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En este capítulo el Dr. Roberto Pérez bosqueja el Retrato que hacen de Hostos cinco chilenos que lo conocieron durante su primera estadía en el país. Primeramente Fanor Velasco escritor, poeta y periodista, cofundador de La Revista de Santiago junto a Augusto Orrego Luco, reacciona al artículo que Hostos escribe sobre Hamlet. En segundo lugar, Augusto Orrego Luco, escritor y periodista, analiza el ensayo que con ocasión de la Exposición de la Industrial, hiciera al puertorriqueño merecedor del primer premio en el concurso literario. Continúa la semblanza, José Victorino Lastarria (1) , hombre de letras, político y destacado educador, gran amigo y mentor de Hostos, al que dedica un capítulo de sus Recuerdos Literarios. Lastarria es el fundador de la Academia de Bellas Letras instalada el 29 de noviembre de 1873. Pedro Godoy, ex general del ejército, amigo y admirador de Hostos al que ofrece ayuda económica que éste rechaza, presenta otra faceta de la personalidad del antillano. Por último, un autor anónimo recuerda en marzo de 1874, cuando ya Hostos ha continuado su viaje por Sudamérica, al americanista y hombre de principios que el conoció.
(1) Lastarria es además, el padre de Carmela Lastarria "una de las mujeres más ilustres en tiempos de Don Andrés Bello, su profesor de Derecho Internacional. Hablaba francés e italiano y estudió latin con Camilo Henríquez. La llamaban la Volteriana por las ideas que sustentaba" (Diccionario Histórico y Bibliográfico de Chile, Tomo III. 1929). Carmela es conocida entre nosotros por las innumerables páginas que Hostos, su enamorado, le dedica en su Diario. (Vol II :43-62).
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UNO
CAPITULO UNO
RETRATO DE EUGENIO MARÍA HOSTOS
BOSQUEJADO POR SUS CONTEMPORÁNEOS CHILENOS
1871-1873
Roberto Pérez Ruiz
(Una versión preliminar de este trabajo fue presentado por su autor en el Recinto Universitario de Mayagüez en octubre de 1989 por invitación del Comité del Sesquicentenario de Eugenio María de Hostos. en Mayagüez..
Publicado en Atenea, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez, 3ª época, AÁo XVI, Nº1-2. Diciembre 1996, pp. 31-51)
1. PRESENTACIÓN: HOSTOS, HÉROE OLVIDADO
Hostos es el americanista casi desconocido en Chile; un país como el nuestro siempre hablando de libertades y derechos ha sido indudablemente ingrato con uno de los grandes luchadores, no de capa y espada, sino de pluma y palabra, de estas permanentes inquietudes universales.
Existen esporádicas referencias, siempre laudatorias, como el apelativo que le otorgó Jorge Hunneus Gana en 1908 definiéndolo como " Notable pensador, moralista, pedagogo y publicista" y calificando su prosa como de "seductora, original y a veces paradójica forma". El homenaje del señor Tito V. Lisoni a su incomparable labor intelectual y las palabras de Manuel Prado González en 1934, quien refiriéndose a la entrega sacrificada de este visionario a su ideal americanista escribiera "Cuba, Santo Domingo y Chile son los países que más obligados le están por ser los tres países a los que con más perseverancia y acendrado cariño entregó sus hondas preocupaciones de educador y sociólogo" son algunas de las escasas referencias desde 1900 hasta el centenario de su nacimiento en 1939, que recuerdan su presencia en Chile. Su obra había quedado en el pasado, estancada y remota.
A la llegada de los cien años de su nacimiento, a mediados de julio de 1938, encontramos en la prensa de Santiago elogiosos recuerdos de Hostos, finalizando ese año con el acuerdo de la Unión Panamericana, que se había reunido en Lima, de asociarse a la conmemoración del centenario del nacimiento de tan ilustre intelectual. Igualmente, se determinó preparar un programa en la Universidad de Chile para celebrar el natalicio de Hostos, el puertorriqueño olvidado. En la sesión del Consejo Universitario del 4 de Enero de 1939 se propuso un Certamen Literario para las Escuelas Normales, el Instituto Pedagógico y la Facultad de Derecho señalando como tema los aspectos de la labor de Hostos en Chile, para dar a conocer y estimular el conocimiento que se tenía sobre él en nuestro país. También otros integrantes de la élite intelectual ensalzaron su recuerdo en ese momento. Reseñas como las de Guillermo Feliú Cruz, eminente profesor e historiador, y de Heriberto Torres Arratia, periodista chillanejo llegaron a la prensa sorprendiendo, creemos, al público chileno con los elogios francamente otorgados y debidamente merecidos a Eugenio María Hostos.
Han pasado desde esa fecha cincuenta años y podemos lamentablemente repetir lo que Guillermo Feliú Cruz dijo en esa ocasión, "Hostos en Chile es una figura olvidada". Ante esta ingratitud han trabajado en los últimos años, nuestro colega chileno don Juan Gabriel Araya, y otros investigadores quienes han llevado a cabo diversos trabajos con ese positivo propósito.
Ahora, al cumplirse más de ciento cincuenta años de su nacimiento, esperamos que los esfuerzos realizados para brindarle tan merecido homenaje perduren y se considere a Eugenio María Hostos en el lugar que merece junto a varios de sus contemporáneos, sus amigos, sus hermanos chilenos, Bilbao, Gallo, los hermanos Arteaga Alemparte, Matta y Amunátegui, Valentín Letelier, Lastarria y otros que también han caído en el olvido.
Quisiéramos que el resumen que presentaremos a continuación sobre la situación de Chile unas décadas antes y hasta la llegada de Hostos ayude a clarificar las circunstancias y las situaciones que le tocó vivir y las razones del vínculo particular que lo unió a muchos chilenos de esos años. Deseamos también que esta investigación sirva, por una parte, a Uds. los puertorriqueños como un nuevo conocimiento de la grandeza y sensibilidad de Hostos, y por otra, a nosotros los chilenos, como un reconocimiento de esos dones y a todos los americanos como un ejemplo de ideal fraterno.
