(Esta conferencia fue presentada en la en la reunión anual de SOLAR, Sociedad de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Universidad de Santiago de Chile, el día 19 de octubre de 1990).
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RUTA VITAL DE EUGENIO MARÍA HOSTOS, EL AMERICANISTA
Sonia Ruiz Pérez, Ph.D.
Las primeras evidencias del quehacer americanista de Eugenio María Hostos las encontramos en su obra de juventud La peregrinación de Bayoán puerta por la cual "entra a la vida de combate que no había de abandonar hasta la muerte" según Antonio Pedreira, uno de sus biógrafos más destacados. El mismo Hostos se refiere a este libro como "un grito sofocado de independencia por donde empecé mi vida pública..en aquella época en que los imposibles se ven posibles en la imaginación y el ensueño".
Exactamente en esa época, poco antes de publicarlo, el joven Hostos, de regreso a España luego de haber perdido a su madre y a dos de sus hermanos y "hacer entrada en la vida real" según escribe en su Diario, se une a la conspiración para derrocar a Isabel II. Cree entonces en conseguir libertades para las Antillas dentro de una relación armónica con España. En palabras de Pedreira:
"Amante de la Madre Patria, aunque enemigo de su política colonial, pensó que las Antillas debían estar ligadas a España por nexos fraternales, y para ello había que darles una forma de gobierno decoroso. Trazó un vasto plan de unión hispánica en el cual tendrían cabida la familia insular, la peninsular y la continental, y para conseguir esta confederación de España y América
empezó a trabajar sin descanso por la Federación Antillana"
Para esto el primer paso era conseguir autonomía para las dos islas; independencia autonómica expresada en forma de una independencia que no significaría rompimiento de relaciones sino creación de nuevos lazos basados en respeto y cooperación moral y material. En su libro, el protagonista, Bayoán, dice "Las Antillas estarán con España si hay derechos para ellas, contra España si continúa la época de dominación".
El joven Hostos se integra a la lucha antimonárquica motivado además por la promesa que le hiciera uno de los principales jefes rebeldes, Emilio Castelar, de que una vez logrado el triunfo de los revolucionarios, las Antillas btendrían mayores libertades individuales y colectivas. La historia inmediata traiciona sus esperanzas cuando Castelar declara en 1868, como justificación para no honrar su promesa y en frase que se hará famosa: "Primero soy español; después republicano". El joven luchador, desilusionado, tiene que enfrentarse a la realidad. La hermandad antillana no puede gestarse a la sombra de la Madre Patria tutelar sino que debe surgir de la lucha independentista, antillanista y americanista.
Como dato interesante, el mismo Castelar en carta fechada en Madrid el 3 de febrero de 1898, es decir veinte años más tarde, promete "reclamaré con mi palabra y apoyaré con mi voto la autonomía de las dos islas, única solución justa, único medio de conservar la integridad del territorio nacional". Propone como modelo el de las relaciones entre Inglaterra y Canadá, "bello ideal de mi política en América y reafirma su obligación para con nuestro continente, "con América, con toda América, tengo especiales deberes". Pero ya es tarde. Eugenio María Hostos no lucha ya por nada que no sea la independencia total de su patria antillana.
Hostos tiene 24 años cuando escribe y publica esta obra comenzando así su carrera de escritor en una época en que consigna en su diario su intención de ser abogado, carrera que nunca llegará a terminar. No es casualidad que Eugenio María escoja el diario como el estilo en que redactará su libro. Su padre, don Eugenio le ha enseñado desde adolescente esta práctica cotidiana que él define como "mirada retrospectiva; examen del presente, incursión al porvenir".."examen de conciencia para reerguir el sentimiento, monografía de mi inteligencia para fortalecerla, y estímulo de la voluntad para formarla".(1) Curiosamente, durante el tiempo en que escribe esta novela no encontramos diarios de Eugenio María. A Bayoán le corresponde llevar a cabo el ejercicio introspectivo.
En los personajes de La Peregrinación de Bayoán se encuentran las tres Antillas. Bayoán, el primer indígena que dudó de la inmortalidad de los españoles, generalmente nombrado Urayoán por los historiadores, representa a Puerto Rico, enamorado de Marién, "nombre indígena de la comarca más bella de Cuba", enamorado de Cuba, la Antilla Mayor por cuya independencia lucha Eugenio María de Hostos y cuya gesta libertaria seguirá sirviendo de ejemplo inalcanzado todavía para los patriotas de la pequeña isla sojuzgada hasta hoy día.
