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Los Estudios
No todos los estudiantes eran muy estudiosos. Severiano recuerda a su compañero de cuarto:
-Él no era un buen estudiante. Yo le decía - vamos a estudiar física, vente, vamos a estudiar. Y él me llevaba a la ventana del cuarto, a la puerta desde donde se veía el cementerio y me preguntaba -¿Qué es aquello que ves desde aquí? Le contesto -¿Por qué me lo preguntas, si estás viendo que es el cementerio de San Germán? Su contestación -Porque sencillamente allí irás tú con tus estofonerías, y allí iré yo, sin estudiar nada, yo me acuesto. Y se acostaba. Ese era el estímulo que yo tenía. Yo recuerdo que yo estaba hasta las dos y tres de la mañana estudiando física y conmigo mismo como profesor estudiaba trigonometría para poder salir al otro lado. La desventura fue que él se tuvo que ir a los seis meses pues fracasó en todas las clases.
Violeta también tuvo una compañera de cuarto que se “colgó”; ella le daba “pon” los fines de semana para ir a su casa pero que era vaga y no le gustaba estudiar.
-Después entró una amiga, bien amiga por cierto, encantadora, lo único que era mala estudiante, tenía dinero y un carro a su disposición, pero lo menos que le gustaba era estudiar. Era de mi clase pues en seguida se metió al Poly, -¿tú vas p'al Poly? pues yo voy también. La aceptaron y ese primer semestre y el primer año encantados. Yo me salvé ese semestre porque al amanecer del lunes estaba ella buscándome y entonces el sábado cuando terminaban las clases... Yo iba todos los fines de semana a mi casa, encantada, sin pagar ni un chavo pero ella no estudiaba nada, así que salió colgada. Me dio una pena tremenda.
Reseñamos estos casos por ser una minoría, en un ambiente donde el proyecto común era luchar con todo el esfuerzo por llegar a la meta soñada, obtener su grado universitario. Severiano cuenta la anécdota de su compañero dormilón cuando nos explica lo importante que fue para él, como lo fue para todos nuestros colaboradores, tomar conciencia de su responsabilidad consigo mismo. En este proceso fueron aprendiendo a ser profesionales a pesar de la dificultad que significaba tener que trabajar no sólo como parte del Plan Industrial sino que, como en la mayoría de los casos, para poder sufragar los gastos. Es entonces cuando se hace sentir la influencia de sus profesores.
-Al recordar esa vida académica siento gran cariño y gratitud por la capacidad intelectual y magisterial de muchos de mis profesores, su don de gente, su claridad en el pensamiento expositivo, su elegancia en el decir, su capacidad asociativa de lo enseñado con hallazgos de otras disciplinas del conocimiento, entrelazados con elegancia a aquello que se exponía. (Severiano)
Recuerda a su profesor de historia de España, don Luis Santullano expatriado de la dictadura de Franco, gran amigo y compañero de los jóvenes puertorriqueños a los que regalaba la riqueza de sus conocimientos y sus experiencias tan diferentes. Y al director del coro, el Dr. Bover, que había sido su profesor de francés y al que describe como un hombre extraordinario. Y las preguntas del Dr. Leker dirigidas a desarrollar el poder de observación de los estudiantes, como por ejemplo-¿Cuántas columnas adornan la parte frontal del edificio Science Hall? Pero de quien tiene un recuerdo especial es de su profesora de Historia.
-El campo de mi especialidad fue la historia. Ayer supe que mi maestra de historia, la profesora Lohr murió hace unos meses. Yo me acuerdo que hablando sobre Panamá mi contestación a una de las preguntas fue que Panamá era el producto de las intrigas diplomáticas de los Estados Unidos. Que habían logrado quitarle esa porción de tierra a Colombia para los fines particulares que tenía Estados Unidos. Y ella vino a discutirme eso y yo le dije -Bueno, yo creo que Ud. puede creer lo que quiera, pero eso es lo que yo he descubierto en otros textos y esa es mi opinión. En justicia, ella nunca tomó eso como un motivo para flagelarme a través de las notas que me daba. Yo fui un estudiante de excelencia en Historia.