2. MARCO EXTERIOR: HISTORIA DE CHILE DESDE SU INDEPENDENCIA HASTA 1870
Después de tres siglos de colonialismo, Chile logró , en la segunda década del siglo pasado, separarse de la Madre Patria.
Conviene, por tanto, señalar aquí, aunque sea brevemente, como estaba estructurada social, política, económica y culturalmente la sociedad chilena desde su independencia en 1810 hasta 1870, a fin de apreciar en su justa medida el sentido, alcance y naturaleza del proceso evolutivo que habría de experimentar en el transcurso de la época en la que Eugenio María Hostos vivió en Chile.
La aristocracia criolla, aunque minoritaria en número, dominaba cualitativamente el escenario, con su poder económico centrado en vastas extensiones de tierras en el Valle Central, así como en la explotación minera y el comercio internacional. Los otros grupos sociales, por ende, no influían mayormente en la vida nacional. La inmensa mayoría de la población vivía en el campo, dedicada a las faenas agrícolas; aunque hay que tener presente que un gran sector de los terratenientes criollos solía vivir la mayor parte del tiempo en Santiago. Ello obedecía a que en la capital se concentraban los principales centros educacionales, recreativos, y las más importantes instituciones políticas y administrativas del país. Esto permitía estrechar los vínculos sociales, concretar negocios y relacionar a las familias de las capas pudientes. Esta era una sociedad altamente estratificada, con una aristocracia que dominaba sin contrapeso. En los primeros días del Chile independiente, las mentes más lúcidas de estas familias patricias, evidenciaban que la nación no estaba preparada aún para gobernarse por si misma ni menos acoger las ideas libertarias preconizadas en Europa. Sabían que Chile tenía que empezar a valerse por si mismo, pero de modo tal que no perjudicara los intereses de su grupo hegemónico, que dominaba no sólo en lo económico sino también en lo administrativo y lo político por vías del parentesco y el compadrazgo. Así, estimularon la expansión interna para comercializar la producción nacional con todas las potencias europeas, a la vez que abrieron las puertas a todos los productos extranjeros, dado que nuestra industria era artesanal, rústica y elemental.
Los debates ideológicos sobre como organizar la República condujeron en cierto momento a la anarquía (1823-1830), instituyéndose finalmente un régimen autoritario caracterizado por la austeridad en el manejo de la cosa pública y el uso de la fuerza para imponer el criterio del Estado por encima de las facciones partidistas. En consonancia con ello se dicta la Constitución de 1833, que salvo algunas enmiendas, permaneció inalterable hasta el año 1925.
Entre 1830 y 1870 se produce una etapa que bien pudiera ser llamada de transición entre una sociedad de corte tradicional a una sociedad que entra en la modernidad. Las élites criollas, partidarias del cambio, adoptan el paternalismo hacia el pueblo, actitud derivada directamente del despotismo ilustrado europeo. Intentan reproducir sus ideas e instituciones consideradas como el plus ultra de la civilización y el progreso, en oposición a nuestra sociedad de corte tradicional y eminentemente rural.
Herencia típica de la Ilustración es el proceso de secularización, iniciado por España con la expulsión de los jesuitas en 1767 y que continuará en Chile durante la segunda mitad del siglo XIX, con las luchas entre el Estado y la Iglesia, que rematarán en las leyes de matrimonio civil, cementerios laicos y libertad de culto.
Es así como la República de Chile, apoyada desde temprano por un Estado
autoritario se lanza a las tareas necesarias para alcanzar la prosperidad material y educacional a que aspira.
Lo primero que sorprende al respecto son los rápidos avances en estas áreas entre 1830 y 1870. En efecto, mientras las naciones hermanas se desangran en luchas intestinas, Chile da muestras de una madurez en el orden económico, de integración nacional y educacional, que impresiona a viajeros, inmigrantes y refugiados políticos.
En este período se funda la Universidad de Chile (1842) y se dictan las leyes de Instrucción Primaria que impulsaron la apertura de escuelas para niños y niñas y colegios secundarios en provincias. También se fundan, por iniciativa privada, colegios secundarios regidos en su mayor parte por instituciones religiosas. En la enseñanza técnica se hizo asimismo algunos avances importantes como la Escuela de Artes y Oficios fundada en 1849.
A esta notable estabilidad política y expansión económica y educativa debemos agregar en el orden cultural la llegada de numerosos inmigrantes progresistas que ejercieron una benéfica influencia en las ciencias, el arte, el foro, la educación y la política. Motivado así, surge el primer movimiento literario e intelectual de importancia después de la Independencia; la Sociedad Literaria de la Igualdad, la cual, aunque su denominación indica la influencia del liberalismo francés, en verdad, planteó desde sus inicios la necesidad de formar una literatura chilena original que invitaba a preocuparse más por nuestras realidades que por imitar los estilos y temáticas extranjeras. Era intrínsecamente una crítica al modelo materialista, pragmático, que atraía a las capas sociales dominantes dedicadas a los grandes negocios, al lujo y a la ostentación; por eso enfatiza el idealismo, la sensibilidad social y la rebeldía. Las élites culturales, fuertemente críticas de la alta sociedad de valores materiales, fundan, ávidas de conocimiento, instituciones como la Sociedad Nacional de Agricultura, la de los Amigos de la Ilustración y otras, así como publican revistas literarias y reúnen a las capas medias en torno a salones, museos y academias otorgándoles una presencia real y valiosa que hasta ese momento no tenían. Al apoyarse este liberalismo cultural en el positivismo comptiano, se refuerzan sus aspiraciones centrales: modernizar la República y promover un mejoramiento económico y educacional en todas las capas sociales de Chile.
No es de extrañar, por tanto, el interés que muestran estos liberales progresistas en incorporar también a la mujer a la educación científica. Desde 1870, diversos sectores critican el estado discriminatorio en que se mantiene al sexo femenino, promoviendo una revalorización que permitió dos años más tarde la creación de un colegio de señoritas, cuyos estudios mostraban un indudable avance. La vida social, había cambiado definitivamente, pese a la resistencia de los conservadores.
