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Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Latinos 2
LA CONTINUIDAD DE LA HISTORIA
Polibio: Historia universal durante la República Romana Libro III, capítulos 31-32.
Sin ninguna duda habrá algunos aficionados que sentirán que me he detenido en detalles innecesarios al discutir los orígenes de la Guerra de Aníbal. Mi réplica será que, si tales críticos se creen a sí mismos competentes para manejar cualquier situación sin ayuda, en este caso un conocimiento de los antecedentes, ideal todavía deseable, puede no ser concebido como una necesidad. Si, sin embargo, cualquier ser humano deja de sostener esta pretensión respecto a cualquier asunto, ya sea privado o público, siendo consciente del hecho de que, aun si tuviera éxito momentáneo, ninguna persona sensible podría estar justificada en tomar las circunstancias presentes como una base para las esperanzas futuras - si los hechos reales son esos, entonces yo sostengo que ellos han logrado un conocimiento del pasado no solo como ideal deseable sino como absoluta necesidad. ¿Cómo podría alguien cuyos derechos personales o de su país fueran violados hallar campeones o aliados, o cómo cualquiera que estuviera tan ansioso de asegurarse un objeto o anticiparse a un competidor alentar a sus posibles colaboradores que se pongan a trabajar? ¿Cómo, además, cuando se satisfaga con los objetos en vista, podría estar justificado en estimular a aquellos cuyos esfuerzos él está buscando para apoyar su propio plan de acción y en salvaguardia de sus resultados, si no sabe nada respecto a todos los sucesos previos referentes a los individuos comprendidos? Cada cual adapta normalmente sus palabras y actos a la situación del momento y representa la parte correspondiente con la suficiente habilidad para que resulte difícil de adivinar la sagacidad de cada individuo en particular y oscurecer la verdad en un abrumador número de casos. Sin embargo, las acciones del pasado son puestas a prueba por el curso actual de los acontecimientos y, por lo tanto, arrojan una luz real sobre los fines y las actitudes de los individuos, revelando en algunos de ellos la existencia de buena voluntad, buenas intenciones que son prácticamente útiles a nuestro respecto, y en otros disposiciones opuestas. De tales ejemplos es posible muchas veces, en numerosas situaciones, descubrir quién simpatiza con nuestras preocupaciones y agravios, y quién nos justificará - posibilidades que aumentan considerablemente los recursos de la vida humana tanto en los asuntos públicos como en los privados. Por esta razón, los escritores y lectores de historia deben concentrar su atención menos sobre la narración desnuda de los sucesos que sobre los antecedentes, concomitancias y consecuencias de cualquier acción dada. Si usted se abstrae de la historia el “porqué” y el “cómo” y el “por lo cual” de cada hecho particular y la racionalidad o lo contrario de su resultado, lo que queda de ella deja de ser una ciencia y se convierte en un tour de forcé, que puede provocar un placer momentáneo, pero no sirve de ayuda de ningún modo para enfrentar el futuro.
Lo que surge de esto es que aquellos críticos que miran mi trabajo como difícil de lograr y difícil de leer debido al número y tamaño de los volúmenes, están juzgando en forma errónea. Es muchísimo más fácil tanto obtener como leer del principio hasta el fin una serie de cuarenta volúmenes urdidos en un continuo correr del tiempo, y seguir claramente los acontecimientos de Italia, Sicilia y África del Norte desde el tiempo de Pirro hasta la caída de Cartago, y los sucesos del resto del mundo desde el vuelo del rey Cleomenes de Esparta, sin interrupción, hasta la batalla entre los romanos y los aqueos en el istmo de Corinto, que conseguir y leer las composiciones de los especialistas. Aparte de que son muchas veces más voluminosos que mi propio registro es realmente imposible para los lectores obtener de ellos alguna información certera - primero, porque la mayoría de esos escritos dan versiones distintas de los mismos sucesos, y en segundo lugar porque ignoran los acontecimientos contemporáneos en otros campos, a pesar del hecho de que el método comparativo de estudio y análisis transforma la investigación de cada detalle así comparado con los resultados obtenidos por el método de disección en compartimientos. Otra razón es que ellos son totalmente incapaces, además, de tocar los puntos fundamentales, pues, como lo acabo de decir, los elementos esenciales de la historia son las consecuencias y concomitancias de acción y, sobre todo, sus causas. Observamos que la guerra de Antíoco surge de la guerra de Filipo, la guerra de Filipo de la de Aníbal, la de Aníbal de la guerra de Sicilia, mientras los sucesos que intervienen, numerosos y complicados como pueden ser en sus varios aspectos, están todos orientados hacia el mismo tema central. Todos estos hechos pueden ser aprendidos y entendidos por los lectores de la Historia General, pero no por aquellos que escriben la historia particular de guerras, como la guerra de Perseo o la de Filipo aisladas - a menos que alguno, al leer los relatos desnudos de las batallas, imagine que también ha adquirido, en las obras de esos escritores, un entendimiento claro de la morfología de la guerra como un todo. Empero, eso sería una completa ilusión, y yo comprendo que mi propia historia difiere de las obras de los especialistas tan profundamente como aprender con el intelecto difiere del simple oír con los oídos.
LA UNIVERSALIDAD DE LA HISTORIA
Polibio: Historia universal durante la República Romana Libro V, capítulos 316 - 333.