Bayoán, el indio que duda, no puede ser más representativo de las cualidades del autor "dos veces niño: una vez por la edad; otra por la exclusiva idealidad en que vivía". Hostos, el puertorriqueño que duda, es como Bayoán introvertido, tímido, idealista, moralista, busca la gloria "esta nueva especie de gloria, escabrosa hasta no decir más, inaccesible como la cima del Aconcagua, que devora a sus propias creaturas (sic.) como el dios simbólico de los griegos. Hostos es también orgulloso, ambicioso, emotivo y dado a la ensoñación, todas cualidades que se asocian al intimista, al escritor de diarios, a Bayoán.
Bayoán seguirá presente en la vida de Hostos que lo unirá definitivamente a su nombre en su hijo Bayoán Lautaro. Borincano, araucano, fundidos en tierra dominicana. La República Dominicana aparece en la obra en el personaje de Guarionex, el cacique más poderoso de la Española, primer territorio colonizado por España, nación a la cual el Hostos maduro dará una Escuela Normal y el Hostos moribundo entregará sus restos.
Hacia España parte Hostos-Bayoán buscando en la metrópolis lo que no le provee la ciudad colonial, buscando en ella el árbol de la ciencia. Bayoán zarpa desde Puerto Rico un 12 de octubre y mira su isla recreando en su mirada la visión del navegante de 1492 al que Hostos dedica más tarde, con ocasión de la celebración de los cuatrocientos años del Descubrimiento (o del Contacto), su oda épica El nacimiento del mundo nuevo o la turba anonadada. La penúltima estrofa lee así:
"Así lo ve la verdad que, conociendo
Cuan hechura del mal nacen los bienes,
A sabiendas, doctísima, confunde
Lo amable y lo aborrendo,
Y en un bronce los funde,
Y a los pies de Colón el victorioso,
A los pies de Colón el doloroso,
Hijo postrero de la Edad que entierra,
Hijo primero de la Edad que inicia,
Pese a la turba que, del mal milicia,
Milicia en todo es a la vez del bien;
Y pone junto a ella a la inocente
Americana gente
Víctima pronta de su fe incauta,
Como símbolos ambas,
Del mal que engendra el bien, la turba impía,
Del bien que aborta el mal, la gente pía".
Y más tarde, en prosa, alerta a sus discípulos diciendo:" Si en presencia de la inmensa tragedia del Descubrimiento y la Conquista, veo inclinado al alumno a admirar tan indiscretamente a descubridores y conquistadores, que se sientan propensos a perdonar el sacrificio de dos civilizaciones y el exterminio corporal o moral de una raza al predominio de la otra, les hago
construir el índice de racionalidades, les muestro en él los grados de civilización a que habían llegado los indígenas de América, les hago sumar las fuerzas civilizadoras que representa, las pérdidas para la humanidad que hubo en esa destrucción de civilizaciones y en ese aniquilamiento de hombres, les hago sondear la atrocidad de la hecatombe de una raza entera, les opongo la parálisis de la época colonial a lo que hubiera podido ser la vida americana si hubiera conservado sus elementos nativos, y como en ellos se hubiera completado la civilización que desalojó con la que desalojaba, y así les enseño a convertirla admiración en reflexión, que es uno de los mejores frutos de la historia".
Casi treinta años separan al autor de estos versos y de la lección admonitoria del Hostos-Bayoán que escribe en su diario:
"Se ve lo que es bueno; se pide para la patria y no lo dan; se sufre: se ve lo que hay de malo, se observa, se medita, se amarga la existencia, se hunden los ojos, se hunden las mejillas, se contraen los labios, se aprieta el corazón..Y eso no es nada! Y eso no justifica los años lejos de la patria! ".
Y eso entendemos que es La Peregrinación de Bayoán; mirada retrospectiva a la vez que predicción de la peregrinación que su autor continuará seis años más tarde, en otro octubre cuando abandona el Viejo Mundo que le había sido hostil para, vía Nueva York, partir a Sudamérica buscando ayuda moral y material en tierras libres, en tierras de vanguardia" América no es la
competencia de un solo americano sino de todos los americanos, y todos ellos tienen el derecho de poner su óbolo en la obra de redimir a las Antillas. Redención de las Antillas y porvenir de América Latina son hechos idénticos. El tiempo, mejor argumentador que ningún hombre, argumentará por mi".
