|
Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Kronstadt y los bolcheviques
Por qué estamos luchando (1921)
Programa de Kronstadt
Después de realizar la Revolución de Octubre, la clase trabajadora había esperado lograr su emancipación. Pero el resultado fue un esclavizamiento aun mayor de la personalidad humana. El poder de la policía y de la monarquía gendarme pasó a manos de los usurpadores comunistas, que en lugar de dar libertad al pueblo le infundieron el constante temor de caer en las cámaras de tortura de la Cheka, que excedieron de lejos por sus horrores a la administración gendarme del régimen zarista. Las bayonetas, las balas y las torvas órdenes de los oprichniki de la Cheka es lo que obtuvieron los trabajadores de Rusia soviética luego de mucha lucha y sufrimiento. El glorioso emblema del Estado de los trabajadores -la hoz y el martillo- ha sido reemplazado de hecho por la bayoneta y la reja carcelaria por las autoridades comunistas, con el fin de mantener la tranquilidad y despreocupada vida de la nueva burocracia de comisarios y funcionarios comunistas.
Pero lo más infame y criminal de todo es la servidumbre moral que inauguraron los comunistas: pusieron también sus manos en el mundo íntimo de los trabajadores forzándolos a pensar a la manera comunista. Con ayuda de los sindicatos burocratizados ligaron a los obreros a sus bancos de trabajo, de modo que la tarea se transformó no en un motivo de alegría sino en una nueva forma de esclavitud. A las protestas de los campesinos, expresadas en levantamientos espontáneos, y a las de los obreros, cuyas condiciones de vida los impulsaron a la huelga, respondieron con ejecuciones masivas y derramamiento de sangre, en las cuales no los sobrepasaron ni siquiera los generales zaristas. La Rusia de los trabajadores, que fue la primera en alzar la bandera roja de la emancipación del trabajo, está empapada en la sangre de los martirizados por la gloria de la dominación comunista. En este mar de sangre los comunistas están ahogando todas las grandes y brillantes promesas y consignas de la revolución de los trabajadores. El cuadro ha adquirido perfiles cada vez más netos, y ahora está claro que el Partido Comunista ruso no es el defensor de los trabajadores como pretende ser. Los intereses del pueblo trabajador le son ajenos. Obtenido el poder, sólo teme perderlo, y por lo tanto estima aceptables todos los medios: la calumnia, la violencia, el engaño, el asesinato, la venganza sobre las familias de los rebeldes. La larga y sufrida paciencia de los trabajadores está llegando a su término. Aquí y allá la tierra se va iluminando con los fuegos de la insurrección, en una lucha contra la opresión y la violencia. Han comenzado las huelgas obreras, pero los agentes de la okhrana bolchevique no están dormidos y han tomado todas las medidas para prevenir y reprimir la inevitable tercera revolución. Pero sin embargo ésta ha llegado, y la están realizando las manos de los trabajadores mismos. Los generales del comunismo ven claramente que es el pueblo el que se ha levantado, convencido de que se han traicionado las ideas del socialismo. Sin embargo, como tiemblan por su piel y se dan cuenta de que no escaparán de la cólera de los trabajadores, tratan aún, con ayuda de sus oprichniki, de aterrorizar a los rebeldes amenazándolos con la prisión, los pelotones de fusilamiento y otras atrocidades. Pero la vida bajo el yugo de la dictadura comunista se ha vuelto más terrible que la muerte.
El pueblo trabajador sublevado comprende que no hay un punto medio en la lucha contra los comunistas y la nueva servidumbre que éstos instauraron. Hay que ir hasta el fin. Los comunistas quieren aparecer como haciendo concesiones: en la provincia de Petrogrado fueron retirados los destacamentos camineros y se adjudicaron 10 millones de rublos oro para la adquisición de alimentos en el exterior. Pero no hay que engañarse, pues por detrás de este cebo se oculta la mano de hierro del señor, el dictador, que piensa recuperar cien veces sus concesiones cuando se restablezca la calma.
No, no puede haber ningún punto medio. ¡Victoria o muerte! El ejemplo lo está dando Kronstadt Roja, amenaza para los contrarrevolucionarios de derecha e izquierda. Allí se ha dado el nuevo paso adelante en la revolución. Allí se alzó la bandera de la rebelión contra una violencia y opresión del dominio comunista que ya lleva tres años y que ha eclipsado al yugo de trescientos años del monarquismo. Allí en Kronstadt se ha puesto la primera piedra de la tercera revolución, rompiendo las últimas cadenas de las masas laboriosas y abriendo un nuevo y amplio camino para la creatividad socialista.
Esta nueva revolución levantará también a las masas trabajadoras del este y del oeste, pues servirá como ejemplo de la nueva construcción socialista, por oposición a la "creatividad" burocrática comunista. Las masas trabajadoras del exterior verán con sus propios ojos que todo lo creado hasta ahora aquí por la voluntad de los obreros y campesinos no era socialismo. Sin un solo tiro, sin derramar una sola gota de sangre, se ha dado el primer paso. Los trabajadores no necesitan sangre. Sólo la verterán en un momento de autodefensa. Pese a todos los actos ultrajantes de los comunistas, tenemos bastante moderación para limitarnos sólo a aislarlos de la vida pública, de modo que su agitación maliciosa y falsa no obstaculice nuestro trabajo revolucionario.
