TRES
CAPITULO TRES
INTERVENCIONES A FAVOR DE LA EDUCACION DE LA MUJER
CHILE 1872-1877
En diciembre de 1872
"la distinguida educacionista señora Antonia Tarragó, directora del acreditado colejio de Santa Teresa, elevó una solicitud al Consejo Universitario para que se permitiera a sus alumnas rendir exámenes válidos con el objeto de que pudiesen mas tarde, si lo querían optar a títulos profesionales. El Consejo Universitario creyó prudente por entónces, esperar i aplazó su resolución" (Moreyra 1877,603)
Durante su primer viaje a Chile, Eugenio María Hostos se inserta como hemos visto, en una polémica en que la causa de la educación de la mujer atrae a muchos abogados, algunos de los cuales parecen ser más retrógrados que sus detractores. La prensa reseña por ejemplo, la publicación de libros como Elementos de economía doméstica e higiene casera de Eduwigis Casanova de Polanco, publicado en 1870 y La Mujer en el siglo XIX del español Adolfo Llanos, cuya propuesta es una educación tradicional para la mujer.
"No tratemos de hacer mujeres sabias, hagamos sencillamente buenas madres de familia... Mejorar a la mujer es mejorarnos a nosotros mismos." (El Santa Lucía, abril 1874)
Veamos en detalle algunas de las opiniones vertidas en eltranscurso de esta polémica, comenzando con la serie de ocho artículos en que Máximo Lira hace una minuciosa historia del desarrollo de las ideas acerca de la capacidad o incapacidad intelectual de la mujer, publicada a partir del día 29 del mes de diciembre de 1872 en el diario El Independiente.
MAXIMO LIRA escoge hablar de la "rehabilitación de la mujer, o de su emancipación como se ha dicho impropiamente después", o también de "la elevación de la mujer". A modo de introducción el autor se pregunta si la legislación chilena permite a las mujeres aspirar a los grados universitarios, si sería conveniente reconocerles la facultad de ejercer las profesiones liberales y si convendría concederles algunos derechos políticos. El Consejo Universitario ha dejado sin resolver las dos primeras preguntas al aplazar la resolución a la solicitud de la señora Tarragó. Sobre los derechos políticos de la mujer la prensa ha abogado por el reconocimiento del derecho a sufragio, derecho que no es negado por la constitución
"Nuestra legislación no prohibe a las mujeres hacer los estudios que se necesitan para ejercer la abogacía, la medicina i demás profesiones liberales. Pero, ¿podría ejercer esas profesiones?, entendemos que hai una lei de partidas que prohibe a las mujeres ser abogados porque hubo una tal Calfurnia mui sabedora i acusiosa que dió mucho que hacer a los jueces. Por el pecado de esa Calfurnia, nueva Eva de los abogados del bello sexo, cuyo pecado pagan aun sus descendientes españolas, la abogacía es una profesión, cuyo ejercicio parece estarles vedado.
Sin embargo, nosotros pensamos como uno de nuestros diaristas que, en materia de instrucción, no existen otras leyes que las leyes de la República.
Reconocida la libertad de industria por la constitución de 1833 no vemos por qué una antigua lei española podría poner limitaciones a un precepto tan terminante que no puede admitir ninguna.
De todas maneras nada más fácil que derogar por medio de otra lei la de partidas que dejamos citada.
Respecto de la medicina i demás profesiones liberales no existen los mismos inconvenientes que respecto de la abogacía. No hai lei ninguna, o lo que recordamos, que prohiba terminantemente a una mujer ser médico, farmacéutico o injeniero."
Sobre si conviene o no a la sociedad el que la mujer se eduque, el autor, en concordancia con la opinión de la mayoría de los defensores de esta causa, considera que una mujer "ilustrada" está en mejores condiciones para ejercer su oficio de esposa y madre.
"En cuanto a la conveniencia que de ello resultaría para las mujeres, nadie puede ser mejor juez que ellas mismas. Resolverían la cuestión consagrándose o no a las profesiones liberales, según fueran sus probabilidades de éxito. Si una mujer esperaba encontrar litigantes que le confiaran sus pleitos i enfermas que le encargaran su curación, se haría abogado o médico; si no, se dedicaría a otros oficios i funciones que le halagaran con la esperanza del lucro.