A la hora de hacer un balance objetivo de este período conviene tener presente en el haber nacional, por una parte, la inmensa labor desplegada por el Estado en el orden de la cultura, la ciencia y la educación; y por otra, la de figuras señeras, chilenas y extranjeras, cuyos esfuerzos en favor de una sociedad integrada, culta, democrática, libre y abierta a las nuevas ideas mostraron un camino a las generaciones futuras por el cual avanzar hacia una meta de verdadero progreso.
3. MARCO INTERIOR: VIVENCIA DE CHILE ANTES DE LA LLEGADA DE EUGENIO MARÍA HOSTOS
Hemos dado un brevísimo panorama de la evolución chilena desde su independencia en 1810 hasta 1870. Era necesario presentarlo para clarificar el avance lento del progreso sociopolítico de Chile. Es un cuadro frío y lógico de como transcurrieron los hechos. Pero cuando se escribe la historia más de cien años después que ésta ha sido vivida, se olvidan las pasiones, los dolores, las afrentas, las esperanzas, en una palabra la vida misma; es una historia real pero muerta. Para poder revivirla hay que volver a esos tiempos y narrarla con las palabras de los que estuvieron en ella.
Chile se había liberado de España y ese período había visto nacer y morir a grandes caudillos y adalides; pero una vez ya libre empezó una lucha contra el propio gobierno y la aristocracia dominante que mantenía una posición retrógrada, respecto a la sociedad, la economía y la política. Y aquí surgen nuevos héroes. La historia universal está llena de ellos: emanan de los hechos, surgen de las circunstancias y se agrandan en la necesidad. Vamos a hablar por pluma y palabra de ellos mismos para observar como su pensamiento y sus escritos están tan cercanos a los de Eugenio María Hostos que hubiera sido extraño que el puertorriqueño no hubiera venido a nosotros.
Empezando con Francisco Bilbao, sólo los títulos de dos de sus obras hacen evidente la afinidad de que hablamos: La América en peligro y El Evangelio americano. Citemos lo que dijo de él otro luchador literario, Eduardo de la Barra, después de la muerte de Bilbao en 1865:
"Apóstol del racionalismo en América; soldado de la libertad, demócrata de corazón y de profundas convicciones, republicano y progresista, siempre estuvo en la lucha abierta con los poderosos y al lado de los afligidos, sin que le intimidaran las maldiciones del clero y las calumnias, ni la oscuridad de las cárceles, ni las amarguras del destierro. Profundo pensador, tribuno elocuente, escritor valiente y florido; alma pura, sincera y apasionada; su vida fue un perpetuo combate por el triunfo de la justicia y de la verdad".
¿Si no supieran Uds. que estaba describiendo a Francisco Bilbao, chileno, no creerían estar oyendo el retrato mismo de Eugenio María Hostos, puertorriqueño? Esas palabras de Eduardo de la Barra que probablemente llegaron a él pudieron ser una motivación para su viaje a Chile. Tal vez se sintió comprendido, una de las más escasas sensaciones que puede tener un hombre visionario que se adelanta a su tiempo.
La situación política de lucha entre los conservadores autoritarios, aristócratas apegados a los antiguos sistemas y los liberales que elevaban un nuevo emblema de aspiraciones reformistas, se fue empeorando hasta llegar a las sangrientas convulsiones políticas que trastornaron al país en la década del cincuenta hasta culminar en 1859 en una revolución. Surgen nuevos líderes, uno de ellos Pedro León Gallo que engendró un tercer partido, el radicalismo, con los más ardientes defensores del progreso. Este joven fogoso, impetuoso, idealista, que nos hace recordar a Bilbao, se había hecho conocer ya desde 1850 por su pluma vanguardista en el periódico La Tribuna. Sus ideas agitaron el sentimiento que bullía en gran parte del pueblo y lo movió a participar activamente en el brote revolucionario mencionado. Derrotado el movimiento, Gallo partió al destierro a España junto a otros notables escritores y políticos como Blest Gana.
Volvió a Chile en 1863 y fundó la Asamblea Radical, el periódico El Constituyente y la revista La Voz de Chile que juntaron a un pequeño pero selecto y brillante grupo de jóvenes, pléyade de entereza y valor que se uniría a otro grupo de ardientes defensores de los derechos igualitarios sociopolíticos, educacionales y literarios que había reunido José Victorino Lastarria, al publicar sólo un mes después de la citada revolución de 1859 el primer ejemplar de La Semana y al formar el Círculo de Amigos de las Letras, cuyo primer Certamen Literario tenía como tema de poesía un título por demás definitorio, "A la Independencia de América" y como tema para ensayo y discusión "¿La revolución de las colonias hispanoamericanas fue un hecho necesario o accidental?". (Lastarria :524)
Siguiendo su ejemplo se había fundado en Valparaíso la Sociedad de Amigos de la Ilustración y la Revista del Pacífico. En todos estos voceros y academias dejaron oír sus ideales, aunque como rememoró unos años después Eduardo de la Barra:
"con la visera alzada y la mirada fija en el lejano horizonte, no comprendían ni querían comprender nada de las evoluciones de los partidos, ni se dejaban arrastrar por aquel ir y venir de la política dominante".
