Biblioteca Carnegie el 25 de enero de 2006 como parte de la Conmemoración del Natalicio de Eugenio Maria de Hostos,
por
Jorge R. Schmidt Nieto, Ph.D.
Catedrático Asociado
Universidad de Puerto Rico
Recinto Universitario de Mayagüez
Buenas noches y saludos a los distinguidos dignatarios que nos acompañan, particularmente el Sr. Cónsul de Chile. Un saludo especial a la Sra. Teresa de Hostos Olivar, heredera de esa gloriosa estirpe. Le debo un enorme agradecimiento a la autora, la Dra. Sonia Ruiz Pérez, por el honor de confiarme una función tan vital en la exposición de un esfuerzo de muchos años. Es un trabajo que presenta a Eugenio Maria de Hostos vivo, de piel y carne, sin mitos ni crisoles temporales. Para los que lo describen en esta colección de relatos, Eugenio Maria es un colega de trabajo, un amigo, un compañero de luchas políticas, y a veces hasta un jefe o un subalterno. Es precisamente ahí que radica la trascendencia de sus opiniones, porque se refieren al Hostos mortal, antes del prócer.
La lectura de este libro me resultó muy grata y me evocó mi primera gran exposición al trabajo de Hostos, en el primer año de mis estudios universitarios. Tuve la fortuna de ser alumno del maestro Manuel Maldonado Denis, uno de los verdaderos hostosianos de nuestra historia. Su conocimiento, admiración y aplicación de la filosofía hostosiana era contagiosa. Hoy la vida me ha dado la oportunidad de retransmitir la experiencia al dictar ese mismo curso de Política de Puerto Rico en el Recinto Universitario de Mayagüez. Ya mis estudiantes se han beneficiado, además, de la lectura del libro que nos trae aquí esta noche.
Ahora pasemos a la reseña del libro, que presenta un recuento histórico dirigido a dos audiencias: Chile y Puerto Rico. La introducción "resalta la preocupación de Hostos por la educación del país". Preocupación obsesiva que trasciende Chile. El capítulo expresa los objetivos generales del libro: explorar las opiniones de los hombres que laboraron con él en Chile, además de España y Republica Dominicana; describir la realidad histórico-social chilena de la época; conocer a los hombres con quienes compartió ideales y tareas.
El primer capitulo, escrito por el Dr. Roberto Pérez Ruiz, colaborador de la Dra. Ruiz, se pretende redescubrir la importancia de Hostos en la historia chilena. Coloca su análisis en un contexto histórico-político desde la independencia del país hasta la llegada de Hostos. El trasfondo político se basa en la dicotomía clásica de la política decimonónica suramericana, liberalismo/conservadurismo. Hostos se coloca en la primera categoría, aliándose a través del tiempo con los defensores de las ideas más vanguardistas de la época.
Hablan de Hostos:
Fanor Velasco (periodista): resalta la reseña de Hostos sobre la obra teatral Hamlet presentada en Santiago. Lo llama "excelente amigo e inteligente colaborador; distinguido literato y profundo pensador."
Augusto Oriego Luco: reseña capitulo a capitulo el libro de Hostos "Memoria sobre Chile en su Exposición de Septiembre", que le valió el primer premio del certamen auspiciado por el intendente de la capital. Resalta, entre otras cosas, el carácter ambientalista de Hostos, quien lamenta la deforestación chilena.
José Victoriano Lastarria (Director de la Academia de Bellas Letras, de la que Hostos fue miembro fundador): considera a Hostos uno de los hombres de letras más importantes del país.
Pedro Godoy (general y escritor liberal; amigo personal de Hostos): menciona su afinidad por la filosofía y su entrega por la independencia de Puerto Rico.
El redactor anónimo del diario La Opinión: lo tilda de "buscador de patriotas" y asevera que "es imposible encontrar un hombre más firme en sus convicciones."
Es importante señalar que ninguno de ellos se refiere a Hostos como extranjero ni cuestiona la legitimidad de la intervención de Hostos, puertorriqueño, en asuntos nacionales chilenos. Lo interpreto como una reacción a la actitud del mismo Hostos, quien se siente chileno, según lo demuestran sus escritos. Sólo se siente extranjero donde se atropella a la razón.
El segundo capitulo, en otra colaboración del Dr. Pérez Ruiz, se presenta a Hostos como un defensor de la igualdad de las mujeres en la sociedad chilena en particular, y en la historia universal, en general. Hostos enfoca su defensa de la igualdad en el aspecto educativo, especialmente la educación científica.
El autor describe los patrones históricos de la educación de las mujeres chilenas, señalando a más de una docena de protagonistas de la lucha por la educación de las mujeres. Destaca, por ejemplo, a Dolores España Fabres, Carmen Lastarria, Fanny Delaunay de Mora, Damasa y Manuela Cabezón, Mercedes Marín del Solar, Isabel Le Brun de Pinochet y Rosario Orriego de Uribe.
