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Mario R. Cancel, historiador | Portada
Siglo 16: Sir Francis Drake
Relación de lo sucedido en S. Juan de Puerto-Rico de las Indias, con la armada inglesa, del cargo de Francisco Draque y Juan Aquines, á los 23 de Noviembre de 1595 años. Real Academia de la Historia de Madrid. Varios. No. 2. Folios 203-209.
Miércoles 22 del dicho mes de Noviembre, al amanecer, se descubrió la armada enemiga, la vista de tierra con 23 velas, y una carabela latina, los seis galeones de la Reina de ochocientas toneladas y dos naos del mismo porte, y los demás navios de trecientas y de ciento cincuenta, y de ahi abajo, y cuarenta lanchas, navegando bien recogidas, luego se tocó á arma y cada cual acudió á su puesto con mucha alegria y buen ánimo de pelear, el viento era poco y ansi venia con espazio hasta que entró la brisa. Venia delante la caravela latina, y algunas lanchas sondando la costa con vanderas blancas en señal, y llegándose una en frente del Boquerón, le tiraron de allí con una pieza, que la hizieron retirar á la mar y luego pusieron otras vanderas coloradas, y pasando delante, después de medio dia, dio fondo toda la armada en frente de la caleta del Cabrón, donde jamas se bió surxir ningún navio por ser costa y donde no se sabia que se podia dar fondo, hasta después de ser ido el enemigo, que embió el jeneral á sondar la parte donde estruvo, y se alió de veinte á treinta brazas en limpio, y según lo que se entendió era su fin echar alli jente debajo de su artillería, pareziéndole aliarnos desapercibidos y que no ubiese ninguna nuestra que se le resistiese, y el pasó y allóse engañado.
Estando junta la dicha armada en la parte que digo, los nuestros le tiraron muchas piezas de artillería, del Morrillo y de la caleta del Cabrón, tanto que algunas bala le hizieron daño, por lo que después se supo que le mataron á Juan Aquines, jeneral de la una escuadra y á dos caballeros de los principales que con el venían y otra jente, y que á Francisco Draque, le llevaron la mesa donde estava comiendo, y la vala dio á un personaje que con él venia, que se supo no escapará.
Viendo el enemigo el daño que de tierra se le azia, embió la caravela latina, con un piloto ysleño de nación. mulato, que dizen es muy plático en estas partes, llevando consigo cinco lanchas, la buelta del puerto á reconocerle y á sondear junto la boca del yslote que llaman ysla de Cabras, que está á la vanda del Oeste, y después de aver fondado bolvió la una lancha á dar aviso al armada, la qual se desaloxó luego de allí á las cinco de la tarde sin aber tirado pieza, ni un solo mosquete en todo el tiempo que alli estubo, y se fue buelta de la mar y de una y otra se anduvo aquella noche, asta otro dia.
Jueves siguiente, á las 8 de la mañana, fué á surgir toda la armada, al socaire del yslote, que el dia antes avian sondado junto al puerto, que fué otro nuebo surgidero, no conozido asta entónzes, por ser fondo de sesenta brazas sobre bajos, sujeto á que con qualquiera tiempo de brabeza, se pudiera perder en la costa, allí estubo, siendole el tiempo faborable, sin poderla alcanzar nuestra artillería, y aquella tarde embió dos lanchas á sondear la play de Bayamon, asta la estacada del Cañuelo, y a reconocer aquellos bajos, para ver si por alli podría echar jente en tierra, y en la una lancha bien entoldada fué Francisco Draque, por lo que después se supo.
Visto por Don Pedro Tello, á cuyo cargo estava el puerto, las diligenzias que el enemigo hazia, y pareziéndole que abía de acometer por la estacada del Cañuelo, rompiéndola aquella noche con lanchas para echar jente en tierra, acudió al jeneral á dalle cuenta dello, y á pedille jente para que fuesen á defender aquel paso, y el jeneral ordenó que aquella tarde estubiese allí el capitán Agustin de Landecho, con treinta soldados, y que á la noche fuesen cincuenta soldados á cargo del veedor Martin Romero de Caamaño, con orden de que si la fuerza del enemigo fuese superior, se retirase con la jente en los barcos á las fragatas, para hacerse fuertes en ellas.
El dicho jueves 23 dia de San Clemente, á las diez de la noche, con la oscuridad, acometió el enemigo al puerto, con veinte y cinco lanchas, y en cada una, de cincuenta á sesenta personas bien armadas, con fin de quemar las fragatas, según lo que se vio, y todas entraron animadas á la plataforma del Morro, metiéndose debajo de la artillería y según lo que después se supo, Francisco Draque vino en la una hasta la boca del puerto, á meter las demás, y aunque hazia oscuro, se bieron las lanchas, y luego comenzó á jugar la artillería del Morro y del fuerte de Santa Elena, y las fragatas muy apriesa, y las mas de las lanchas embistieron con la fragata Tejeda, capitana, poniéndole fuego por la proa, echándole dentro muchas alcancías y bombas de fuego, y los nuestros con mucha diligencia lo apagaron sin daño ninguno, peleando con artillería, mosquetería, piedras y al mismo tiempo pusieron fuego á la fragata Santa Isabel,, y á la fragata Madalena y á Santa Clara; el qual se apagó„ y la tercera vez que se enzendió, en la fragata Madalena de que era capitán, Domingo de Ynsaurraga, no se pudo apagar por aberse encendido por popa con mucha furia, y todo lo que dio lugar á poder estar en ella y pelear, lo hizo el dicho capitán y la jente que con él se alió, asta que estava ya casi quemada y muertas doce personas de la mosquetería del enemigo, y otras tantas que se quemaron, y el dicho capitán se escapó á nado por medio de las lanchas, fué á la fragata Santa Isabel que estaba á cargo del capitán Juan Flores de Rabanal, en lugar del capitán Pedro de Guia que tenia un sitio de tierra á su cargo, y allí ayudó á todo lo que se ofrezió. Duró el pelear una hora, la mas reñida que se ha visto, y con el fuego de la fragata que se quemo, aclaró todo el puerto, de manera que fué bien para las demas que se vian, para sentar nuestra artillería y la de los fuertes, con la qual y con la mosquetería y piedras que de la fragata se tiraron, les hizieron tanto daño, que se retiraron á cabo de una hora, que como digo se peleaba con pérdida de nueve é diez lanchas, y mas de cuatrocientas personas, sin otros muchos que fueron heridos, no habiendo de nuestra parte mas de la pérdida de la fragata y cuarenta personas muertas y quemadas y algunas heridas de la mosquetería; fué muy de ver lo bien que las fragatas pelearon y cuan bien les acudió el artillería de los fuertes, particularmente el de Santa Elena que estaba mas á mano para ofender las lanchas.