En ésta como en todas las cuestiones análogas, la solución más acertada no es otra que la cuestión de la libertad."
Desde un punto de vista liberal el derecho a la educación debe defenderse "aunque no tuviera otro resultado que hacer que la mujer se aficionara a los estudios serios i a cultivar su inteligencia", pero existe otro motivo que hace imperioso que la gran mayoría de las mujeres, las mujeres pobres, tengan acceso a mejores alternativas de trabajo que la costura.
"En otras ocasiones hemos manifestado ya cuanto convendría trabajar por confiarles todos aquellos trabajos que no requieran grande ilustración, ni el empleo de una gran suma de esfuerzos físicos, trabajos que en la actualidad se hallan monopolizados por el hombre.
La tipografía, por ejemplo, la litografía,las ventas en el mostrador, la encuadernación y otras industrias análogas a éstas parecen creadas para las fuerzas e inteligencia poco desarrollada de la mujer. La enseñanza en las escuelas primarias, ciertos trabajos fáciles de las grandes manufactureras, algunos empleos de las oficinas públicas, como correos, telégrafos, etc., podrían también ser confiados sin inconvenientes i, a nuestro juicio, con grandes ventajas a las mujeres."
El autor asume ahora una actitud elitista recomendando que el Estado modifique los programas de las escuelas primarias para que "en las escuelas se diese una educación menos literaria i más útil".
"Ya está probado que de poco sirve a una niña pobre saber cuáles son los cabos y golfos principales del mundo i cuántas son las clases de verbos irregulares, i que le serviría de mucho más salir de la escuela con una industria que le diera con qué vivir. Naturalmente no pretendemos aquí,-ni podríamos pretenderlo, porque eso sería ir contra nuestra propia tésis,- que no se cultive la inteligencia de la mujer. Hablamos de lo que puede hacerse en las escuelas primarias, para prestar un servicio eficaz a las clases inferiores de la sociedad. Respecto a las más elevadas i aún de las jóvenes que en la escuela revelasen una inteligencia aventajada i una capacidad sobresaliente, ya hemos dicho que convendría dejarles abierto i espedito el camino que conduce a las profesiones liberales, i hemos procurado manifestar cuanto ganaría con esto la sociedad."
Continúa el autor haciendo un resumen de los logros obtenidos en Inglaterra, Estados Unidos y Francia en la lucha por mejorar la condición social de la mujer opinando que el error más grande en que han incurrido estos movimientos es
" haber principiado reclamando la igualdad de derechos políticos, para llegar por ahí a la igualdad de derechos sociales, cuando era el contrario el procedimiento más acertado. Cuando la mujer desempeñe en la sociedad un papel más importante que el que desempeña hoi, cuando su inteligencia i su actividad lleguen a ser elementos de progreso i de prosperidad pública, entonces no será mui difícil conseguirle cierta participación en la dirección de les negocios del estado. Entretanto, lo primero que debe procurar es hacerse útil."
EUGENIO MARIA HOSTOS cuyos dos primeros discursos ante la Academia de Bellas Letras en Santiago de Chile son conocidos entre nosotros, interviene en esta polémica durante el segundo año de su primera estadía en Chile. El foro ante el que presenta sus ideas
"tiene por objeto el cultivo del arte literario, como expresión de la verdad filosófica, aceptando como regla de composición y de crítica, en las obras científicas, su conformidad con los hechos demostrados de un modo positivo por la ciencia, i en las sociológicas i obras de la bella literatura, su conformidad con las leyes del desarrollo de la naturaleza humana. En sus estudios dará preferencia al de la lengua castellana, como primer elemento del arte literario, para perfeccionarla, conforme a su índole, i de adaptarla a los progresos sociales, científicos y literarios de la época" (Fines y bases de la Sociedad. Citados en Fuenzalida 1889, 308).
De acuerdo con estos fines reiterados por Hostos al comienzo de su primer discurso (1873a, 3-12), se sirve a la verdad por medio del arte literario y uno de los medios de despertar a los pueblos a la verdad es a través del sentimiento "facultad estable, permanente, constante, en la mujer", "i el sentimiento es más activo i por lo tanto más persuasivo i eficaz en la mujer" es necesario llegar por simple y "rigurosa deducción" a la necesidad de la educación científica de la mujer.