Hostos, viviendo en ese momento en España, quizás desanimado por la indiferencia española hacia los sufrimientos de su patria, debió sentirse, igual que ellos, luchando visera en alto, fijos los ojos en su ideal. La impaciencia, característica primordial de Hostos, era también la actitud fundamental de ellos; no compartían la natural lentitud de los procesos de evolución sociopolítica. Su vocero La Voz de Chile duró sólo dos años, pero pronto salió a la luz La Libertad dirigido por los hermanos Arteaga Alemparte; con ellos las opiniones y ataques no sólo adquirieron moderación y cordura, sino que se hicieron más reales, más prácticos; el idealismo había bajado del cielo a la tierra. Con la seguridad de que Chile progresaba y progresaría más si la acción se uniera a la palabra. Justo Arteaga Alemparte escribía "La libertad echa raíces seguras y que no tardarán en ser inconmovibles" y " El hombre debe ser el instrumento de las ideas" (Arteaga :18). Un último párrafo de Nuestros Partidos: Nuestros Hombres que debe haber llegado al corazón de Hostos, atribulado en ese momento, 1868, por los contratiempos en su ideal de emancipación, dice:
"Todo pasa, gobiernos, partidos, sistemas, hombres. La verdad es lo único que no pasa y la verdad es la libertad. Se la detiene, se la vence, se la proscribe, se la crucifica, no se la mata. Aguarda que las malas horas pasen y vuelve a la lucha tranquila y confiada....porque los pueblos llegados a su mayor edad, reclaman su emancipación"(Arteaga :69-70).
En contra de esta verdadera falange de escritores que enarbolando la bandera del progreso literario independiente ya habían ido formando una verdadera literatura nacional, surgió entre los ultra conservadores y clericales un grupo generacional formado en los colegios católicos, que dominaban la instrucción pública, que había organizado su propia prensa y que fue acabando lentamente con las sociedades y los órganos literarios de ideas reformistas hasta que sólo quedaron los periódicos políticos El Ferrocarril y La Patria. Ese año volvió José Victorino Lastarria al país e hizo reaparecer el Círculo de Amigos de las Letras haciendo lecturas y conferencias en uno de los salones del Teatro Municipal. En su discurso inaugural proclamó la importancia de la verdad y del arte y fijó doctrinas literarias que fueron una meta para la nueva generación aunque aclaró que "las circunstancias de aquella época no eran favorables a los estudios literarios y los hombres de letras se veían encadenados por los deberes políticos que la situación les imponía" (Lastarria :524).
Al año siguiente los partidos de oposición se unieron en un esfuerzo por derrotar al gobierno pero no tuvieron éxito ni en las elecciones parlamentarias ni en la presidencial de 1871, quedando así el control de las instituciones en manos del gobierno y de los clericales. La Revista Católica llegaba al extremo de decir en su número del 8 de julio de ese año que " la ley debía callar ante las voluntades de la Iglesia". Cinco meses después llegaba Hostos a Valparaíso, Chile, lleno de esperanzas.
4. ENSAMBLE: EL IDEAL LEJOS DE LA PATRIA
Hasta ahora hemos visto como teóricamente la acción literario-política de la época tenía gran afinidad con el pensamiento de Hostos. Veamos ahora brevemente como en ciertos momentos de su vida confluyeron a ella chilenos del ámbito revolucionario intelectual.
El ilustre puertorriqueño estuvo en España entre 1852 y 1868. Hagamos presente que entre 1851 y 1859 se produjo el movimiento liberal en Chile, opositor a la política autoritaria del gobierno y que el último año después de ser sofocada la revuelta fueron desterrados los líderes revolucionarios . Así, llegaron a España Benjamín Vicuña Mackenna, Angel Custodio Gallo y Pedro León Gallo entre otros y probablemente Manuel Antonio Matta que desde Inglaterra habría llegado a España. No tenemos todavía fuentes respecto a sus vidas en ésa, pero una hipótesis probable sería presumir sus reuniones en las tertulias o cafés con los exaltados liberales españoles y el intercambio de ideas sociopolíticas, institucionales, pedagógicas y literarias entre Hostos y los chilenos exilados.
Recordemos también que el año 1857 cuando empieza el ardor revolucionario intelectual de Hostos durante su estadía en España, Chile acababa de firmar un tratado de hermandad americana con Perú y Ecuador que se había hecho extensivo a las naciones centroamericanas. Al respecto, Francisco Solano Astaburuaga, (encargado de negocios en Costa Rica en carta al Ministro de Relaciones de ese país) expresa:
"estrechar entre si sus relaciones bajo bases, que a la par que ensanchasen sus recíprocas conveniencias comerciales, nos ligasen en un cuerpo político que fuese, no tanto una federación, cuanto una familia que, aspirando a una unidad común, identificase sus instituciones y sus progresos".
Este sueño de fraternidad americana en el cual colaboró eficazmente Guillermo Matta, uno de los más apasionados defensores de la libertad y Hermógenes de Irisarri, entonces Ministro Plenipotenciario de las Repúblicas Centroamericanas, es reiterado en otros párrafos del libro de Astaburuaga Repúblicas de Centro América, donde hace un panegírico que debe haber llegado al alma de Hostos ya desilusionado de las promesas de los liberales españoles.
En 1869, Hostos abandona España y viaja a Estados Unidos, pero su estadía en ese país es breve y poco fructífera, saliendo pronto para Colombia desde donde se dirige a Perú, país en el que nuevamente encontramos los nombres de conocidos chilenos de ideas reformistas, igualitarias y americanistas como Ignacio Zenteno, Francisco Javier Godoy, hijo del general Pedro Godoy quien después figurará entre los grandes amigos de Hostos en Chile, y José Victorino Lastarria quien estuvo en Lima en tres ocasiones, desterrado dos veces en la época revolucionaria en 1851 y luego como diplomático del gobierno de José Joaquín Pérez. Aunque a la llegada de Hostos a Perú él ya había vuelto a Chile, sus escritos en dicho país dejan en claro su posición liberal, vanguardista y reformadora. Otro diplomático de la misma época en Lima es Benjamín Vicuña Mackenna enviado en misión, a raíz de la guerra de ambos países con España.
Ante esta circunstancia podemos conjeturar plausiblemente que Euge nio María Hostos al llegar a Perú, con nuevas ilusiones de encontrar comprensión a sus afanes libertarios patrióticos, así como a su sueño americanista, encontró que estos podían tener un mejor arraigo en el suelo chileno que había sido removido, arado y sembrado por los hombres que aquí hemos mencionado y otros idealistas chilenos.