Viernes 24 considerando que el enemigo habia de secundar aquella noche, y que habia de echar jente en tierra, dende que amaneció no cesaron prebenziones por nuestra parte, plantando artillería en algunos puestos de tierra, como fué en todo el Tejar, que estaba á cargo del Gobernador y del capitán Marco Antonio, con la jente del cuerpo : de guardia, en la caleta de Santa Catalina, se pasó el capitan Guia que antes estaba en el Morrillo con cincuenta arcabuceros, y en la caleta de los frayles junto á la fortaleza, otras dos piezas y treinta soldados, á cargo del veedor Martin Romero, y en todas partes se hizieron muchas trincheras y fortificaciones, trabajando cada qual con el azadón en lo mano sin que obiese negro que á ello ayudase, por que todos los vecinos los embiaron al monte con sus haziendas y mujeres, luego que asomó el enemigo.
Todavía, como á las ocho de la mañana, con el terral, se levó la armada enemiga vuelta á la mar, procurando ponerse á barlovento del puerto, y ansí andubo hasta la tarde, y pareziéndole á Don Pedro Tello, que esto era para entrarse de golpe en el puerto, fué á tierra á decille al jeneral que le parecia que el enemigo se venia derecho al puerto, y que con las dos naos que se habian echado á fondo no estaba del todo cerrada la canal, y que convenia echar dos fragatas en la parte que estaña libre, para que del todo se impidiese la entrada, pues era de mas importancia asegurar el puerto, que las dos fragatas, por muchas consideraciones y bien del servicio de S. M.
El jeneral Sancho Pardo, hizo luego junta del Gobernador y demás ministros, y luego acordaron que se echase una fragata á fondo en el canal, en caso que no bastare, un navío de Pedro Sedeño que estaba cargado de mercadurías, y otro de menos porte, los cuales se echaron luego como estaban, pues la brevedad del tiempo no daba lugar á la descarga, y que la fragata se echase cuando al dicho Don Pedro le pareziese convenir.
A las cuatro de la tarde, venia el enemigo con la brisa caminando hacia el puerto, y creyendo Don Pedro Tello que nenia derecho á él, echó á fondo los dos navios de Sedeño y Juan Diaz de Santana, y la fragata Tejeda, sin que la brevedad del tiempo diese lugar á sacarle todos los bastimentos y artillería, aunque alguna parte se sacó, y con esto se cerró toda la entrada de la canal, y el enemigo á la oración surgió entre el Morro y la ysla de Cabras, donde estuvo surto la noche antes.
Visto que la armada estaba surta y mas cerca de la entrada del puerto, se volvió á conformar la sospecha que se tenia, de que aquella noche habia de procurar acabar de quemar las fragatas y echar jente en tierra. Don Pedro Tello, con acuerdo del jeneral, hizo retirar las tres fragatas el puerto adentro y las metieron en el Tejar con jente de guardia por asegurarlas, y no temiendo que echasen jente en tierra, viendo cuan bien dispuesto estaban los ánimos de los nuestros y todos los sitios y desembarcaderos atrincherados y fuertes, y el retirar las fragatas fué ya de noche. cuando el enemigo no lo pudo ver, y ansi el otro dia por la mañana entendió que todas las habia echado á fondo. Aquella noche se estubo sosegado sin hacer ninguna demostración; por nuestra parte bien á la mira.
Sábado 25 luego de mañana, envió el enemigo siete ó ocho lanchas á reconocer el puerto y toda la costa hasta el Boquerón, desviándose de tierra porque nuestra artillería no los ofendiese, y á las diez de la mañana volvieron á recojerse al armada que estaba junta en la parte dicha.
Este dia á las dos de la tarde asomó nuestra caravela que habia ido ocho dias antes á descubir á el enemigo, y como por los nuestros fué vista, le tiraron una pieza del Boquerón para que se recojiese sin ir al puerto, y de la armada le siguieron algunas lanchas hasta la playa de Cangrejos donde varó, y parte de la caballería acudió á socorrer la jente, y Francisco González que venia por piloto y capitán de la dicha carabela, la sacó un rumbo porque el enemigo no la llevase, y ansi las lanchas se alargaron y se volvieron sin hacer presa.
El dicho sábado en la noche, se hizo á la vela toda la armada sin ser vista, y se fué, y viendo los nuestros á la mañana que no parezia, se embió luego personas por tierra prolongando la costa del Oeste, para que viesen si parezia ó habia pasado por allí como se entendía iba á Santo Domingo.
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