En Nueva York había encontrado el amor que se asomó a su ruta libertaria como se asomara Marién a la vida de Bayoán. Hostos deja esta vez que éste se acerque porque ya se considera maduro para el amor. Tiene entonces 30 años. Pero cuando trata de reencontrarlo en Cartagena, su pobreza material, la falta de trabajo y su pasión libertaria se conjuran inclinando la balanza a favor de continuar solo el rumbo ya trazado.
En Nueva York las mujeres organizadas en favor de la revolución cubana escuchan su arenga exhortándolas a ejercer su derecho a luchar por la libertad. En Panamá y en Perú se encuentra con otros grupos oprimidos y en este último alza su pluma para defender a chinos, indios y cholos explotados a la vez que se resiste a vender su conciencia cuando rechaza la cuantiosa
ayuda económica que le ofrece Meiggs a cambio de su apoyo a la construcción de un ferrocarril que sólo hará rico al empresario, a un costo exorbitante para el país. Antes de salir del Perú funda la Sociedad Amantes del Saber poniendo en acción lo que será "el ingrediente básico de la receta hostosiana" contra los males endémicos de nuestras sociedades coloniales: la educación para la libertad"..
A fines de diciembre de 1871 parte hacia Santiago despidiéndose nuevamente del amor, esta vez bajo la fina garúa limeña. Estará en Chile un año nueve meses, tiempo que se hará corto para la gran actividad desplegada por el multifacético antillano. Funda la Sociedad de Auxilios a Cuba, es invitado como socio por la Academia de Bellas Letras; publica artículos sobre Hamlet y la Abolición de la Esclavitud en El Ferrocarril, escribe sobre educación en La Patria de Valparaíso, escribe la biografía del poeta cubano Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido y "Estimulantes" Y "Palabras" en La Revista de Santiago. Dicta y publica "Conferencias sobre la Educación Científica de la Mujer y ve la luz la 2ª edición de La Peregrinación de Bayoán.
Recién llegado al país obtiene el 1er. premio por su "Memoria de la Exposición Nacional de Artes e Industrias" que el gobierno publica en 1873. Este mismo año publica un artículo a la memoria de su amigo el abolicionista puertorriqueño Segundo Ruiz Belvis y la "Reseña Histórica de Puerto Rico" que se encuentra perdida hasta hoy.
Mientras tanto la garúa limeña se ha transformado en lluvia que ha enfriado el amor y desde el Perú le llega el adiós definitivo. Pero en Chile conoce a Carmela Lastarria y mantener la decisión de seguir peregrinando se le hace muy difícil. Pero nuevamente dice adiós y continúa su andar saliendo de Chile en septiembre de 1873. Cuando llega a Buenos Aires luego de casi dos meses de navegación por la Patagonia, Sarmiento recibe su proyecto con frialdad pero él logra hacer oír su voz a través de la prensa y manifestaciones callejeras atrayendo al pueblo hacia la causa cubana y provocando reacciones negativas en los sectores dominantes cuyos intereses estaban comprometidos con España. En Argentina abogó con éxito por la construcción del ferrocarril transandino y en su homenaje la primera locomotora que cruzó la cordillera fue bautizada con su nombre. La Universidad de Buenos Aires lo invitó a dictar una cátedra pero declinó la oferta para seguir viaje hacia Brasil donde sus ideas fueron recibidas con indiferencia.
Vuelve entonces a Nueva York con la esperanza de unirse a una expedición a Cuba. Pero ésta tarda un año en llevarse a cabo, período en que nuestro luchador se dedica a escribir en diversos periódicos chilenos, argentinos y neoyorquinos y a hacer traducciones para poder vivir. Al fin llega el día esperado y cuatro revolucionarios y seis marineros se embarcan en el Charles Miller, un destartalado velero que no logra hacerse a la mar, desmantelado por una tormenta a cien millas del puerto de Boston.