Hemos presentado la situación general del Chile de esos años, así como la visión del mismo período visto por alguno de los escritores chilenos contemporáneos y como éstos, de uno u otro modo, tomaron conocimiento directo o a través de sus escritos con Eugenio María Hostos. Ahora mostraremos los bosquejos de su personalidad tan rica y variada en gama de colores por lo que cada uno de los que lo conoció lo bosquejó con matices ligeramente diferentes.
5. RETRATO
BOSQUEJO DE FANOR VELASCO SOBRE HOSTOS
Una de las apreciaciones más interesantes encontradas sobre la multifacética personalidad de Hostos la encontramos en una crónica escrita por el periodista y punzante crítico, Fanor Velasco en La Revista de Santiago Literaria, Artes y Ciencias en la que él y Augusto Orrego Luco eran sus directores y que, como ya lo dijimos, era uno de los voceros literarios de avanzada. El artículo se titulaba "Mirada retrospectiva" y señalaba que el teatro en Chile había pasado por lamentables altibajos y que en ese momento, 1872, había sido revitalizado por la compañía teatral italiana del empresario Rossi, quien con magníficas actuaciones había sacado a Shakespeare del olvido en el que había permanecido por mucho tiempo en Chile. Su representación en las tablas mostrando exactamente las realidades de la vida había producido naturalmente, un impacto en la juventud inquieta, a la vez que un vigoroso movimiento literario. El interés por el drama produjo un gran desarrollo en el ambiente intelectual siendo numerosos los artículos sobre esa temática que vieron la luz; entre ellos Fanor Velasco destaca con elogiosos términos el producido por la pluma del puertorriqueño, del cual dice en un párrafo
"no podemos dejar pasar en silencio el magnífico ensayo crítico sobre Hamlet con que don Eugenio María Hostos, nuestro excelente amigo e inteligente colaborador, favorece las columnas de El Ferrocarril,"
y continúa con una frase que resume su opinión sobre él
"ese artículo, que no ha tenido en nuestra patria ni iguales ni superiores, revela al distinguido literato y al profundo pensador."
BOSQUEJO DE HOSTOS
POR AUGUSTO ORREGO LUCO
En septiembre de 1872 con ocasión de las festividades patrias, el Intendente de Santiago don Benjamín Vicuña Mackenna había organizado una gran exposición con un carácter económico e intelectual. El Intendente, con la intención de hacer más atractivo el programa, organizó un concurso literario acerca de ella. Eugenio María Hostos luego de recorrerla, escribió Memoria sobre Chile en su exposición de Septiembre . Su trabajo obtuvo el primer premio; contiene siete capítulos y es un estudio de Chile y los chilenos surgido de la fértil imaginación del autor al recorrer y observar los productos allí expuestos.
Como respuesta, Augusto Orrego Luco, su contemporáneo y amigo, escritor y periodista hace un estudio de Hostos a través de lo que éste escribe sobre nuestros coterráneos, publicado en la Revista de Ciencias y Letras de Santiago fundada por el mismo y otro de los adalides de la libertad y la justicia, Fanor Velasco; el artículo es un análisis hecho con el ojo certero y un poco vivisectador del médico que era la profesión que estaba estudiando Orrego Luco. Empieza reconociendo la habilidad del escritor para buscar el trasfondo simbólico de una muestra económica que para otros no sería sino eso y el manejo de esos símbolos para encauzar la narración hacia ideales más profundos. Según Orrego Luco, Hostos hacía un estudio de nuestra sociabilidad, aunque con una forma a veces desbalanceada por su enorme fuerza interior.
Los productos nacionales expuestos como cosa inerte sobre escaparates le hablaban un lenguaje a Eugenio María Hostos mientras éste se paseaba por el recinto de la exposición. En palabras de Orrego Luco las páginas escritas por Hostos tienen un "vigor extraño", a veces sorprenden por su forma "sin equilibrio ni armonía", pero que siempre acababan impresionándolo. Los objetos expuestos habían sido el estímulo que hacía surgir en la vívida imaginación y tropical sensibilidad de Hostos todo un mundo de imágenes, toda la vida de Chile; y citándolo dice: "las obras de arte, las colecciones minerales, las combinaciones de la mecánica, los artefactos de la industria, las producciones de la tierra, de la inteligencia y del trabajo, se presentan a la imaginación como las palabras en un diccionario, las notas en un instrumento o los colores en la paleta de un pintor.
Es necesario combinar todo eso para que todo signifique algo, como es necesario combinar las palabras para que formulen una idea, las notas para que expresen un sentimiento, los colores para que reflejen la realidad de la naturaleza o los sueños de la fantasía. Entonces los objetos se hacen simbólicos como las palabras...(Orrego Luco 317).
Orrego Luco afirma que en los seis primeros capítulos Hostos hace un estudio de las etapas que ha sufrido Chile desde sus comienzos hasta el momento en que vivían: los cambios que han transformado su clima y por ende la vegetación; la extinción de árboles, arbustos, trepadoras también por mano del hombre, que en su búsqueda de las riquezas mineras ha destrozado y echado por tierra aquellos árboles que daban al paisaje las "brumas del valle, los vapores de la atmósfera, las lluvias periódicas" (Orrego Luco :320), y que ahora se reflejan en el Sur de Chile, toman para Hostos una calidad personal, viva, así como reconoce la necesidad y aún más la grandeza de las provincias que se convirtieron en las de mayor industria gracias a sus minerales. En su análisis Orrego Luco disiente un poco de estas apreciaciones de Hostos; hombre evidentemente de mente más lógica, práctica y fría, sin la sensibilidad a flor de piel de Hostos que siente más el dolor de los árboles, que observa la conducta humana de destrucción de la naturaleza y que por tanto asevera:
"las selvas no han huido de nosotros.. la barbarie irreflexiva ha destruido y ahora es necesario que la civilización previsora reconstruya y vuelva a desparramar la vegetación por nuestros valles".(Orrego Luco :325).