Entiende Hostos que la tarea de educar a la mujer para la ciencia es tarea ardua ya que pesan sobre su intelecto "las tradiciones sociales, intelectuales i morales que la abruman", consecuencia de la violación sistemática que el género masculino ha hecho a las leyes eternas de la naturaleza que establecen la igualdad moral del hombre y de la mujer ,"prescindiendo temerariamente de la mitad del jénero humano" monopolizando la fuerza y el poder social protegido por leyes que han sido hechas unilateralmente.
Continúa Hostos en el Segundo Discurso (1873a, 13-29), insistiendo en que la necesidad de educar a la mujer "el ser a quien la naturaleza ha encomendado la educación directa o indirecta de los demás seres de su especie", va de la mano con la necesidad de que América resuelva el "problema de nuestro tiempo, basando en una nueva educación una nueva humanidad". Presenta a continuación las bases de su programa y su plan para la enseñanza de las Leyes Generales del Universo en que resume sus ideas educacionales basadas en la necesidad de conocer la verdad a través del ejercicio de la razón.
"La razón no tiene sexo, i es la misma facultad con sus mismas operaciones i funciones en el hombre i la mujer. Por tanto, si el hombre puede llegar por el ejercicio de la razón al conocimiento de la verdad, la mujer puede también. Por tanto, si el hombre es capaz de educación científica, lo es también la mujer. Por tanto, si importa para el hombre, importa para la mujer."
Hostos concluye este discurso detallando el Programa de Conferencias Públicas para la educación científica de la mujer, cuatro series de siete conferencias cada una, organizadas siguiendo la clasificación comtista del conocimiento.
LUIS RODRIGUEZ VELASCO reacciona a estos discursos y dirigiéndose a la misma audiencia hace hincapié en el peligro que significaría educar a la mujer en los principios del positivismo y la corriente materialista que deriva de éstos (Rodríguez Velasco 1873, 603-605). El autor se autodefine como partidario de la educación de la mujer pero limita esta educación a una instrucción general que la ayude en sus deberes de madre y forjadora de hombres. La educación que él vislumbra deberá orientarse especialmente a "la mujer del pueblo bajo" para que pueda alejar a sus hijos de "las pasiones que la ignorancia convierte en crímenes" en tanto que la educación científica propuesta por Hostos alcanzaría sólo a las mujeres de las clases acomodadas. Además la ciencia es ocupación del hombre, pensar es trabajo masculino mientras que amar, educar y servir de inspiración al hombre debe ser la tarea primordial de la mujer quien es además
"la que sostiene en el mundo humano el Jenio de la poesía que los ruidos del materialismo espantan i ahuyentan."
EUGENIO MARIA HOSTOS aprovecha la oportunidad que le provee Rodríguez Velasco para reiterar su posición ante la Academia y responder a los "aforismos poéticos" de su opositor con "enunciados positivos" (Hostos 1873b, 608-632). Reconoce la "influencia demostrada de la mujer en la educación del hombre" pero se opone a que se la considere responsable única y exclusivamente de ésta. Considera que la definición usada por su adversario, "educar es inspirar", inutiliza a la mujer para la vida racional
"cuanto más las enaltece en los ensueños de la idealidad i más las encarcela en la recóndita armonía del sentimiento"
Explica su uso del vocabulario, que ha sido mal interpretado
"el corazón es ineducable: lo educable es el sentimiento, i de esta facultad incoercible, no de aquella membrana palpable, hablo yo cuando, por condescendencia con Ud., afirmo y demuestro que el corazón se educa por el raciocinio."
Insiste en la igualdad de los sexos y la necesidad de desarrollar física, moral e intelectualmente al niño "varón o hembra". En esta tarea ambos sexos deben influenciarse mutuamente de acuerdo con la ley de la naturaleza, "la lei sexual i de igualdad que liga a todos los seres racionales". Esta igualdad exige que
"neguemos que la enseñanza de la madre puede ser base de vida moral e intelectual, en tanto que la mujer no reivindique i ejercite el derecho de practicar en su vida i por la ciencia la razón que dormita en su cerebro."