Emiliana sin embargo, tiene otra visión de la profesora de historia y de sus posibilidades en la especialidad:
-Cloty y Loida estudiaban Historia y sufrían a Miss Lohr. Miss Lohr tenía una libreta con sus apuntes de historia y los chuscos decían que el papel originalmente era blanco pero que por haberlo usado tantas veces en el salón, ahora era amarillo. Entonces Miss Lohr llegaba al salón y se sentaba y leía, y leía, y leía, y leía. Y leía, y leía, y leía. A mí me gustaba la historia, pero yo dije, -yo con Miss Lohr no me voy a meter. Aparte de que ya en el salón estaban Loida y Clotilde y yo no iba a poder sacar A.
-El Decano cometía la injusticia de sacar un índice colectivo de la clase y la profesora o el profesor tenía que dar notas cuyp promedio coincidiera con ese índice académico. No podían salirse. De manera que tú ibas a un salón y si veías estudiantes que tú sabías que eran mejores que tú, no tenías “chance” . Y tú sabías a donde ibas a parar. Es más, nosotros sabíamos la distribución de las notas el primer día de clases. Entonces te orientabas tú. Yo me creí mejor en francés y me fui a francés. No me gradué con honores pero eso es aparte. En psicología tampoco pude porque estaba Celeste. -¡Ay! más “presentá”, Hablaba todo, todo.
En ese tiempo Loida también estudiaba francés y no sabía que su futuro iba a ser especializarse en historia. María habla de su maestra informal de Historia de Puerto Rico y de la clase de Miss Lohr.
-Yo nunca seguí por la historia. A mi la historia nunca me atrajo porque tuve profesores que no despertaban el interés. En la escuela elemental y superior era la historia en inglés de Miles, así que sabía muy poco de historia y yo siempre seguí más por la literatura y las ciencias. Yo hice la concentración en inglés, francés, en español y en ciencias, esas cuatro. La historia que estudié en el Poly era Historia de Estados Unidos con la profesora Mildred Lohr, ella la hacía interesante. Ahí desarrollé un poquito más de gusto por la historia pero nunca me dio por estudiarla. La historia la vine a conocer con la Historia de Loida. Porque ella me regalaba todos los libros que ella escribía. Así conocí Acridulces.
Violeta, estudiante de honor de historia e inglés se pregunta por qué sería que estudió historia cuando le encantaban las clases de psicología del Dr. Leker y especialmente las de Rodríguez Bou, quien fue maestro de psicología por dos años y cuyas clases no se perdía. Con él estudió psicología del adolescente, psicología del niño, psicología educativa. De hecho terminó con dos “major” y uno más casi en psicología también. Sabemos que se graduó con más créditos que los que necesitaba. -Y gracias a Dios con buenas notas, apunta riéndose. Celeste coincide en su admiración por este último profesor.
Emiliana nos cuenta sobre los informes orales de las clases y el lugar que ellos conocían como el “Assembly”.
-El “Assembly” es un lugar en “Science Hall”. Galería, columnas, oficinas, salones, salón de asamblea en escalones. El escenario queda al fondo como en los teatros griegos. Ahí se daba el “Chapel” del domingo y se hacían las reuniones de estudiantes. Ir al “Assembly” era de lo más importante. También ibas ahí a oír la Masa Coral. Cuando había presentaciones de las clases había que darlas en el “Assembly”. Eso era parte importante de la vida allí porque en algunas clases nos hacían trabajar en lo que llamaríamos un “Term Paper”, y después había que hacer la presentación frente a todo el estudiantado.
Recuerdo que en una clase de psicología el maestro quiso presentar todas la neurosis del catálogo y entonces los casos que aparecieron él los escribió a manera de drama y los estudiantes tuvieron que actuar. Como educador, Leker tenía unas ideas excelentes, esa a mí me pareció brillante. Cualquiera que se acuerda de esa presentación tiene un idea clara de todas las neurosis.
En la clase que a mí me tocó, de psicología social, él nos ordenó hacer una investigación sobre el terreno, y me tocó averiguar por qué se casaba la gente y por qué se quedaban casados. El organizaba la muestra y la estratificación. Sin saberlo aprendíamos a hacer investigación. El grupo de jibaritos y jibaritas que estábamos allí no teníamos idea que estábamos bregando con técnicas de investigación de alto valor...