Orrego Luco, enteramente de acuerdo en esto con Hostos agrega que hay que revitalizar parte de los arenales de Norte y desarborizar parte de las selvas oscuras del Sur para poder trabajar y explotar ambas, por ser necesarias para la transformación industrial de Chile. Siguiendo siempre a Hostos que constata en su Memoria partiendo de esta dualidad, naturaleza-hombre, que éste acaba siempre por dominarla, pero en su esfuerzo por conseguirlo, ésta termina dándole su sello propio, transforma su carácter, y convierte al hombre del Norte, al minero en un ser muy diferente del agricultor o del ganadero o del maderero. Hay una doble influencia que ha sido largamente estudiada y teorizada. Orrego Luco, -siguiendo a Hostos repito-, se entusiasma y saca a relucir sus propias convicciones e ideales al respecto, aunque termina reconociendo que el autor de la Memoria no necesitaba remover más allá el tema ya que él iba a un punto directo que le interesaba, le bastaba constatar un hecho: la estrecha relación que existe entre el carácter y el trabajo a que se entrega un pueblo, le bastaba hacer ver que:
“cuando predomina el trabajo material sobre el mental el carácter es rudo, grosero y sensualista; cuando se muestra la preponderancia del trabajo mental sobre el orgánico el carácter es blando, delicado e idealista. Si prepondera la agricultura sobre la industria el carácter es pausado, reservado, estacionario; si la industria prevalece sobre la agricultura, carácter emprendedor, espansivo (sic), progresista. Preponderan los grandes sobre los pequeños cultivos y se tendrá un carácter señorial y aristocrático; preponderan los pequeños sobre los grandes cultivos y se dará un carácter igualitario y democrático. A preponderancia de las grandes sobre las pequeñas industrias corresponde un carácter social autoritario, conceptuoso y personalista. A preponderancia inversa corresponde un carácter independiente, ingenioso,individualista”(Orrego Luco :325).
Orrego Luco aclara y precisa estas aseveraciones, concordando totalmente con Hostos, dando detalles de características chilenas típicas que habían ido cambiando, como era la "rutina ciega, que vivía mirando con cariño hacia el pasado y temerosa de toda innovación" del trabajo de los campos, que en 1872 buscaba y se beneficiaba con los adelantos mecánicos y artesanales y que a la vez había transformado un "carácter desconfiado, estacionario e ignorante en uno reformador, activo y emprendedor" y añadía que iguales cambios estaban sucediendo o se veían venir (Orrego Luco :325)
Hostos continuaba tratando de definir el carácter chileno del momento, reconociendo que era difícil tarea, por ser demasiado complejos los elementos que se ofrecían al análisis y muy difusas las cualidades y defectos; pero sí expone algunas de nuestras peculiaridades más definidas, las cuales Orrego Luco también reconoce -y creo que hasta hoy todos los chilenos reconocemos- y que paso a citar ya que demuestra, saliéndonos del análisis de Orrego Luco, lo certero y sentivamente observador de la mente de Eugenio María Hostos cuando afirma que:
"El pueblo menos risueño de la raza ibérica es también el más estruendoso en su alegría; el menos inquieto es también el que menos tranquilidad demuestra en sus exaltaciones, el más quietista es el que más emigra y más esfuerzos de ingenio hace por su vida; el más positivista es el que más se ha consagrado al arte" (Orrego Luco :325-326).
Las transformaciones de la tierra, de la naturaleza y del hombre, que son la base del estudio de Hostos, le lleva a responder ante una pregunta más o menos formulada que nuestro carácter iba en ese momento -lo veía así él- hacia una meta clara: el ser expansivo.
Orrego Luco, chileno al fin, da otra característica en cierta forma opuesta: él dice que estaremos básica y permanentemente en "el contraste, la contradicción y la antítesis llevada a su última expresión"(Orrego Luco :326).
Hostos ha estudiado en los seis primeros capítulos de su Memoria de Chile en su exposición de Septiembre las modificaciones de nuestro comportamiento individual y social a través de la Colonia y los sesenta años de vida independiente y además la consecuente transformación de nuestras instituciones y afirma que viven un momento de transición que como todos ellos da al pueblo como a las instituciones una vacilación, una inseguridad, pero que conociendo nuestras fuerzas, los elementos humanos y productivos con que se cuenta se puede "dirigir su desarrollo y dominarlos si contrariando sus propósitos estorban el progreso"(Orrego Luco :317).
Orrego Luco continúa su comentario diciendo:
"He aquí el cuadro en el que el autor de la Memoria ha bosquejado, apoyándose en los datos que la exposición le presentaba, la situación física y moral de nuestro pueblo. Cuadro halagueño, de ricas y bellas esperanzas, en que no encuentra cabida ni el mal entendido patriotismo, ni la loca simpatía que perturba el criterio tranquilo de un impasible observador. En todas partes se ve, se respira, el espíritu viril de un pueblo ansioso por realizar un gran destino" (Orrego Luco :326).
Prosigue su análisis agregando que a pesar de que Hostos se lamentaba en su ensayo de la poca iniciativa en la política inmigratoria de los gobiernos chilenos, de la falacia de unión tanto intelectual como de vías de comunicación entre los países americanos, él podía asegurar que se estaban haciendo avances en ese camino de hermandad americana, en esa meta ideal que Hostos denominaba "el llamamiento de Chile a todos los obreros de la Civilización" el allanar los caminos de acceso a los extranjeros que naturalmente él, en ese mismo contexto era el más indicado a entenderlo y clamarlo; Orrego Luco le asegura, en contestación directa a su clamor, que Chile sería ingrato si desconociera la fecunda labor de tantos extranjeros en tan diversos campos como la minería y la ciencia, la medicina, la instrucción, las letras y la libertad.
