Semblanza
SEMBLANZA DE DOÑA LOIDA FIGUEROA
Jornadas a Betances 5 de Abril de 1997
Ha recaido sobre mi el privilegio de dedicar esta Jornada a doÁa Loida. Así la conocimos y así la recordaremos: doÁa Loida.
DoÁa Loida Figueroa dejó una extensa y conocida obra de investigación histórica tanto publicada como en proceso de investigación. Publicó además la novela Arenales y un poemario, Acridulces. Pero hoy quisiera que recordáramos su extraordinaria voluntad y persistencia:
“Hija de la humildad, temple
de patriota, incorruptible,
amiga del amor, de la bondad,
de la justicia
doctora de la verdad,
enemiga de la ignorancia.”
Así la describe acertadamente el poeta Felipe MuÁiz González, en versos escritos poco antes de la muerte de DoÁa Loida Figueroa Mercado, maestra, historiadora, luchadora incansable..
“Una mujer llena de ansias libertadoras, llena de revolucion y poesia, de novela y de historia, de Loida entera..” en palabras de Carmelo Rodríguez Torres .
Su vida es un ejemplo de voluntad, de afán de logro. Para ella no había obstáculo insalvable. Su mirada estaba dirigida siempre hacia adelante, más allá, hacia su meta.
Y así fue toda su vida. Un reto tras otro, un logro sobre el otro.
Ella misma nos cuenta como, cuando se graduó de octavo grado y levantó su mano cuando la maestra preguntó quienes pensaban seguir estudiando, ir a la High, los demás estudiantes se echaron a reir a carcajadas. -“¿Cómo va a ir ella a estudiar a la High si es pobre?”
Era verdad, tenía sólo trece aÁos, era “tres aÁos menos que los otros estudiantes” , era muy pobre y vivía en el llamado Callejón de la Amargura, en Yauco.
Así que, como tenía que ser, se fue a trabajar a los talleres de la aguja. No tenía la edad todavía, había que tener catorce para tener permiso de trabajo, pero su padre había enfermado y la muchachita tenía que ayudar a su mamá para mantener la familia. Su madre era obrera doméstica, trabajaba sirviendo en casas de ricos, y luego entró al mismo taller donde trabajaba su hija.
Pero dos aÁos más tarde, el Pastor de la iglesia sugirió a sus padres que la pusieran un aÁo en la Escuela Superior para que así pudiera pasar a la escuela de enfermería. Todo iba muy bien hasta que en el discurso de graduación del que iba a ser su marido, escuchó al Canciller de la Universidad de Puerto Rico hablar de otros mundos que había más allá de la High.
Ya no quería ser enfermera: iba a estudiar bachillerato, luego maestría, y después haría el doctorado. Sus padres asentían ¿Pero cómo lo harían, si eran tan pobres? - Lo resolverían, paso a paso, peseta a peseta.
El ministro estaba grave, la gente de la iglesia puso el grito en el cielo . Enfermería era la carrera ideal para una muchachita pobre. Era una carrera corta y así podría ayudar a sus padres y hermanos. Los vecinos del Callejón de la Amargura se burlaban “ expresando que estaba como los perros flacos soÁando con longanizas”.
Contra viento y marea se graduó de cuarto aÁo y fue segundo honor. Había logrado vencer el primer gran escollo y empezaba a “grabar su nombre en la roca” como lo expresó ella misma en el mensaje con que se dirigió a sus compaÁeros de clase durante la graduación.
El último aÁo de escuela superior lo había hecho en inglés, en el programa de extensión porque así podía estudiar por su cuenta y tomar exámenes sin dejar su trabajo en la aguja. Haber obtenido el segundo honor la hacía acreedora a media beca en el Poly, pero aún con esa ayuda el proyecto de estudiar Bachillerato era considerado una locura por toda la gente de la iglesia y del barrio. Lo natural hubiera sido asistir a la Normal y en dos aÁos empezar a trabajar como maestra y ayudar a la familia. Para estudiar “-No basta ser inteligente, hay que tener medios económicos” le refregó en la cara una condiscípula que sí, iba a estudiar.
