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Charles Fourier (1772-1837)
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Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Socialismo francés
Charles Fourier, Falansterio
Confieso que es anuncio muy inverosímil el de un procedimiento para asociar trescientas familias desiguales en fortuna y retribuir a cada persona, hombre, mujer, niño, según las tres facultades: capital, trabajo, talento. Más de un lector se creerá muy gracioso, diciendo: Que pruebe el autor a asociar tan sólo tres familias, de conciliar en un mismo departamento tres hogares en reunión socialista, en combinación de compras y gastos, y en perfecta armonía de pasiones, de caracteres y de autoridad; cuando haya logrado conciliar tres dueñas de casa asociadas, creeremos que puede lograrlo de treinta y de trescientas.
Reproduciré -porque es bueno repetir ciertas cosas- la respuesta que en otro lugar di a ese argumento: He observado que las economías no pueden surgir sino de las grandes reuniones. Dios ha debido de componer una teoría social aplicable a masas numerosas y no a tres o cuatro familias.
Una objeción más sensata en apariencia, y que será preciso más de una vez refutar, es la de las discordias sociales. ¿Cómo conciliar las pasiones, los conflictos producidos por el interés, los caracteres incompatibles, en fin, los disparates innumerables que engendran tantas discordias?
Se ha podido ver que hago uso de una balanza completamente desconocida y de cuyas propiedades no puede juzgarse hasta que no las haya explicado. La serie pasional contrastada no se alimenta sino de esos disparates que desorientan a la política civilizada; obra como el labrador que, de un montón de estiércol, saca gérmenes de riqueza; los detritus, el fango, el excremento y las materias inmundas que sólo servirán para ensuciar e infectar nuestras casas se convierten para él en fuentes de fortuna.
Si las pruebas socialistas han fracasado, es porque la fatalidad ha impulsado a todos los especuladores a operar con masas de gentes pobres a quienes se somete a una diciplina monástico-industrial, obstáculo principal para el juego de las series. En esta, como en toda cuestión, la sencillez extravía a los civilizados que, abortados sus ensayos de asociación pobre, no pueden concebir el éxito bueno de una asociación de ricos. Son verdaderos “lemmings (ratas viajeras de Laponia) que prefieren ahogarse en un estanque, antes que desviarse en su camino, de la línea adoptada (1).
Se necesita para una Asociación de 1.500 a 1.600 personas un terreno de una legua cuadrada, o sea una superficie de seis millones de toesas cuadradas (no olvidemos que con el tercio basta para el método sencillo) (2).
Que el país esté provisto de una buena corriente de agua, cortado por colinas y propio para cultivos variados, cercano a un bosque y poco alejado de una gran ciudad, aunque lo bastante para evitar importunos. La Falange de ensayo, estando sola y sin apoyo de falanges vecinas tendrá, por consecuencia de tal aislamiento, tantas lagunas de atracción, tantas calmas pasionales que temer en sus maniobras, que será necesario proporcionarle cuidadosamente el recurso de un buen local apropiado a las variedades de las funciones. Un país llano como Amberes, Leipzig, Orleans, sería del todo inconveniente y haría abortar muchas series, con igual superficie de terreno.
Será preciso, pues, buscar un país quebrado como los alrededores de Lausana o a lo menos un hermoso parque de agua corriente y bosque, como el que se extiende entre Bruselas y Halle. Un hermoso sitio cerca de París sería el terreno situado entre Poissy y Conflans o entre Poissy y Menlan.
Se reunirán mil quinientas o mil seiscientas personas de desiguales fortunas, edades, caracteres y conocimientos teóricos y prácticos, graduando la desigualdad; se cuidará de que exista la mayor variedad posible, pues cuanto mayor variedad exista en las pasiones y facultades de los asociados, más fácil será armonizarlos en poco tiempo.
Se deben, pues, reunir en ese cantón de ensayo, todos los trabajos de cultivo practicables, incluso los de jardinería natural y de estufa; añádanse para los ejercicios de invierno y de los días lluviosos a lo menos tres manufacturas accesorias y además diversas ramas de práctica en ciencias y artes, independientemente de las escuelas.
Se deberá, ante todo, legislar sobre la avaluación de los capitales entregados accionariamente; tierras, materiales, rebaños, instrumentos, etc. Este detalle es uno de los primeros de que hay que ocuparse, creo, con objeto de su reembolso. Limitémonos a decir que se acreditarán todas esas entregas con acciones y cupones de acciones transferibles.