El séptimo capítulo según Orrego Luco, se aparta de los primeros seis y de acuerdo a su lógica y estilo de escribir, Hostos no debía haberlo agregado porque pierde literariamente parte del vigor y colorido de los otros capítulos, aunque reconoce que era necesario para el autor que deseaba reafirmar su punto de vista social. Lo que más molesta al comentarista es la opinión de Hostos cuando se refiere al arte con respecto a las posibles causas de la abundancia de pinturas de paisajes comparadas con las de otros temas. Su respuesta es que el arte como todo hecho social está sujeto a las condiciones y circunstancias en que la sociedad se desenvuelve y progresa y que el paisajismo es la expresión de las sociedades emergentes. Orrego Luco ejemplarizando la pintura en Grecia, Roma, la Edad Media, llega a la conclusión de que Hostos está en la verdad cuando afirma que el nacimiento del arte corresponde a:
"ese momento en que el corazón se anima, el horizonte de la vida se dilata, en que el sentimiento despierta en las profundidades del alma ese mundo infinito de emociones que transforman al -hombre bestia- en hombre Dios" (Orrego Luco :332).
Pero, según Orrego Luco, no está en la verdad cuando dice que lo primero que encanta nuestra vista, lo primero que mueve el corazón y que ilumina la fantasía es la naturaleza.
Citaremos algunos pasajes finales de su extenso análisis en los que Orrego Luco da sus propias opiniones y muestra sus conocimientos con el ojo certero del anatomista para, a su vez, vislumbrar características deducidas más allá de los datos escuetos que se dan, cualidad o defecto del cual acusa al mismo Hostos:
"Hemos dicho que el señor Hostos pintando la situación del arte se pintaba a si mismo. Allí lo encontramos con todas sus cualidades y todos sus defectos. Allí se deja ver esa intención filosófica, ese apetito de lógica que lo domina y lo caracteriza; su impaciencia delante de los hechos para investigar la causa; su tendencia a derivarlo todo del ideal social, su rapidez para juzgar lo que está oculto o lo que está visible, para generalizar y sintetizar; su atrevimiento para afirmar un hecho y levantar una teoría"
y continúa
"Animad un espíritu así organizado con un amor apasionado por el bien, con una avidez insaciable de progreso y perfección, moved ese espíritu en nuestra esfera social y tendréis a Hostos. Hacedle escribir una memoria y os dará un libro eminentemente original en su conjunto; lo escribirá en un estilo desaliñado y vigoroso, a veces amanerado, siempre nervioso; sus pasiones harán hervir aquí una página y allá iluminarán un nombre con los resplandores del odio o del amor; todo en ese trabajo será resuelto, decidido, incisivo y penetrante."(Orrego Luco 334-335).
Y más adelante Orrego Luco afirma una idea, que a su vez, reafirma aquello que dijimos de que el alma noble, el espíritu activo, el afán libertario de Hostos, sintió la hermandad, el sentimiento afín de los verdaderos libertadores del espíritu, de la Patria tan lejana de la suya propia. Finalizaremos citando el último párrafo del análisis de Augusto Orrego Luco, chileno, de Eugenio María Hostos, puertorriqueño, por señalar la faceta que, a nuestro juicio, es la más representativa del idealista del sueño americano:
"Está allá arriba. Desde esa cumbre que envuelve las nubes se divisa el sendero. El grita y grita con todas sus fuerzas para señalar el camino. ¿Lo oirán los que marchan? ¿Lo querrán oír?" (Orrego Luco :335).
BOSQUEJO DE J.V.LASTARRIA SOBRE HOSTOS
En Recuerdos Literarios escrito en 1878, José Victoriano Lastarria hace una remembranza, tal como su título lo dice, de todo lo que fue señero en el campo de las letras hasta ese año y dedica en el muchas páginas a reseñar lo significativo de la fundación de la Academia de Bellas Letras en 1873, a raíz de los desastres en la organización educacional que había desatendido y atacado diversos procedimientos de la enseñanza pública en favor de la clerical y que había hecho crisis a principios de ese año; el 26 de Marzo la agitación llegó a su punto culminante en una reunión popular en Valparaíso en que los mejores tribunos liberales pronunciaban acalorados discursos. Esto movió a los más ilustres literatos, periodistas y abogados a organizar una sociedad de tipo literario que estuviera fundamentada en bases sólidas, que pudiera competir en igualdad de condiciones con la del partido ultramontano y clerical que contaba con una prensa ejecutoria. De este modo surgió a la vida esa Academia, cuyo objetivo era el arte literario distribuido en tres secciones: Ciencias, Sociología y Bella Literatura. Había miembros fundadores, académicos correspondientes nacionales y extranjeros. Entre los primeros, Eugenio María Hostos era uno de los elegidos, -lo que nos mueve a pensar- siendo el único extranjero entre treinta y cinco miembros, en que alta estima lo tendrían los integrantes de la mesa directiva y especialmente su director, José Victoriano Lastarria; indudablemente porque los escritos de Hostos respondían en forma admirable al objetivo primordial de esta Academia de Bellas Letras, que era, según los estatutos: "el cultivo del arte literario, como la expresión de la verdad filosófica" señalando más adelante:
"En sus estudios dará preferencia al de la lengua castellana, como primer elemento del arte literario, para perfeccionarla, conforme a su índole y adaptarla a "los progresos sociales, científicos y literarios de la época" (Lastarria :489).
Refuerzan la idea acerca del respeto y admiración que sentía Lastarria por Hostos las palabras que pronunció con ocasión de la inauguración de la Academia, en la sesión del 26 de abril de 1873, afirmando que ésta la componían los cincuenta hombres de letras más distinguidos del país, los que se habían unido con el propósito de satisfacer una necesidad social.
En el primer año de vida de la Academia, se ve la activa participación de Eugenio María Hostos, como socio fundador, sirviéndole ésta como tribuna para, entre otros temas como "La Educación Científica de la Mujer", dar a conocer la generación y las tendencias de las diversas fracciones políticas en España.
Se puede finalizar este bosquejo asegurando que la meta de Hostos concordaba íntimamente con los valores que José Victoriano Lastarria ensalzaba al decir que:
"..no es racional que la bella literatura insista aún en buscar sus encantos en las ilusiones extravagantes o falsas de la subjetividad individual que pretende hacer al hombre a su imagen y considerarlo fuera de las leyes que determinan sus relaciones y su porvenir social"(Lastarria :578).