Se casó con el novio de la escuela y él estuvo de acuerdo con que ella estudiara. Es más, ella se iba a ir a estudiar primero y cuando ella terminara lo haría él. Otro reto para las expectativas tradicionales de su tiempo. Pero así fue, y no sólo retó las convenciones respecto al lugar de la mujer casada, sino que fue aceptada como estudiante interna. Es decir que contra todas las reglas imperantes una mujer casada iría a hospedarse en el Dormitorio de SeÁoritas. “-Perfecto , dijo el Decano, queremos en esta institución estudiantes buenos”
Para pagarse los estudios seguía trabajando: fue tutora y “baby sitter” de los hijos de los miembros de la facultad, anfitriona en las mesas del comedor , “fregatriz” como decía ella, tutora de otros estudiantes , ayudante en la oficina, ayudante en la granja avícola, lo que viniera. Trabajar, era además un requisito en el Poly del Dr. Harris donde el trabajo manual era prerrequisito para poder apreciar el trabajo intelectual.
Todavía faltaban complicaciones por superar. Quedó embarazada de su hija mayor. Pero tampoco esto no fue impedimento. Se impuso a la intención de suspensión que algunos quisieron aplicarle, y a pesar de que perdió un semestre, se graduó con su clase y con el más alto honor. Fue la primera en su clase. En 1992, sería reconocida como Alumna Distinguida por la Asociación de Ex- Alumnos del Poly-Inter.
Dice la reseÁa:
“Nacida para educar, ha enseÁado en universidades de Puerto Rico y de Estados Unidos, tales como City University of New York y Yale University. Ha escrito libros y artículos periodísticos sobre nuestra historia y patrimonio nacional. Representó a Puerto Rico en el Congreso (Internacional) de la Paz en Suiza, Hungría y Madagascar. Entre las varias organizaciones a las que pertenece está la de Mujeres Hostosianas y la Orden del Cafetal”.
Pero hemos saltado en el tiempo , la muchachita flacucha del Callejón de la Amargura, que para entonces ya había logrado, en 1952 su Maestría en Artes en la Universidad de Columbia en Nueva York y terminado en 1963 con nota sobresaliente y con opción a premio, su Doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, estaba decidida a seguir cosechando triunfos y establecer precedentes.
En 1990, había logrado lo que para ella había sido otro gran reto, ser admitida en el Gran Oriente Nacional de Puerto Rico, Gran Logia Masónica reservada sólo para los hombres. Es “la primera mujer en iniciarse en la masonería mixta puertorriqueÁa” dice Miguel Santiago Santana, y como miembro de la Alta Cámara y Secretaria de Relaciones Exteriores, viajó a Cuba con pasaporte oficial de la Masonería.
En ese viaje en 1996 fue galardonada con la Medalla por la Cultura Nacional otorgada por el Ministerio de Cultura de Cuba. Josefina Toledo, historiadora cubana, recuerda su comentario:
“- A mí, (que) nadie me impone nada..
ahora me han impuesto una medalla”.
Esa medalla , otorgada como expresa Toledo “en reconocimiento a su valía intelectual, su fidelidad a las aspiraciones independentistas de Puerto Rico y su permanente solidaridad con la Revolución cubana”, esa medalla de la cual ella estaba tan orgullosa, y el mandil de Gran Maestra , estarían con ella el día que la despedimos para siempre, en el Instituto de Cultura PuertorriqueÁa.
Hoy, nos toca rendirle merecido homenaje utilizando las mismas palabras que ella dedicara a Betances en 1972:
Hay que “pensar en hacerle un grandioso reconocimiento por habernos legado su pensamiento lúcido, su energía inagotable, su abnegación sublime para que todos...procuremos ponernos en la trayectoria erizada de peligros que abrió Betances y que está allí frente a nosotros, abierta aún sin completar su parábola”. (Loida Figueroa Mercado, “Betances, el Irreductible”.Atenea, AÁo IX, Nº 3-4 pp 29-39).
Sonia Ruiz Pérez
Cabo Rojo 1997