Una gran dificultad que superar en la Falange de ensayo, será la de llegar a formar los vínculos de alta mecánica o colectivos de las series, antes de que termine el estío. Será preciso, antes de que vuelva el invierno, llegar a ligar pasionalmente la masa de los asociados, conducirlos a la abnegación colectiva e individual para el sostenimiento de la Falange, y sobre todo para el acuerdo perfecto en el reparto de los beneficios en razón a las tres facultades: Capital, Trabajo, Talento.
Esta dificultad será mayor en los países del Norte que en los del Mediodía, por la diferencia del tiempo que dura el ejercicio agrícola; de cinco a ocho meses.
Una Falange de ensayo, como no puede principiar sino con los trabajos agrícolas, no entrará en ejercicio hasta el mes de mayo (en un clima a los 50 grados), como los alrededores de Londres o París; puesto que necesita, antes de que cesen esas faenas, antes de octubre, llegar a formar los vínculos generales, los nudos armónicos de las series, y sólo tendrá unos cinco meses de pleno ejercicio en las regiones a 50 grados, lo que obliga a efectuar tal operación en muy corto plazo.
La prueba será, pues, mucho más cómoda en los países templados, como Florencia, Nápoles, Valencia, Lisboa (3) en los que pueden contarse ocho o nueve meses de pleno cultivo; y resulta tanta mayor facilidad para consolidar esos vínculos, cuanto que sólo se necesitan franquear tres o cuatro meses de calma pasional para que llegue la segunda primavera, época en la cual, al reanudar la Falange sus faenas agrícolas, reestrechará sus vínculos con mucha mayor actividad, dándoles un grado de intensidad muy superior al del primer año; entrará entonces en el período de consolidación y será bastante fuerte para evitar las calmas pasionales en el segundo invierno.
Se verá en el capítulo de las lagunas de atracción, que la primer Falange por causa de su soledad social y otras trabas inherentes al cantón de ensayo, tendrá que salvar doce obstáculos especiales, los cuales no existirán ya para las subsiguientes falanges. Por eso importaría mucho, en ese cantón de ensayo, contar con el auxilio de los cultivos prolongados, de ocho a nueve meses, como en Nápoles, Valencia o Lisboa.
En cuanto a la elección entre los pretendientes ricos y pobres, deberá hacerse, fijándose para ella en ciertas cualidades que la civilización considera viciosas o inútiles. Tales son:
La fineza del oído musical;
La cultura en el seno de las familias;
La aptitud para las bellas artes;
y seguir varias reglas opuestas a las ideas filosóficas:
Preferir las familias con pocos hijos;
Introducir un tercio de célibes;
Buscar los caracteres tildados de caprichosos;
Establecer la escala graduada en edades, fortunas y luces.
Dada la necesidad de la educación unitaria y la fusión de las clases con los niños, recomendé y reiteré como consejo, que se elijan para la Falange de ensayo familias cultas y educadas, sobre todo en las clases inferiores, ya que será preciso en los trabajos mezclar esta clase con la rica, y hacerles encontrar en tal amalgama un encanto, que dependerá en mucho de la cortesía de los inferiores. Por eso, y salvo mejor elección, sería muy conveniente para el ensayo, los pueblos de los alrededores de París, Blois y Tours.
Continuemos con los detalles del ayuntamiento.
Deberá tener, a lo menos, las siete octavas partes de sus miembros entre agricultores y manufactureros; el octavo se compondrá de capitalistas, sabios y artistas.
La Falange estaría mal graduada, y sería difícil de equilibrar, si entre los capitalistas se hallasen varios ricos de 100.000 francos y varios de 50.000, sin fortunas intermedias. En tal caso, habría que procurarse capitalistas intermedios de 60, 70, 80 y 90 mil francos. La Falange mejor graduada en todo sentido, eleva la armonía social y los beneficios al más alto grado.