Hostos sigue en movimiento y esta vez llega a Santo Domingo donde, luego de un año de intensa actividad revolucionaria bajo vigilancia cada vez más estricta de las autoridades españolas, funda en marzo de 1876 La Educadora, sociedad-escuela de carácter doctrinario destinada a la "difusión del pensamiento moral y social dirigido a armonizar los intereses generales de las tres Antillas hermanas". Pero al mes de comenzado este proyecto se ve obligado a salir del país, perseguido por las autoridades.
Redacta en Nueva York el programa de la Liga de los independientes cuyo objetivo será conseguir la separación de España para las colonias de Cuba y Puerto Rico. A fines del mismo año viaja hacia Venezuela donde continúa su labor de propaganda y magisterio llegando a ocupar el cargo de Rector del Colegio Nacional de Puerto Cabello, puesto que abandona al saber que
la guerra de los diez años había terminado en Cuba con el Pacto del Zanjón. Esta tregua le permite volver a las Antillas, para, después de pasar por St. Thomas y Mayagüez, su pueblo natal, regresar a Santo Domingo donde en 1880 funda al fin la soñada Escuela Normal, proyecto que venía desde 1875 y que se hacía factible ahora que su amigo Luperón estaba a la cabeza del gobierno provisional de la República Dominicana.
En Venezuela el amor había vuelto a asomarse a su umbral. Pero esta vez, Hostos, ya hombre de treinta y ocho años le había abierto de par en par la puerta. Belinda Ayala, Inda, hija de un exilado cubano tenía entonces quince años y lo acompañaría hasta el final de su vida. Seis meses antes de fundarse la Escuela Normal, había nacido en Santo Domingo su hijo mayor, Eugenio Carlos y un año después nacería Luisa Amelia seguida de Bayoán Lautaro en 1885 y Adolfo José en 1887 los que formarían la familia que partiría para Chile en 1888. En nuestro país vendrían a la vida Filipo Luis Duarte en 1890 y María Angelina en 1896. Filipo sería más tarde Cónsul de Chile en Puerto Rico.
Durante su estadía de nueve años en República Dominicana dicta además cátedras en Economía Política y Derecho Constitucional, organiza la asociación del Cuerpo de Profesores e influye para la fundación de la Escuela Normal de Preceptoras. Publica un libro sobre Derecho Constitucional y el Tratado sobre Moral Social y participa como delegado de Chile en el Congreso Histórico de Colón en 1885.
Cuando es llamado a Chile para hacerse cargo de la rectoría del Liceo de Chillán es el año 1889. Hostos tiene 50 años, una vasta experiencia y un sólido prestigio como educador. En su primer viaje se había hecho un nombre; en esta segunda estadía dejaría huellas profundas tanto en los Liceos de Chillan y Miguel Luis Amunátegui como en la Escuela de Leyes y en las diversas asociaciones científicas y literarias en que participa.
Pero su compromiso de vida está con las Antillas y su pluma sigue activa luchando por la Antilla Mayor hasta que al fin de la guerra en 1898 vuelve a zarpar para tratar, desde la Liga de Patriotas, de salvar a su amada isla del triste destino que sobre ella se cernía. Sabemos que no tuvo éxito. Su Puerto Rico fue entregado como botín de guerra a E.E.U.U.
Dos años más tarde, en 1900, sin haber conseguido hacerse oír por los nuevos invasores, vuelve a Quisqueya para no abandonarla hasta que el último viaje lo reclama en 1903, mirando al mar. Eugenio María Hostos, descendiente de antigua familia española, nieto de cubano y puertorriqueña, hijo de puertorriqueños, casado con cubana y con hijos dominicanos y chilenos se desplaza en su linaje tanto como lo hace a través de la geografía de nuestro continente. Lleva consigo un mensaje revolucionario, antillanista y americanista. Fue, en palabras de un compatriota suyo "patriota puertorriqueño por ser antes, revolucionario. Y por eso mismo fue íntegramente cubano, indoblegadamente haitiano, apasionadamente quisqueyano, antillanista del zapato al sombrero, revolucionario latinoamericanista"
NOTAS
1. Desde los 27 años continuará escribiendo diarios sin interrupción hasta el 19 de junio de 1878 en St. Thomas. Veinte años después, el 6 de julio de 1898, en El Valle, Caracas, vuelve a conversar consigo mismo en forma sistemática y al menos hasta donde conocemos por su obra publicada seguirá haciéndolo hasta 1903, cinco días antes de su muerte.