Como creo que ya lo he explicado, emprendí el relato, no de algún grupo particular de acontecimientos, sino de aquellos que han sucedido a través de todo el mundo, y resulta apenas exagerado decir que he proyectado mi obra histórica sobre una escala más grande que cualquiera de mis predecesores. Me corresponde proporcionalmente una meditación previa más profunda sobre el tratamiento y la ordenación, de modo que la composición del trabajo sea lúcido tanto en líneas generales como en los detalles. Al referirme ahora a los reinos de Antíoco y Ptolomeo, deberé por lo tanto retroceder una corta distancia en un esfuerzo por hallar un punto de partida conocido y familiar para la narración que estoy por introducir - un intento que es mi deber más esencial como historiador. En su proverbio “El punto de partida es la mitad del todo” los antiguos recomendaban que se prestara la mayor atención en cualquier caso al logro de una buena iniciación; y lo que es considerado comúnmente como un aserto exagerado de su parte, en mi opinión erraron la verdad por muy poco. Puede afirmarse con confianza que el punto de partida no es “la mitad del todo” pero que se extiende derecho hacia el fin. Es totalmente imposible iniciar nada sin abrazar mentalmente, con anterioridad, la totalidad del proyecto o comprender en qué esfera y qué propósito y por qué razones es ideada la acción. Es del mismo modo imposible resumir en forma adecuada cualquier curso de sucesos sin referirse, en el proceso, al punto de partida y mostrar cuándo, cómo y por qué se ha establecido ese punto en relación con los acontecimientos reales del momento. Los puntos de partida deben ser considerados, por lo tanto, como extendiéndose no sólo al medio sino al fin, y en consecuencia deben prestarle la mayor atención tanto los escritores como los lectores de la Historia Universal.
Desde luego, no soy inconsciente de que un considerable número de otros escritores de historia se han expresado en el mismo tono que el mío, y han hecho profesión, como escritores de la Historia Universal, de emprender el trabajo sobre una escala más grande que cualquier otro de sus predecesores. Personalmente, pediré humildemente la indulgencia de Eforo (el primero y el único historiador que trató genuinamente de escribir en escala universal), pero rehusaré con firmeza proseguir el tema o mencionar a cualquiera de los otros por su nombre, y me limitaré a destacar el hecho de que ciertos escritores contemporáneos en la vehemencia de haber descrito la guerra romano-cartaginesa en tres o cuatro columnas, reclaman el título de historiadores universales. Ahora nadie es tan ignaro que no comprenda que en ese período sucedieron muchos acontecimientos de la mayor importancia en España y África del Norte tanto como en Sicilia e Italia; que la guerra de Aníbal es la más celebrada y la más larga de todas las que hubo, excepto la guerra de Sicilia; y que la vastedad de sus dimensiones nos impulsan a todos a centrar nuestra atención sobre ella. A pesar de eso, existen escritores cuyas referencias son todavía más breves que las anotaciones de aquellos registros oficíales que están inscriptos en los lugares públicos, en orden cronológico y en forma tabular, y quienes aseguran que han incluido en su estudio todos los hechos del mundo helénico y no helénico. La razón es que resulta perfectamente fácil presentar un reclamo verbal acerca de los acontecimientos más destacados, pero no es fácil en la práctica cumplir con cualquiera de las cosas que merecen ser tomadas en cuenta. La presunción es un artículo de propiedad común que está virtualmente al alcance de todos los que poseen simplemente la audacia de apropiársela, mientras que la realización práctica es muy rara y pocos individuos la obtienen en su vida real. He sido impulsado a hacer estas observaciones por la impostura de los escritores que se magnifican a sí mismos y que lo hacen con sus propias producciones, pero ahora volveré al punto de partida de los sucesos que me propongo registrar aquí.
LA UNIDAD DE LA HISTORIA
Polibio: Historia universal durante la República Romana Libro VIII, capítulo 2
Me enorgullezco de que el verdadero registro de los hechos ha confirmado ahora la verdad del principio que he destacado repetidamente en el comienzo de mi obra - el principio de que es imposible obtener de las monografías de los especialistas de historia un desarrollo de la morfología de la Historia Universal. Al leer una narración desnuda y aislada de los acontecimientos en Sicilia y España, es de todo punto de vista imposible comprender e interpretar la magnitud o la unidad de los hechos en cuestión, por los cuales yo pongo de manifiesto los métodos y medios de los que se ha valido la Fortuna para cumplir lo que ha sido el logro más extraordinario de nuestra generación. Este es nada menos que la reducción de todo el mundo conocido al dominio de un solo imperio - un fenómeno del cual no hay un ejemplo previo en la historia registrada. Un conocimiento limitado del proceso por el cual Roma capturó a Siracusa y conquistó España, puede ser, sin duda, obtenido de las monografías de los especialistas; pero sin el estudio de la Historia Universal resulta difícil comprender cómo ella consiguió la supremacía universal, cuáles fueron los hechos locales y particulares que impidieron la ejecución de proyectos generales, y además cuáles los sucesos y oportunidades que contribuyeron a su éxito. Por las mismas razones, no resulta fácil captar la magnitud de los esfuerzos de Roma o la potencia de sus instituciones. Que Roma compitiera por la posesión de España y también de Sicilia, y que ella realizara campañas en ambas regiones, no aparecería claro si se considerara cada suceso aisladamente. Sólo cuando consideramos el hecho de que tanto el gobierno como la comunidad estaban logrando resultados en varias esferas simultáneamente al conducer esas operaciones, y cuando incluimos en el mismo estudio las crisis internas y luchas que preocuparon a aquellos que eran responsables por todas las actividades en el extranjero mencionadas, entonces el carácter particular de los hechos surge claramente y logra llamar la atención que merece. Esta es mi replica a los que imaginan que el trabajo de los
especialistas los iniciará en la Historia General y Universal.
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