Luego reseña el trabajo de Hostos titulado "La educación científica de la mujer", publicado en 1873, que causó revuelo y discusión en los círculos intelectuales del país. Hostos refleja su visión positivista que cree en la existencia de la ley natural, que se descifra a través del uso de la razón. Se manifiesta de esta manera una influencia de Locke y Rousseau. Utilizando un método deductivo, la igualdad de estos dos géneros se basa en las verdades derivadas de las leyes naturales. Por lo tanto, reprimir a las mujeres de su derecho a la educación plena y científica es presionar en contra de la naturaleza humana. Rechaza la perspectiva dominante entre los autodenominados "vanguardistas", que defendían la educación de las mujeres únicamente para desarrollar mejores madres y criadoras de hijos. Para Hostos, la mujer es un ser valioso en sí mismo, como sujeto, y no como un objeto para servir de compañera del hombre. La educación en ese contexto es un instrumento de control sobre sus propias vidas.
Hoy, Hostos habla a través del tiempo, justo en el momento en que Chile celebra la elección de su primera Presidenta, la Dra. Michelle Bachelet, apenas unos meses después de que el Presidente de la Universidad de Harvard experimentara el rechazo público por sus declaraciones de que existen aptitudes diferentes entre hombres y mujeres hacia las ciencias y la ingeniería. El debate no ha concluido.
El trabajo de Hostos, que casi me atrevo a considerar feminista, provocó las críticas del poeta conservador Luis Rodríguez Velasco. Rodríguez Velasco basó su ataque en la creencia de la existencia de una distinción hombre-racional/mujer-emocional. Esa crítica prehistórica no sirvió sino para proveerle a Hostos el foro para abundar en su pensamiento vanguardista con una carta de respuesta de 19 puntos, que demolió sistemáticamente sus planteamientos. Ahí acabó la comunicación.
El capitulo tercero, de la Dra. Ruiz, presenta un recuento de la participación de Hostos en el debate público sobre los derechos educativos de las mujeres. Interviene Hostos en la formulación de la política pública oficial a través de su influencia en el Decreto del 5 de febrero de 1877 del Ministro de Instrucción Pública Miguel Luis Amunátegui. R. Florencio Moreyra señala la importancia de las ideas hostosianas y las cataloga de visionarias.
El siguiente capitulo lo utiliza la autora para colocar las ideas y el trabajo pedagógico de Hostos en el contexto de un proceso de modernización de la educación chilena, conceptualizado en términos europeos, particularmente alemanes. De esta suerte las ideas hostosianas aparecen en Chile en una coyuntura única y, aparentemente, abierta a ideas reformistas. Sin embargo, uno de sus aliados comentará que los forjadores de política educativa verán con sospecha las nuevas ideas que no provengan del modelo alemán. Por ese motivo comienza la tensión entre Hostos y las autoridades gubernamentales.
El capitulo cinco se dedica a la gestión de Hostos como Rector del Liceo Miguel Luis Amunátegui. Dicho liceo, nos relata la autora, fue parte de una serie de instituciones educativas creadas por el gobierno chileno para impulsar la instrucción pública. La selección de Hostos como rector fundador de una de esas instituciones refleja el respeto del que gozaba como educador dentro de la sociedad y la elite política chilena. Pero Hostos no fue simplemente un administrador; fue un creador de filosofía pedagógica. Sobre ese particular la Dra. Ruiz nos relata los escritos de varios de sus contemporáneos. Todos concuerdan en que la filosofía educativa hostosiana se caracterizaba por la originalidad y la visión. La Geografía Evolutiva de Hostos, por ejemplo, propuso la enseñanza de la geografía dentro de la evolución histórica de las sociedades humanas, en lugar del método tradicional basado en la memorización de un listado de lugares desconectados entre sí con muy poco contexto histórico.
Sin embargo, el capitulo revela como la confianza oficial sobre Hostos va decayendo, a medida que sus ideas se tornan más progresistas y que su actividad política va contrastando con las políticas oficiales del gobierno chileno. Nos recuerda este capítulo que el pensamiento hostosiano debe verse desde la perspectiva integral, como educador y político. Sus gestiones desde Chile a favor de la independencia cubana, en plena guerra revolucionaria contra España, provocan roces con la postura oficial chilena de no enajenar al gobierno de Madrid. Las tensiones se manifiestan en varios ámbitos, y finalmente Hostos renuncia a su puesto y se marcha del país en el 1898, para no regresar jamás.