Creerán algunos que nuestros sibaritas no querrán asociarse con Bertoldo y la Marcolfa; lo están ya hoy, y creo haberlo hecho advertir en otro lugar. El rico, ¿no está hoy obligado a debate sobre sus intereses con veinte campesinos que tienen sus granjas y que se ponen de acuerdo para explotarlo? Es, pues, de hecho, socio de los campesinos, y está obligado a enterarse de los buenos y malos arrendatarios, a informarse de su carácter, de sus costumbres, de su competencia y de su solvencia. Está, pues, en sociedad muy directa y fatigosa con Bertoldo y la Marcolfa. En la Armonía, no será más que su socio indirecto, desembarazado de las cuentas de gestión que son arregladas por el regente, procurador y oficiales especiales, sin que el capitalista tenga necesidad de intervenir en ellas ni corra riesgo alguno de fraude. Será, pues, librado de los disgustos producidos por su actual sociedad con los campesinos; contrayendo una nueva, en la que no tendrá que facilitarles nada, y en la que no serán para él sino amigos oficiosos y desinteresados, con arreglo al régimen de las series y unión. Si en las festividades aparece a su cabeza, es que le habrá convenido aceptar el grado de capitán.
Así el argumento sobre repugnancias de asociación entre Creso y Juan Pueblo, ya asociados de hecho, no es, como los demás, sino una argucia sin sentido.
El edificio que habita una Falange no tiene ninguna semejanza con nuestras construcciones de la ciudad y campiña; y para fundar una gran armonía de mil seiscientas personas, no se podrá hacer uso de ninguno de nuestros edificios, ni aún de un gran palacio como el de Versalles, ni de un tan gran monasterio como el de El Escorial. Solamente podría aprovecharse uno u otro fundando una Armonía mínima de 200 o 300 y todo lo más 400 personas.
Los alojamientos, plantaciones y establos de una sociedad que opera por series de grupos, deben diferir prodigiosamente de nuestras ciudades y pueblos poblados por familias que no tienen ninguna relación socialista y que obran contradictoriamente: en vez de ese caos de casetas que rivalizan en suciedad y deformidad de nuestros pueblos (4) una Falange; se construye un edificio tan regular como lo permita el terreno. He aquí un esquicio de su distribución:
El centro del palacio o falansterio, debe dedicarse a las funciones apacibles, comedores, Bolsa, biblioteca, salas de reunión y de estudio, etc. En ese centro estará el templo, la torre del vigía, el telégrafo, las palomas mensajeras, el observatorio, la campana de ceremonias y el patio de invierno, adornado con plantas resinosas y situado al respaldo del patio principal.
Una de las alas debe reunir todos los talleres ruidosos, como carpintería, herrería, etc., y todas las reuniones infantiles que son tan bulliciosas en industria como en música. Se evitará con esta reunión uno de los más molestos inconvenientes de nuestras ciudades civilizadas, donde se encuentran en cada calle obreros de martillo, forjas o aprendices de clarinete, que rompen el tímpano de cincuenta vecinos.
La otra ala debe contener el hospedaje para viajeros, con salas de baile y de reunión de extranjeros a fin de que no asalten el centro del palacio, ni molesten la vida doméstica de la Falange.
El falansterio, o edificio de la Falange de ensayo, deberá constituirse con materiales de poco valor: maderas, hierro; porque, repito, que será imposible, en la primera prueba, determinar exactamente las dimensiones necesarias, sea para las series, bien para cada taller, almacén, establo, etc.
Un indicio del espíritu erróneo y de la impericia que reinan a este respecto, es que ley alguna no ha estipulado las obligaciones relativas sobre salubridad y embellecimiento.
Por ejemplo, que un municipio compre y derribe una manzana de casas ruinosas; ciertamente, las casas de los cuatro lados adyacentes ganarán en valor, porque el aire circulará sin estorbo y tendrán enfrente, en vez de ruinosas y sucias fachadas, una hermosa plaza con árboles y fuentes; habrán, pues, ganado considerablemente con esa demolición, y subido los alquileres respectivos en proporción. En buena justicia, deberían dar a la municipalidad una parte de sus beneficios, pues que les ha proporcionado un aumento de riqueza y de atractivo, esa transición del mal al bien.
Sin embargo, ley alguna les obliga a indemnizar con la mitad siquiera de ese beneficio obtenido. Lejos de ello, el propietario favorecido con esa mejora, no legará un óbolo a la municipalidad que lo enriqueció, y si aquélla le pide alguna subvención, alguna parte del beneficio, aunque sólo sea la cuarta, contestará irónicamente: Yo no he solicitado el derribo de esas casas que quitaban luz y aire a las mías; yo no debo indemnizar a la municipalidad por esos gastos de embellecimiento.