A través de la historia la mujer ha sido mantenida en la ignorancia y la "falsa educación" que han recibido algunas mujeres de las clases más pudientes no ha bastado para generar "principios" que les sirvan para dirigir su sentimientos. Se ha negado a la mujer el derecho que le corresponde como ser racional, "educar por la ciencia su razón" y se le han impuesto deberes que no son sino obligaciones. Hostos define deber como "la resultante de una lei infalible" cuya infracción tiene efectos universales mientras que la obligación no es sino el resultado de un convenio; la falta a ésta "solo produce efectos parciales".
Hombres y mujeres tienen los mismos deberes, las obligaciones son diferentes.
"Varón o hembra, el ser racional tiene el deber de adecuar sus medios a sus fines de existencia..los medios son idénticos, puesto que idénticas son las facultades."
En la búsqueda del conocimiento lo único que puede limitar a la mujer como ser racional es lo mismo que puede limitar al hombre por lo que Hostos no acepta la burla que hace su adversario al referirse a la mujer-enciclopedia y al feminizar los apelativos de las profesiones.
"Educar por la ciencia no es consagrar a la ciencia, i si todos los seres racionales son aptos para recibir la iniciacion de la verdad científica i todos deben recibirla porque con ella reciben una norma segura de conducta, no todos los seres racionales son aptos para el cultivo esclusivo de la ciencia."
La carta-discurso continúa refutando la filosofía espiritualista y la dialéctica idealista que ha subordinado a la mujer a la condición de ente amante y no pensante.
"Pobre mujer, pobre amor, pobre poesía, ¡qué menguada opinión de vosotras han formado los que, para probar que os conocen i os acatan, necesitan mutilar el alma humana i botar a la razón como sobrante inútil!"
Para terminar vuelve a explicar que el proyecto de educar científicamente a la mujer no es como muchos han malentendido
"un propósito aislado, un plan sin antecedentes, un esfuerzo sin otra consecuencia que la sustraccion de la mujer tradicional, buena, amable i amada por costumbre, para sustituirla con una mujer insensible, antipoética i odiosa."
Este proyecto es parte de un "plan jeneral de educacion que abarca a todos los seres racionales" sin distinción de clases ni de sexos. El plan propuesto y las conferencias que lo implementarían concuerdan con los principios y la esfera de acción de la Academia y en ningún momento atentan contra la capacidad de amar de la mujer. Por el contrario, para elevar la dignidad del amor
"Es necesario elevar nuestra razón,-hasta para amar como el hombre i la mujer deben amar, importa que se eduquen racionalmente la mujer i el hombre."
AUGUSTO ORREGO LUCO interviene en esta polémica el 24 de agosto de 1873 leyendo ante la audiencia de la Academia de Bellas Letras una carta dirigida a Fanor Velasco (Orrego Luco 1873, 402-413). Hace referencia a los discursos recientemente pronunciados por Hostos y reflexiona sobre el peligro de limitar la discusión a que los hombres se convenzan del derecho que tiene la mujer de ser educada. No son los hombres los llamados a decidir e imponer sus ideas. Si lo hicieran continuaría perpetuándose el autoritarismo y el paternalismo.
"creer que el hombre tiene derecho para imponer a la mujer todo lo que le parece justo y razonable, es sancionar ese autoritarismo que miramos como una usurpación i dar en nuestros actos un triste desmentido a las ideas que estamos proclamando."
Será entonces deber de los hombres hacer que la mujer tome conciencia de la necesidad que tiene de una educación científica en una sociedad en que toda mujer será "o madre o monja o libre". Para convertirse en madre la hija tiene que llegar al matrimonio con un hombre que su padre habrá escogido por su fortuna y su madre habrá aprobado por su familia. De aquí surge un primera razón a favor de la educación científica de la mujer. La mujer necesita "una educación que habitúe al raciocinio tranquilo e independiente" para poder seleccionar adecuadamente "sin sentirse perturbada por las consideraciones a que obedecen sus padres."
Como esposa debe tener su inteligencia suficientemente desarrollada para poder compartir intelectualmente con el hombre. Podrá así sentir y saborear "la orgullosa felicidad de haber sido útil con sus consejos i está segura de poderlo siempre consolar con sus palabras"
Una vez convertida en madre surge la tercera razón que hace necesario que la mujer esté educada ya que está en sus manos la primera enseñanza del niño que más tarde se convertirá en un hombre instruído que requerirá de ella comprensión para sus inquietudes intelectuales.