El próximo capitulo presenta las cartas sobre su libro de Derecho Constitucional que aparecieron en el diario La Libertad Electoral en enero de 1898. Algunas de esas cartas se remontaban al 1886. La intención de la serie de columnas era defender el buen nombre de Hostos luego de sus choques con las autoridades. La importancia de las cartas radica tanto en sus contenidos como en sus autores. Los autores incluyen Catedráticos de Derecho de universidades españolas, como Adolfo Posada, F. Giner y Gurmesindo de Azcarate, que además fue Diputado a Cortes; políticos como M. Ruiz Zorrilla, Jefe del Partido Republicano Español, Emilio Castelar,del mismo partido y S. Moret, Ministro de Hacienda y luego de Ultramar. Los comentarios del libro son todos halagadores y repletos de un gran respeto intelectual, incluso de parte de los que difieren de sus planteamientos teóricos.
El capitulo siete reseña la reacción de Hostos al Decreto de la Abolición de la Esclavitud en Puerto Rico de 1873, a través de un artículo publicado en el periódico El Ferrocarril de Chile. Su posición, siempre visionaria, contrasta con la de los abolicionistas puertorriqueños, que celebraban el decreto como una victoria. Hostos critica particularmente el artículo segundo, que obligaba a los libertos a trabajar bajo sus antiguos amos no menos de tres años, por considerarla una nueva forma de esclavitud. Además, condena la indemnización a los dueños por considerarlo una ruindad. En general, Hostos se pronuncia a favor del trabajo libre por ser más humanitario, eficiente y productivo.
Finalmente, presentaré las que, a mi juicio, representan las aportaciones fundamentales del trabajo de la Dra. Ruiz.
Primero, la documentación, casi arqueológica, es enorme y aporta un gran volumen de materiales frescos para futuros estudios hostosianos. Provoca, además, la formulación de preguntas que pueden sugerir proyectos de investigación adicionales. Esa es tal vez la mayor contribución que puede tener un proyecto académico: sugerir más preguntas que respuestas.
Por otro lado, la selección de citas por parte de la Dra. Ruiz y el Dr. Pérez es muy apropiada. Ilustran con claridad los planteamientos de los autores, sin abrumar con relatos marginales o demasiado extensos. Resulta evidente que el volumen de material era enorme y que, como suele suceder en estos asuntos, fue más difícil descartar que incluir.
En tercer lugar, el libro mantiene un tono americanista, siéndole fiel al ideario hostosiano. El lenguaje es universal y la mayoría de los señalamientos pueden recibirse por audiencias chilenas, puertorriqueñas o de cualquier parte.
Además, la autora ha limitado las aseveraciones editoriales, permitiéndole a los lectores emitir sus propios juicios críticos sobre los hechos, pronunciamientos y visiones hostosianas. Por ejemplo, en la controversia entre Hostos y el Ministro de Instrucción en 1898, la Dra. Ruiz deja que los protagonistas hablen por sí mismos y provee suficiente información como para que los lectores lleguen a sus propias conclusiones. Aquí no hay villanos ni santos, sino hombres y mujeres que responden a sus circunstancias personales e históricas.
Una de sus mayores aportaciones se basa en la originalidad del tema: Hostos visto desde Chile, por los chilenos y en su época. El libro no es una biografía de Hostos en Chile sino un descubrimiento del efecto de su presencia entre los que él consideró sus conciudadanos. Las opiniones de Hostos y de su trabajo por parte de los chilenos retumban en la historia como un eco de su pensamiento prolífico y su presencia imponente.
En fin, el trabajo de la Dra. Ruiz nos muestra a un Hostos obsesionado con la libertad, dispuesto a perseguirla sin medir el costo. Para Hostos hay que liberar el pensamiento, liberar a las mujeres, liberar a la naturaleza, liberar a su patria y a las Antillas; en fin, liberar la verdad y sacarla de la prisión en que la tienen sumida la ignorancia y la injusticia. No es posible fraccionar a Hostos. No se puede entender al Hostos educador sin entender al Hostos político; al sociólogo sin el filósofo; al visionario sin el independentista; al constitucionalista sin el revolucionario; al puertorriqueño sin el chileno, español, dominicano o cubano. Que nadie se llame a sí mismo hostosiano si no comparte su visión integral e indisoluble de la libertad en todos sus aspectos, en todos sus contextos y en todos los países.
Concluyo con un agradecimiento a la Dra. Ruiz Pérez por obsequiarnos un trabajo inspirador, elocuente y vivo. Descubrimos a Eugenio Maria de Hostos y Bonilla como un ciudadano chileno, integrado a la sociedad de Santiago, participando activamente en el debate político e intelectual del país que lo acogió como suyo. Hoy, una chilena puertorriqueña, que representa en su propia vida el universalismo panamericanista y con quien he tenido el honor de compartir cátedra en la Universidad de Puerto Rico, exalta el genio fecundo y comprometido del que sigue siendo uno de los pocos americanos plenamente universales.
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