Los obreros y campesinos marchan sin cesar adelante, dejando tras de sí a la Asamblea Constituyente con su régimen burgués, y a la dictadura del partido comunista con su Cheka y su capitalismo de Estado, cuyo lazo corredizo rodea el cuello de las masas trabajadoras y amenaza estrangularlas. La presente contingencia da por fin a los trabajadores la oportunidad de tener sus soviets libremente elegidos, que funcionen sin la más mínima presión partidaria, y de reconstruir sus sindicatos burocratizados transformándolos en asociaciones libres de obreros, campesinos e intelligentsia trabajadora. Se ha quebrado, finalmente, el garrote de vigilante de la autocracia comunista.
Socialismo entre comillas (1921)
Programa de Kronstadt
Al hacer la Revolución de Octubre los marineros y los soldados rojos, los obreros y los campesinos vertieron su sangre por el poder de los soviets, por la creación de una República de trabajadores. El partido comunista prestó estrecha atención a las actitudes de las masas. Al inscribir en su bandera seductoras consignas que agitaron a los trabajadores, logró atraerlos a su campo y les prometió conducirlos a un brillante reino del Socialismo, que sólo los bolcheviques sabían cómo erigir.
Naturalmente, una alegría sin límites se apoderó de obreros y campesinos. "Por fin la esclavitud que hemos soportado bajo el yugo de los terratenientes y los capitalistas se está transformando en una leyenda", pensaron. Parecía que hubiera llegado la época del trabajo libre en los campos, fábricas y talleres. Parecía como si todo el poder hubiera pasado a manos de los trabajadores.
La habilidosa propaganda llevó a los hijos del pueblo trabajador a integrar las filas del partido, donde fueron aherrojados por una severa disciplina. Luego, cuando los comunistas se sintieron suficientemente fuertes, primero desalojaron del poder a los socialistas de otras tendencias; después apartaron a los obreros y campesinos mismos del timón de la barca del Estado, mientras continuaban gobernando el país en su nombre. Los comunistas sustituyeron ese poder que usurparon por el dominio arbitrario de los comisarios sobre el cuerpo y el alma de los ciudadanos de Rusia soviética. Contra toda razón y contra la voluntad de los trabajadores, comenzaron a construir tenazmente el socialismo de Estado, con esclavos en lugar de trabajadores libres.
Luego de desorganizar la producción bajo el sistema de "control por los obreros", los bolcheviques procedieron a nacionalizar las fábricas y talleres. Los trabajadores se transformaron de esclavos de los capitalistas en esclavos de las empresas estatales. Pronto esto no fue suficiente, y entonces planearon introducir el método de trabajo acelerado al máximo: el sistema de Taylor. Todo el campesinado trabajador fue declarado enemigo del pueblo e identificado con los kulaks. Con gran energía los comunistas se dieron a la tarea de arruinar a los campesinos, ocupándose ellos mismos de crear granjas estatales -las estancias del nuevo terrateniente, el Estado-. Esto es lo que los campesinos han recibido del socialismo de los bolcheviques en lugar del libre uso de las tierras que acababan de conquistar. A cambio del cereal incautado y las vacas y caballos confiscados, recibieron incursiones de la Cheka y pelotones de fusilamiento. ¡Excelente sistema de intercambio en un Estado de trabajadores: plomo y bayonetas por pan!
La vida de los ciudadanos se volvió desesperadamente monótona y rutinaria. Uno vivía de acuerdo con las tablas cronológicas fijadas por la autoridad que correspondiera. En lugar del libre desarrollo de la personalidad individual y de una vía de trabajo libre, surgió una esclavitud extraordinaria y sin precedentes. Todo pensamiento independiente, toda crítica justa a los actos de los gobernantes criminales se transformaron en un delito castigado con la prisión, y a veces incluso con la ejecución. En una "sociedad socialista" comenzó a florecer el castigo capital, esa profanación de la dignidad humana.
Tal es el brillante reino del socialismo al cual nos ha llevado la dictadura del Partido Comunista. Hemos obtenido el socialismo de Estado con soviets de funcionarios que votan obedientes de acuerdo con los dictados del comité del partido y sus infalibles comisarios. El lema "quien no trabaje no comerá", fue distorsionado por el nuevo orden "soviético" y transformado en "Todo para los comisarios". Para los obreros y campesinos y la intelligentsia trabajadora sólo queda el trabajo descolorido y sin descanso en un ambiente carcelario.
La situación se ha vuelto intolerable, y Kronstadt Revolucionaria fue la primera en romper las cadenas y los barrotes de hierro de esta prisión. Está luchando por un tipo diferente de socialismo, por una República Soviética de trabajadores, en la cual el productor mismo será el único dueño y podrá disponer de sus productos como le parezca adecuado.
|