La cuarta razón que da el autor de esta carta-discurso surge de la posibilidad de que el matrimonio fracase o que la relación íntima entre los cónyuges sea degradante para la mujer. La mujer se defenderá porque es virtuosa. "Ella será virtuosa porque es fuerte; será fuerte porque ha desarrollado con el estudio las facultades de su alma."
La última razón para que la mujer se eduque es la independencia que puede lograr de ser necesaria la separación. "Ahora a la mujer separada de su esposo solo le queda abierto el camino de la degradación, pero si esa mujer fuera instruída le quedarian abiertos todos los caminos de la vida."
Termina su intervención resumiendo
"De modo pues, que sea cual fuere la posición de la mujer en el matrimonio, necesita de una educación que desarrolle las facultades activas de su espíritu, que dé vigor a su criterio y fuerza a su razón.
Las necesita para elejir el que será su esposo, para hacerlo feliz en el hogar, para salvar a su hijo de los vicios que rodearan su juventud; las necesita para educar a su hijo, para su propia dignidad; las necesita en una palabra para formar la familia, esa hermosa creación de la mujer."
Dos años más tarde se funda el Liceo Isabel Le-Brun de Pinochet dirigido por la educadora del mismo nombre, pero no es hasta el 22 de diciembre de 1876 que se reactiva la polémica sobre el derecho a exámenes cuando el Consejo Universitario recibe la solicitud de doña Isabel solicitando un día para que sus estudiantes pudieran rendir exámenes ante las comisiones universitarias. A pesar de que el proyecto llevaba el informe favorable del Decano señor Francisco Vargas Fontecilla "el Consejo de Instrucción resolvió aplazar su resolución al respecto, resolución que no tomó jamás ni en pro ni en contra" (El Ferrocarril, 7 de enero de 1877).
El Consejo Universitario asume la misma posición de inercia que tomara en 1872 ante la solicitud de la señora Tarragó y delibera otra vez sobre el derecho de la mujer a la educación universitaria. El editorialista de El Ferrocarril se pregunta de nuevo, como lo hiciera Lira en aquella ocasión
"¿Dónde está la lei que prohiba a las mujeres recibir una educación científica y profesional? Tal lei no existe, mal ha podido deliberar el Consejo Universitario sobre si las mujeres tenían o no aquel derecho. Mientras no haya lei, el derecho de las mujeres es perfecto, a ménos que establezcamos que las mujeres están en Chile fuera de la lei. Pero esta declaración impertinente no sería del resorte de los doctores de nuestra Universidad" ( El Ferrocarril, 17 de enero de 1877).
R. FLORENCIO MOREYRA nos informa con fecha 15 de marzo de 1877, (601-615) que a raíz de estos hechos se han organizado en Valparaíso y luego en Atacama, Coquimbo, Concepción y Talca, asociaciones de padres de familia cuyo objeto es establecer liceos donde las niñas pudieran recibir una educación más adecuada. Aparentemente estas presiones aceleran la decisión del Ministro de Instrucción Pública don Miguel Luis Amunátegui de dictar en Viña del Mar el decreto del 5 de febrero de 1877
Casi toda la prensa del país reaccionó favorablemente a este decreto con excepciones como el Estandarte católico que según Moreyra mira el proyecto con terror, terror que no se justifica según el autor del artículo si se piensa que la ciencia a la que se quiere dar acceso a la mujer es "la ciencia que sublima, que eleva hacia lo eterno i lo infinito, no la ciencia materialista i atea que abate a la humildad, colocándola (a la mujer) al nivel del miserable gusanillo que se arrastra por el lodo.
Recuerda el autor a "ciertos espíritus medrosos, enemigos por sistema de toda innovación" como es el caso de Rodríguez Velasco que en 1873 se había enfrentado a Hostos en la Academia de Bellas Letras y opone a esta posición retrógrada, la defensa visionaria que hiciera el puertorriqueño ante el mismo foro, terminando así el recuento de la situación hasta ese momento y pasando a defender la utilidad que la educación de la mujer prestaría "a la sociedad, a la religión, a las costumbres, a la política, a la industria, a las artes, al progreso en fin."
