Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Aztecas e Incas
LOS PRESAGIOS FUNESTOS SEGÚN LOS INFORMANTES DE FRAY BERNARDINO DE SAHAGÜN
Los textos que a continuación se presentan, traducidos directamente del náhuatl, se deben a los informantes indígenas de Sahagún, algunos de ellos testigos oculares de la Conquista. El primer texto narra una serie de presagios y prodigios funestos que afirmaron ver los antiguos mexicanos y de manera especial Motecuhzoma desde unos diez años antes de la llegada de los hombres de Castilla.
Primer presagio funesto: Diez años antes de venir los hombres de Castilla primeramente se mostró un funesto presagio en el cielo. Una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora; se mostraba como si estuviere goteando, como si estuviera punzando en el cielo.
Ancha de asiento, angosta de vértice. Bien al medio del cielo, bien al centro del ciclo llegaba, bien al cielo estaba alcanzando.
Y de este modo se veía: allá en el riente se mostraba: de este modo llegaba a la medianoche. Se manifestaba: estaba aún en el amanecer: hasta entonces la hacía desaparecer el sol.
Y en el tiempo en que estaba apareciendo: por un año venía a mostrarse. Comenzó en el año 12-Casa. (Año 1517 D.C.)
Pues cuando se mostraba había alboroto general: se daban palmadas en los labios las gentes; había un gran azoro; hacían interminables comentarios.
Segundo presagio funesto que sucedió aquí en México: por su propia cuenta se abrasó en llamas, se prendió en fuego: nadie tal vez puso fuego, sino por su espontánea acción ardió la casa de Huitzilipoctli. Le llamaba su sitio divino, el sitio denominado "Tlacatecan" [Casa del Mundo].
Se mostró: arden las columnas. De adentro salen acá las llamas de fuego, las lenguas, las llamaradas de fuego.
Rápidamente en extremo acabó el fuego todo el maderamen de la casa. Al momento hubo vocerío estruendoso; dice: “¡Mexicanos, venid de prisa: se apagará! Traed vuestros cántaros!..."
Pero cuando le echaban agua, cuando intentaban apagarlo se enardecía flameando más. No pudo apagarse: del todo ardió.
Tercer presagio funesto: fue herido por un rayo un templo. Sólo de paja era: en donde se llama "Tzummulco".(Una sala del templo mayor de Tenochtitlán) El templo de Xiuhtecuhtli. No llovía recio, sólo lloviznaba levemente. Así, se tuvo por presagio; decían de este modo: "No más fue golpe del Sol." Tampoco se oyó el trueno.
Cuarto presagio funesto: cuando había aún sol, cayó un fuego. En tres partes dividido: salió de donde el sol se mete: iba derecho viendo a donde sale el sol; como si fuera brasa, iba cayendo en lluvia de chispas. Larga se tendió su cauda; lejos llegó su cola. Y cuando visto fue, hubo gran alboroto: como si estuvieran tocando cascabeles.
Quinto presagio funesto: hirvió el agua: el viento la hizo alborotarse hirviendo. Como si hirviera en furia, como si en pedazos se rompiera al revolverse. Fue su impulso muy lejos, se levantó muy alto. Llegó a los fundamentos de las casas; y derruidas las casas, se anegaron en agua. Eso fue en la laguna que está junto a nosotros.
Sexto presagio funesto: muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos.(“La Llorona” o Cihuacóatl)
-¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!
Y a veces decía:
-Hijitos míos, ¿a dónde os llevaré?
Séptimo presagio funesto: muchas veces se atrapaba, se cogía algo en redes. Los que trabajaban en el agua cogieron cierto pájaro ceniciento, como si fuera grulla. Luego lo llevaron a mostrar a Motecuhzoma, en la Casa de lo Negro [casa del estudio mágico].
Había llegado el sol a su apogeo: era el mediodía. Había uno como espejo en la mollera del pájaro, como rodaja de huso, en espiral y en rejuego: era como si estuviera perforado en su medianía.
Allí se veía el ciclo: las estrellas, el Mastelejo. Y Motecuhzoma lo tuvo a muy mal presagio, cuando vio las estrellas y el Mastelejo.
Pero cuando vio por segunda vez la mollera del pájaro, nuevamente vio allá, en lontananza; como si algunas personas vinieran de prisa; bien estiradas; dando empellones. Se hacían la guerra unos a otros, y los traían a cuestas unos como venados.
Al momento llamó a sus magos, a sus sabios. Les dijo:
- ¿No sabéis: qué es lo que he visto? ¡Unas como personas que están en pie y agitándose! ...
Pero ellos, queriendo dar la respuesta, se pusieron a ver: despareció [todo]: nada vieron.
Octavo presagio funesto: muchas veces se mostraban a la gente hombres deformes, personas monstruosas. De dos cabezas paro un solo cuerpo. Las llevaban a la Casa de lo Negro; se los mostraban a Motechuhzoma.
Cuando las había visto, 1uego desaparecían.
BREVE RELACIÓN DE LA CONQUISTA, SEGÜN JUAN DE SANTA CRUZ PACHACUTI YAMQUI SALCAMAYHUA
De la obra de Santa Cruz Pachacuti, Relación de antigüedades deste Reyno del Pirú, tomamos la parte final en la que da su autor su propia visión de la Conquista. A través de ella se trasluce su poca simpatía hacia Atahualpa, de quien afirma que se hizo "falso tristi", al conocer que se había cumplido su orden de dar muerte a Huáscar.
