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Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Helenos
Heródoto: Una visión de la sociedad en el antiguo Egipto
En uno de los excursos de sus Historias Heródoto de Halicamaso (c. 485-425 a. C.) nos describe el sistema de castas del viejo Egipto. Él significado y origen de algunos nombres no ha podido ser suficientemente verificado. Haciendo un rudimentario comparativismo, el historiador griego establece similitudes entre los habitantes del Nilo y otros pueblos del Mediterráneo oriental.
Heródoto de Halicarnaso, Historias. Clío.
Por cierto, hay siete castas de egipcios, cuyos componentes reciben las siguientes denominaciones: casta de los sacerdotes, de los guerreros, de los boyeros, de: los porquerizos, de los mercaderes, de los intérpretes y de los pilotos. Tal es el número de las castas de los egipcios y reciben sus nombres en razón de sus oficios.
Por su parte, los egipcios que pertenecen a la casta de los guerreros se denominan Calasirios y Hermotibios y proceden de los siguientes nomos (pues sucede que todo Egipto está dividido en nomos). Los de los Hermotibios son los siguientes: los nomos Busirita, Saita, Quemita, Papremita, la isla que se llama Prosopítide y la mitad de Nato. De estos nomos proceden los Hermotibios, que, cuando más numerosos fueron, llegaron a ciento sesenta mil. Y ninguno de ellos ha aprendido oficio manual alguno, sino que están consagrados a las armas.
A su vez, los nomos de los Calasirios son estos otros: los nomos Tebano, Bubastita, Aftita, Tanita, Mendesio, Sebenita, Atribita, Farberita, Tmuita, Onufita, Anitio y Miecforita (este nomo se halla situado en una isla frente a la ciudad de Bubastis). Éstos son los nomos de los Calasirios, que, cuando más numerosos fueron, llegaron a doscientos cincuenta mil hombres. Tampoco a éstos se les permite ejercer ningún oficio: únicamente ejercen el arte de la guerra, actividad en la que se suceden de padres a hijos.
Ahora bien, no puedo determinar categóricamente si los griegos han aprendido, asimismo, de los egipcios esta costumbre, pues veo que también los tracios, los escitas, los persas, los lidios y casi todos los bárbaros consideran menos respetable aquellos conciudadanos suyos que aprenden los oficios artesanales, e igualmente a sus descendientes; en cambio tienen por nobles a quienes se abstienen de ejercer profesiones manuales y, principalmente, a quienes están consagrados al arte de la guerra. Sea como fuere, esta costumbre la han adoptado todos los griegos y, principalmente, los lacedemonios; siendo en cambio los corintios quienes menos desprecian a los artesanos.
Además de los sacerdotes eran los únicos egipcios que contaban con los siguientes privilegios especiales: cada uno tenía asignados doce arurai de tierras libres de impuestos. (La arura un cuadrado de cien codos egipcios de lado y el codo egipcio es exactamente igual al samio.) Esta prerrogativa, pues, la tenían asignada todos los guerreros, pero también gozaban por turno -y nunca los mismos- de los siguientes: mil Calasirios y otros tanto Hermotibios integraban cada año la guardia personal del rey. Pues bien, a estos contingentes, además de los arurai, se les concedían diariamente estas otras remuneraciones: una medida de cinco minas de trigo cocido, dos minas de carne de buey y cuatro aristeres de vino a cada uno. Esto es lo que se concedía a quienes periódicamente integraban la guardia.
Tucídides: Orígenes de la guerra del Peloponeso
Hombre de estado y de estado y de letras Tucídides (460-395 a. C.) escribió una notable obra: Historia de la guerra del Peloponeso. Aunque dentro de un estilo eminentemente narrativo, el autor hace una serie de consideraciones sobre la naturaleza del conflicto civil que envolvió a las ciudades griegas en el último cuarto del siglo v a. C.
Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, libro 1
Tucídides el ateniense relató la guerra entre peloponesios y atenienses, describiendo cómo lucharon unos contra otros, y se puso a ello apenas fue declarada por considerar que iba a ser grande y más famosa que todas las anteriores. Se fundaba en que ambos bandos estaban en muy buena situación para ella, gracias a sus preparativos de todas clases, y en que veía que el resto de los griegos se aliaba a uno u otro partido, unos inmediatamente y otros retrasando el momento. Pues fue éste, efectivamente, el mayor desastre que haya sobrevenido a los griegos y a una parte de los bárbaros, y por así decirlo, a la mayoría de los hombres. Los sucesos anteriores a éstos, y los más antiguos, me resultó imposible, en verdad, conocerlos exactamente, debido al largo tiempo transcurrido; pero a juzgar por los indicios en que tengo confianza cuando miro lo más lejos posible, no creo que fueran de importancia ni en cuanto a las guerras ni en cuanto a lo demás...
De las guerras anteriores, las más importantes fueron las Médicas, y, sin embargo, tuvieron una solución rápida en dos batallas navales y dos terrestres. La duración de esta guerra, en cambio, fue de mucho tiempo, y aconteció que en ella Grecia sufrió desastres mayores que otros cualesquiera acaecidos en igual espacio de tiempo; pues nunca habían sido tomadas y dejadas sin habitantes tantas ciudades, unas por los bárbaros, otras por los mismos griegos luchando unos contra otros (hay algunas incluso que al ser tomadas cambiaron de habitantes), ni había habido tantos destierros y muertes, unas en la guerra y las otras por las luchas civiles. Y cosas que antes contaba la tradición, pero que raramente eran confirmadas por los hechos, resultaron verosímiles; así en lo relativo a los terremotos, que afectaron a un territorio muy extenso y fueron al mismo tiempo muy violentos; eclipses de sol, que sucedieron con más frecuencia de lo que se recordaba de los tiempos pasados; y grandes sequías en algunos pueblos, y hambres procedentes de ellas, y la peste, que no fue la que menos daño hizo y aniquiló una parte de la población; estas cosas todas se lanzaron contra Grecia acompañando a esta guerra. La iniciaron los atenienses y los peloponesios al rescindir el tratado de paz por treinta años que concertaron después de la toma de Eubea. Las causas y las divergencias, por las cuales lo rescindieron, las doy antes de empezar, para que nadie tenga que investigar algún día por qué tuvo lugar entre los griegos una guerra tan grande. Creo, a saber, de acuerdo con la causa mas verdadera, pero menos aparente por lo que se dice, que los atenienses, al hacerse poderosos y producir miedo a los lacedemonios, les forzaron a luchar; mientras que las explicaciones que se daban públicamente eran las que cada bando ofrecía, pretendiendo que por ellas había quebrantado el tratado y entrado en la guerra...
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