Ante la pregunta planteada por algunos sobre qué áreas de la ciencia serán más afines a la particular sensibilidad de la mujer el autor responde "toda la ciencia" y propone un plan de trabajo en los cuales durante ocho años de su vida la niña puede consagrarse a los estudios serios
"Pues bien, en cuatro años adquirirá, sin duda alguna, conocimientos jenerales de matemáticas, astronomía, física, química, botánica, zoología, fisiología, sicología, ética, estética, política, historia,etc. sobre todo si se emplea en su enseñanza el sistema de clases orales i esperimentales: i le restarán todavía tres años para profundizar tres o cuatro ramos de esos mas agradables o mas provechosos."
Reitera, para teminar, su compromiso de trabajo para el progreso y perfeccionamiento social a través de la educación científica de la mujer, proyecto que
"Sí, triunfará. Divisamos ya en lontananza los vívidos resplandores de la ciencia, mezcladas (sic) a las suaves irradiaciones del candor. Vemos ya acercarse rápidamente la época en que la mujer, mansa ovejita, deje de ser el vil juguete del hombre, astuto lobo; la época en que la pobre mariposa espantada constantemente de las llamas de la ciencia sea la cándida paloma que con alas de águila se remonte audaz a las alturas en busca de más espacio i de más luz i en busca de más virtudes para ella i de más bienestar para nosotros."
JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE en un artículo titulado "El buen sentido de una mujer " (681-684) usa el ejemplo de una sabia señora, "católica pero tolerante" cuyo buen sentido "deriva de la conducta de su padre, que ha bebido de la ciencia contemporánea" y defiende así la necesidad de una educación científica que sustituya "las inspiraciones inconcientes (sic) del buen sentido: sustituirlas por inspiraciones concientes (sic). Es decir enseñar directamente la ciencia."
Antes de abandonar esta reseña queremos mencionar el libro Profesiones científicas para la mujer de Ernesto Turenne publicado en 1877 cuyo autor era profesor de Latín y Gramática Castellana en el Colegio Salvador y de Literatura e Historia Natural de la Recoleta (colegio de señoritas). En uno de sus párrafos y haciendo mención a Hostos señala:
"No queremos la educación quimérica fundada en los arcanos profundos de las Matemáticas y la Filosofía, sistema desarrollado aquí con ingenio por el ilustre viajero Eugenio María Hostos; el estudio de la gravitación, las leyes de Kepler; el cálculo diferencial e integral, según el poeta puertorriqueño, son creaciones sublimes que Dios ha inventado para la perspicacia y la fuerza psíquica de la mujer, Nosotros somos eclécticos, sin querer limitar el poder de la mujer, el poder intelectual a las nociones superficiales que hieren los sentidos; únicamente queremos para ella una ilustración variada y positiva, fundada principalmente en el cultivo de las letras y de las ciencias naturales, es decir, en lo que alivia el corazón y da mayor ensanche a las aspiraciones de su espíritu." (Turenne 1877)
SITUACION POSTERIOR A LA FIRMA DEL DECRETO DE 1877
Un documento presentado a la Exposición de la Enseñanza en Diciembre de 1902 (Pinochet 1902) resume la situación de la enseñanza femenina desde la fundación del Liceo "Isabel Le-Brun de Pinochet" hasta la fecha en que cumple veintisiete años y se escribe este recuento inserta un artículo aparecido en La República de Santiago el día 27 de julio de 1878, el que es suficientemente explicativo:
"La opinión pública, representada por la prensa casi unánime, aplaudió también...(la firma del decreto).. Se despertó el entusiasmo por todas partes. Aparecieron nuevos periódicos que combatieron por tan santa causa. Se trató de fundar en las principales ciudades de la República colejios para dar instrucción secundaria al bello sexo. Pero no duró mucho tiempo tan jeneroso i patriótico entusiasmo: se fué apagando poco a poco, i murieron los periódicos defensores de la educación femenina. Volvió la indiferencia. Sólo tres monumentos se han podido salvar del egoísmo, de las preocupaciones i de los ataques de los esplotadores de la ignorancia: El Liceo de Copiapó, el de Valparaíso y el de la señora Le-Brun de Pinochet."