Jamás se ha soñado en la civilización con perfeccionar esa porción del vestido que se llama atmósfera, y con la cual estamos en continuo contacto. No basta modificarla en los salones de algunos ociosos, quienes, no por ello, al salir de ese hotel, dejarán de coger reumas y pulmonías. Es preciso modificar la atmósfera en sentido general, adaptado a todas las funciones del género humano; y esta reforma debe ser compuesta, llevada sobre lo esencial, o sea la gradación general de los climas, y sobre lo accesorio o gradación local, aún no conocida en nuestras capitales; pero se ve en París un bazar abierto titulado Palais Royal, cuyas cubiertas galerías no son ni calentadas en invierno ni refrescadas en verano. Es el superlativo de la pobreza en relación con el sistema socialista, en el cual, el más pobre de los hombres, tendrá calentadores y ventiladores, comunicaciones y tiendas al abrigo del calor y del frío, para todas las funciones, salvo algunas, como el correo, que es preciso hacer a pleno aire, cualquiera que sea la temperatura que reine; pero, sobre que la excepción confirma la regla, estas funciones se encargarán a individuos cuyos temperamentos se acomodarán a ellas y harán de ellas un juego por el gran beneficio que les proporcionarán.
Un armónico de los más miserables, sin un céntimo ahorrado, montará en carruaje en un pórtico templado y cerrado; se comunicará desde el Palacio a los establos por subterráneos bien pavimentados y cómodos; irá de su alojamiento a las salas públicas y a los talleres por calles abovedadas que serán calentadas en invierno y ventiladas en verano. Se pueden recorrer el mes de enero en la Armonía los talleres, establos, almacenes, salas de baile, de banquetes, de asambleas, Iglesia, etc., sin conocer si hace calor o frío, sin saber si llueve, nieva o ventisca: y los detalles que voy a dar sobre este particular me autorizan para decir, que si los civilizados en mi! años de estudios no han aprendido aún a alojarse, es poco sorprendente que no hayan llegado a saber dirigir y armonizar sus pasiones. Cuando fallan los más pequeños cálculos materiales pueden fallar mejor los grandes cálculos pasionales.
Esta comunicación abrigada, es tanto más necesaria en la Armonía, cuanto que los traslados son muy frecuentes, pues las sesiones de los grupos duran sólo una o dos horas. Si hubiera necesidad, en esos traslados, de una sala a otra, del establo al taller, salir a pleno aire, sucedería que en una semana de crudo invierno, los armónicos serían agobiados por reumas, fluxiones y pleuresía, cualquiera que fuese su vigor. Un estado de cosas que obliga a tan frecuentes traslaciones, exige imperiosamente comunicaciones abrigadas y esta es una razón para que sea difícil organizar en un monasterio la menor de las armonías, la del grado mínimo K, y eso que ésta sólo emplea gente de la clase más baja, ya bastante curtida contra las inclemencias del aire.
La calle-galería o Peristilo continuo está colocada en el primer piso. No puede adaptarse al piso bajo, el cual es preciso penetrar en diversos puntos con arcadas de carruaje.
Los que han visto la galería del Louvre o Museo de París, pueden considerarla modelo de una calle-galería de la Armonía que será casi igual y colocada en el primer piso, pero con diferencia de luces y de altura.
Se debe adoptar la proporción de engranaje por medio de la cual, un hombre o mujer que habite en el centro, puede ser inferior en fortuna a otro que habita en las alas, puesto que las principales habitaciones de las alas pagarán 650 francos, mientras las últimas del centro, sólo pagarán 550. Este engranaje de los valores de locación progresivos, da relieve a las series extremas de las alas o alones y previene las distinciones de la escala sencilla, que serían muchas veces ofensivas para el amor propio, germen de discordia que no se podría evitar por completo.
Toda Falange agrícola establece en sus distribuciones de comestibles siete clases, que son:
1° El comando, aproximadamente. 50 individuos.
2° Enfermos y patriarcas, también 50 individuos.
3° Primera clase, aproximadamente 100 individuos.
4° Segunda clase, aproximadamente 300 individuos.
5° Tercera clase, aproximadamente 900 individuos.
6° Niños de 2 a 4 ½ años, aproximadamente 100 individuos.
7° Los huéspedes, forasteros, número ilimitado.
K. Un lote de animales que comen los desperdicios y sobras.
La suma de los individuos es de 1 500.
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