BOSQUEJO DE PEDRO GODOY SOBRE HOSTOS
El general Pedro Godoy era el padre de Francisco Javier Godoy, diplomático chileno que probablemente conoció a Hostos en el Perú.
Godoy era un escritor temido por su ironía y famoso por haber combatido con denuedo el gobierno autoritario de Montt, como todos los intelectuales liberales que hemos mencionado. Contrajo una verdadera amistad con el puertorriqueño al que lo unían los lazos de afecto que nacen entre los hombres que comparten los mismos ideales. En carta del 23 de junio de 1873, pocos meses antes de la partida de Hostos de Chile, Godoy ofrece a éste una ayuda económica al saber su estado financiero precario; pero más que la ayuda, son los términos en los que se refiere a él los interesantes; dice "le servirá, a lo menos para comprar las plumas con que está escribiendo sus interesantes artículos en pro de la ilustración del país." A la sazón Hostos era redactor en los diarios La Patria, Sudamérica y La Revista de Santiago. Más adelante afirma su confianza en que la muestra de amistad será aceptada así como la hospitalidad que le ofrece en su casa. En la carta Godoy lo describe como un "hombre de aventuras, pero muy honorable", que llevaba "la vida de un filósofo." Pero unas líneas después lamenta no poder "hacer nada en favor de su Patria", frase que nos reafirma la opinión de que Hostos era un luchador incansable por la independencia de Puerto Rico que se destacaba en sus esfuerzos por promoverla entre sus amigos y en el último párrafo este anciano héroe de la independencia de Chile lo califica como "el más digno representante en Chile."
Hostos no aceptó la ayuda, pero reconoció la fraternidad en el gesto práctico de su amigo, sin ver en ello ofensa. En su contestación a la carta de Pedro Godoy, Hostos reitera una de las facetas de su carácter: su idealismo era llevado hasta la vida diaria misma,
"el dinero es para mí, ni más ni menos un instrumento económico; no lo busco hasta que las necesidades me lo exijen. Cuando lo exigen, y el trabajo no me lo da, hago esperar las necesidades..." (Hostos :28).
Hay otro punto importante en este intercambio epistolar, es el conocimiento de que otros chilenos, como Amunátegui Solar, estaban preocupados por la situación de Hostos y de su inquietud por pedir una ayuda económica al Congreso de Chile para él; esfuerzos que éste rechazó, en una nueva demostración, más que de orgullo, de deseo de sacrificio, de creencia en que ello le haría perder sus ideales de vida.
Un último párrafo. Hemos releído estas cartas en la recopilación que hizo Raúl Silva Castro llamada Cartas Chilenas. Siglos XVIII y XIX. En la introducción dice "Son cartas chilenas en el sentido que su tono, su estilo, la índole de sus observaciones, los gustos domésticos y estéticos, literarios o políticos que reflejan caracterizan al hombre chileno." ¿Qué mejor confirmación de la proximidad de criterios, de pensamientos, de idiosincracias entre el puertorriqueño Hostos y sus contemporáneos chilenos que el aparecer su carta entre éstas seleccionadas como "testimonio del espíritu chileno."?
Creemos que no fueron esas dificultades pecuniarias la causa principal de su alejamiento de Chile, posiblemente su carácter impetuoso, su impaciencia viva por transmitir la necesidad de libertad de su país, demostrar su sed de justicia y encontrar respuesta, la urgencia de progresos inmediatos en nuestro país le desanimaron al observar la etapa transicional de altibajos políticos y administrativos que lo llevaron a su determinación; pero Chile, a pesar de los contratiempos, de los desafueros de la libertad, de los trastornos institucionales, llevaba entonces una marcha ascendente y el hecho que mejor lo corrobora es la vuelta de Eugenio María Hostos dieciséis años más tarde y su permanencia durante los siguientes diez años.
BOSQUEJO DE UN REDACTOR ANÓNIMO CONTEMPORÁNEO
SOBRE HOSTOS
En el artículo aparecido en el diario La Opinión de Talca, seis meses después que Eugenio María Hostos abandonara Chile, el autor anónimo se refiere a los grandes héroes que ha tenido América en su afán de libertad; hace un panegírico del puertorriqueño en estas palabras:
"buscador de patriotas, que cual otro judío errante, anda de país en país, como los gitanos de la adversidad, como los perseguidos del libre pensamiento, buscando las acciones de la justicia y moviendo los grandes resortes de la solidaridad y del patriotismo americano."
Más adelante penetra en un punto que los otros bosquejadores no habían hecho ver al afirmar que "es imposible encontrar un hombre más firme en sus convicciones" La sentencia es indudablemente certera, así como lo son aquellas palabras que alaban su alto temple y aseguran que "ha hecho del mundo una patria, de la justicia una religión, de la libertad un culto y de la virtud y sacrificio un noble apostolado."
Es innegable que el desconocido cronista supo captar la esencia de este hombre extraordinario a quien Benjamín Vicuña Mackenna llamó el héroe de la independencia antillana.
Lo que hemos presentado nos muestra, creemos, a un hombre de una clara inteligencia, visionario, soñador y multifacético que indudablemente dejó una huella profunda en su paso por Chile y muchos amigos y admiradores que lucharon por su pronto retorno.
6. EPILOGO: CORONA FÚNEBRE
Para finalizar estas líneas, creo que bien podríamos remitirnos a las mismas frases que como oración fúnebre, Hostos pronunció años después, en su segunda estadía en Chile, con ocasión del fallecimiento de su gran amigo y compañero en su ideal libertario, el chileno Manuel Antonio Matta. En ella Hostos dijo estas sentidas palabras:
“Éste, señores, es uno de los muertos que no mueren por completo: al día siguiente de dejarlos en la tumba, los encontramos en la historia.
En ella, desnudos de la vestidura de errores y pasiones que vestimos todos, i apareciendo en la esencia de su personalidad, abandonan al diente de los roedores lo que tuvieron de mortales y presentan lo que tenían de inmortales al juicio apacible de la humanidad.
Entonces se muestran cuales fueron, y entonces complace contemplarlos.”
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