Y tras de esto, dentro de pocos días, llegó la nueva de cómo los españoles habían desembarcado y saltado en Túmbez, de la cual nueva todos quedan atónitos; y entonces, por consejo de dicho Quisquis, esconde gran maquina de riqueza debajo de la tierra. Y más dice, que por orden del dicho Huáscar Inca, antes que hubiera habido guerras y batallas, los escondieron una maroma de oro y tres mil cargas de oro y otras tantas o más de plata hacia en Condessuyo. Al fin, todos los cumbis y ricos vestidos de oro también los escondieron, y por los indios lo mismo.
En este tiempo, fulano del Barco y Candia llega al Cuzco, sin toparse con Huáscar Inca. Y en este tiempo dicen que también los prendió a Challcochima y el Huáscar Inca ya iba acercando a Cajamarca.
Y en este tiempo, el Francisco Pizarro prende a Topa Atahualpa Inca, en Cajamarca, enmedio de tanto número de indios, arrebatándoles, después que acabó de hablar con el padre fray Vicente de Valverde, y en donde los dichos indios, de doce mil hombres, fueron matados, quedándose muy pocos. Y por ellos entendieron que era el mismo Pachayachachi Huiracochan o sus mensajeros, y éstos los dejaron; y después, como tiró las piezas de artillería y arcabuces, creyeron que era Huiracocha; y como por los indios fueron avisados que eran mensajeros, así no los tocaron mano ninguno, sin que los españoles recibiesen siquiera ser tocados.
Al fin, [a] Atahualpa echa preso en la cárcel. Y allí canta el gallo, y Atahualpa Inca dice: "Hasta las aves saben mi nombre de Atahualpa." Y así, desde entonces, a los españoles les llamaron Huiracocha, Y esto le llamó, porque los españoles desde Cajamarca los avisó al Atahualpa Inca, diciendo que traía la ley de Dios, hacedor del cielo, y así los llamó a los españoles Huiracocha y al gallo Atahualpa.
Al fin, como digo, el dicho Atahualpa, estando preso, despacha mensajeros a Antamarca, para que acabase de matar a Huáscar Inca y después de haber enviado, se hace falso tristi, dando a entender al capitán Francisco Pizarro. Al fin, por orden del dicho Atahualpa Inca, los mató a Huáscar Inca en Antamarca, y asimismo a su hijo, mujer y madre, con gran crueldad. Y por el marqués sabe todas estas cosas, por quejas y querellas de los curacas (jefes) agraviados. Al fin, se bautizó y se llamó D. Francisco. Y después fue ajusticiado el dicho Atahualpa Inca por traidor.
Y después, el capitán Francisco Pizarro parte juntamente con el padre Fray Vicente para el Cuzco, y entonces trajo a un hijo bastardo de Huayna Cápac por Inca, y el cual fallece en el valle de Jauja. Y de allí llega el dicho capitán Francisco Pizarro con sus sesenta o setenta hombres españoles al puente de Aporima, a donde había venido Manco Inca Yupanqui con todos los orejones y curacas a dar la obediencia y hacerse cristianos.
Al fin, todos allí se juntaron por bien de paz, adorando la cruz de Jesucristo nuestro señor, ofreciéndose a su vasallaje del emperador D. Carlos. Y de allí llegaron a Villcaconga, donde los apocuracas (jefes principales) y orejones, de puros alegres y contentos hicieron escaramuzas. Al fin, aquel día llegaron a Saquixaguana, en donde al día siguiente, el padre Fray Vicente con el capitán Francisco Pizarro les dice a Manco Inca Yupanqui que los quería ver vestidos de Huayna Cápac Inca, su padre. El cual se hace mostrar, y visto por el capitán Pizarro y Fray Vicente, les dice que vistieran aquel vestido más rico. Al fin, se vistió el mismo Pizarro en nombre del Emperador.
Al fin, el dicho Pizarro y todos parten para el Cuzco, y el Manco Inca Yupanqui en sus literas. Al fin, los españoles y curacas vinieron con mucha orden, y el Inca con el padre y capitán Francisco Pizarro, que después de mucho tiempo se llamó don Francisco Pizarro.
Como digo, todos vinieron al Cuzco, y en junto del pueblo de Anta toparon con Quisquís, capitán tirano del dicho Atahualpa Inca. Al fin, les dio batalla todos los orejones y con los españoles, Y así, se fueron hacia Capi; y el marqués con el Inca, en compañía del Santo Evangelio de Jesucristo nuestro señor, entraron con gran aparato real y pompa de gran majestad. Y el marqués con sus canas y barbas largas representaba la persona del emperador don Carlos V y el padre fray Vicente, con su mitra y capa, representaba la persona de San Pedro, pontífice romano, no como Santo Tomás, hecho pobre. Y el dicho Inca con sus andas de plumerías ricas, con el vestido más rico, con su suntorpaucar (flor redonda) en la mano, como rey son sus insignias reales de capac unancha y los naturales gran alegría, y tantos españoles.
Al fin, el dicho fray Vicente va derecho a Coricancha, casa hecha de los incas antiquísimos para el Hacedor. Al fin, la ley de Dios y su Santo Evangelio tan deseado, entró a tomar la posesión a la nueva viña, que estaba tanto tiempo usurpado de los enemigos antiguos.
Y allí predica en todo el tiempo como otro Santo Tomás, el apóstol, patrón de este reino, sin descansar, con el celo de ganar almas, haciéndolos convertir, bautizándole a los curacas con hizopos nomás. Porque no pudieron echar agua a cada uno, que si hubiera sabido la lengua, hubiera sido mucha su diligencia, más por intérprete hablaba. No estaba desocupado como los sacerdotes de ahora; ni los españoles por aquel año se aplicaba a la sujeción de interés como ahora. Lo que es llamar a Dios, hacía mucha devoción en los españoles y los naturales eran exhortados de buenos ejemplos.
Tomados de Miguel León Portillo, El reverso de la conquista. México: Joaquín Mortiz, 1977.
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