-En esa ocasión yo me acuerdo que estaba bien aterrada. La facultad se sentaba en la primera fila y por orden de clase se sentaban los estudiantes, todo allí era por categorías y te estaban mirando todos. Y descubrí muy a mi pesar una vena cómica en mí. Al hablar de un matrimonio de los de la muestra que se separó, yo dije, sin intención ulterior -Gracias a Dios que el bebé murió. A Leker se le querían salir los ojos, yo creo que él me hubiera matado; la gente se rió de buena gana...
A Julia también le interesaron las clases de psicología y las sociologías. De ahí que al graduarse estudió Trabajo Social en la universidad de Puerto Rico. Por su parte a Severiano las maestras que menos le gustaron fueron las de inglés.
-No porque no me gustase el inglés si no por las actitudes. Eran dos profesoras que caían más desagradablemente en el espíritu de nosotros los estudiantes.
Juan Diego recuerda a unos cuantos maestros. Uno de ellos es el Dr. Palmer.
-Nunca aprendió español pero era una persona tan suave, tan cristiana, él era como un santito y él me sirvió de inspiración. La persona..¿no? quizás no tanto como maestro, pero la persona. La otra persona que tuvo que ver conmigo allí fue el Dr. Vélez. Ismael Vélez, cuyo testimonio de vida fue de inspiración para mí pues él venía de una estrata bien pobre y él mismo lo decía, de Yauco creo que era. Y la otra persona que yo conocí que yo sé que me impactó mucho fue el fundador, que yo lo conocí por seis meses nada más porque en ese año se cumplían 25 años y entonces él se retiró...
Vino el Dr. Morris y entonces, los sermones del “morning prayer”. No le llamaban así, pero era un servicio que se hacía todas las mañanas en la capilla y él siempre empezaba sus sermones con un estribillo que yo he adoptado para cuando me invitan, porque yo hablo de vez en cuando me invitan a hablar en una iglesia lo que es como hacer un sermón pero que, total, lo que me sale no será un sermón. Pues, siempre lo empiezo igual. Es una de las profecías de Isaías que dice.-”Y la tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas llenan el mar” Así es que yo siempre empiezo.
Hay dos personas más. Un viejito que se llamaba Nathan Huffmann que según su curriculum vitae cogió dos bachilleratos. El era bien viejito. A lo mejor no era tan viejito “ná”, tendría la edad que yo tengo ahora, pero yo lo percibía, y él hablaba así... y él me dio una perspectiva diferente de la Biblia porque él se refería a esos primeros libros de la Biblia, especialmente a la historia de la creación, como lo que es, una percepción del pueblo judío a base de lo que veía de cómo fueron las cosas; que para mí no desmerece en nada ese relato pero sabiendo que no es histórico, que no es, nadie estaba allí, y eso pues me dio una perspectiva muy diferente. Naturalmente no desmereció en nada el respeto que yo le tenía, ¡en nada! Pues, esa persona influyó tanto que yo me acuerdo de cómo daba las clases. El daba clases de Biblia. Una asignatura que teníamos que coger todos, yo creo. Hubo otros maestros. Hubo un maestro de psicología que se llamaba Charles Leker y otros más, buenos, pero los que impactaron en mi vida fueron esos que le mencioné.
Y la otra persona naturalmente, tuvo que ver muchísimo con el resto de la vida de Juan Diego es el Dr. Bartolomé Bover, del que ya hemos hablado y al que Mauro también dedica unas palabras:
-Con el Dr. Bover me gustó mucho la dirección de coros y después me dediqué a dirigir coros en las iglesias en que trabajé. Y entonces con el Dr. Bover aprendí a escribir poesías, primero en latín. Y eso me gustó también, la preparación de versos, y me dio también por escribir. He escrito como 1200 poemas.
A veces en las tardes Loida y Emiliana leían y copiaban poemas en la terraza del edificio Borinquen donde coger la llave para subir a la terraza era un privilegio. -No era todo el mundo que iba, yo creo que a Loida se la daban. También copiaban canciones y a veces Loida leía los poemas que escribía en sus libretas de apuntes, como este que aparece entre las notas de psicología educacional.
hoja del cuaderno de notas
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