una gama
De flores y melodías;
Era una novia sagrada,
Y con ella él olvidaba
Todas las novias humanas.
Pues su amada, la invencible,
Era el sutil pentagrama.
1943
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