La polémica continúa sin embargo. En la sesión de la Cámara de Diputados del 4 de enero de 1882, con ocasión de discutirse la solicitud de subvención económica que su directora hiciera al gobierno, el Diputado Domingo Arteaga Alemparte dice
"El progreso intelectual de la mujer tiene que venir tarde o temprano. Es incuestionable que la mujer es más inteligente que el hombre, i yo pienso que si esta asamblea fuera de mujeres esta cuestión estaría ya resuelta" (Pinochet 1902, 38)
Si embargo el Estado no se hace cargo de la educación femenina hasta 1891 cuando
"el Ministro de Justicia e Instrucción Pública, que lo era a la sazón don Isidoro Errázuriz, aceptó por decreto del 13 de Diciembre de 1891 que el Liceo de Niñas, fundado en Valparaíso por la Sociedad de Padres de familia, pasara, bajo el nombre de "Instituto Carlos Waddington", a la dependencia absoluta del Estado, a cargo del cual correría de allí en adelante su mantención y progreso" (Labarca 1939, 200).
En 1894 se inaugura en Santiago el Instituto para Señoritas, institución fiscal bajo la dirección de la señora Juana Gremler quien se desempeñaba hasta entonces como inspectora de los liceos de niñas subvencionados. (La Nueva República 21 mayo 1894)
El camino para incrementar la enseñanza femenina fiscal estaba siendo abierto. En 1892 Valentín Letelier escribe
"No se podría aducir razón alguna, siquiera de mediano peso, para justificar la práctica común de dar una educación a un sexo y otra radicalmente diversa al otro. Comprender las causas verdaderas, las causas naturales de todas las cosas; es útil en igual grado a los individuos de uno y otro sexo. Para formarse hábitos higiénicos que conserven la salud, hábitos intelectauales que lleven a la verdad, hábitos morales que fortalezcan en la virtud, una misma educación sirve a hombres y mujeres; y las patrañas, las supersticiones y la ignorancia les perturban por igual el criterio y no se extirpan en unos y otras sino por medio del estudio y de la ciencia" (1912 2ª ed., 155)
OBRAS CITADAS
La Nueva República, 21 mayo 1894
El Ferrocarril, 7 de enero de 1877
El Ferrocarril, 17 de enero de 1877
El Santa Lucía. Semanario. Abril 1874.
Fuenzalida Grandón, Alejandro
1889 Lastarria y su tiempo :212-221, 308 (Obra premiada en elCertámenVarela).
Hostos, Eujenio M.
1873a "La educación de la mujer" Discursos leídos ante la Academia de Bellas Letras. Santiago:Imprenta del Sud-América, :3-29.
1873b "La Educación científica de la mujer". Carta contestación al señor Luis Rodríguez Velasco. (Lectura hecha en la Academia de Bellas Letras). Santiago, julio 21 de 1873. Revista Sud-América.Santiago: Revista Científica Literaria. :608-632.
Lagarrigue, Juan Enrique
187.. "El buen sentido de una mujer" Revista Chilena Santiago de Chile: Imprenta República. :78-81.
Labarca, Amanda
1939 Historia de la educación en Chile Publicaciones de la Universidad de Chile.Santiago: Imprenta Universitaria.
Lira, Máximo
1872 "La Mujer" El Independiente, Diciembre
Moreyra, Florencio R.
1877 "Ligeras observaciones al proyecto de educar científicamente a la mujer" Marzo 15 de 1877. Revista Chilena Tomo VII. Santiago de Chile: Imprenta República. :603-605.
Orrego Luco, Augusto
1873 "La educación de la mujer" (Carta a don Fanor Velasco leída en la Academia de Bellas Letras). Agosto, 24 de 1873. La Revista de Santiago Tomo III. Imprenta Nacional.:402- 413.
Pinochet Le-Brun, José E.
1902 Monografía del Liceo "Isabel Le-Brun de Pinochet ” presentada a la Esposición de Enseñanza celebrada en Santiago de Chile en Diciembre de 1902. Santiago: Imprenta Moderna.
Rodríguez Velasco, Luis
1873 "Lijeras observaciones sobre la educación de la mujer". Lectura dada en la Academia de Bellas Letras. Julio 25 de 1873. Revista Sud-América. Santiago: Revista Científica Literaria. Julio. :527-541.
Turenne, Ernesto.
1877 Profesiones Científicas para la mujer Santiago de Chile: Imprenta de la República,
Valentín Letelier
1892 Filosofía de la Educación Santiago, 2ª ed.1912, 155. (Citado en Labarca 1939,193).