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Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Poetas
Hesíodo de Ascra: texto de Teubner, ed. por A. Rzach: Trabajos y días, líneas 109-201.
En el comienzo, una Raza Dorada de hombres mortales fue hecha por los inmortales habitantes del Olimpo. Estos hombres vivían en los días de Cronos, cuando él era el rey de los Cielos. Vivían como Dioses con corazones libres de inquietudes, sin tomar parte poco o mucho en los trabajos y preocupaciones. Piadosa, la vejez no los aguardaba, sino que, siempre con la misma fortaleza de manos y pies, tomaban su placer en fiestas, apartados de todos los males. Cuando morían, era como si fueran alcanzados por el sueño. Todas las cosas buenas eran para ellos, y el grano cosechado era producido por la generosa Tierra de buena voluntad -abundantemente y de buena gana- mientras ellos, en paz y buena voluntad, vivían en sus tierras con cosas buenas en abundancia. Ahora después de que esta raza fue ocultada por la Tierra, se convirtieron en buenos espíritus por la voluntad del gran Zeus - espíritus por encima del suelo, guardianes de los hombres mortales, dadores de riqueza (pues ellos han obtenido hasta esa prerrogativa de reyes).
Luego, una segunda raza mucho peor, una Raza Plateada, fue hecha por los habitantes del Olimpo -distinta en cuerpo y alma de la Dorada. Durante cien años el niño era criado en la falta de su buena madre, jugando, como un chico desvalido, en su casa; y cuando llegaban a su edad viril, el tiempo que vivían les resultaba corto, y además sufrían durante toda su desatinada existencia. No podían evitar mutuos ultrajes funestos ni servir a los inmortales o hacer sacrificios sobre los altares sagrados de los bienaventurados Dioses después de sus legítimas costumbres de hombres en todos los lugares que habitaban. Éstos, al final, eran muertos por Zeus o Cronos, irritados porque no querían cumplir con los honores debidos a los Dioses benditos del Olimpo. Ahora, después de que esta raza ha sido escondida por la Tierra, ellos ganaron entre los mortales el nombre de benditos bajo la tierra - segundos en gloria, y con todo, aun así, son servidos con honor.
Y Padre Zeus hizo una tercera raza de hombres mortales - una Raza de Bronce, de ningún modo sabia como la de Plata, elaborada con ceniza de las lanzas, grande y terrible. Hallaban su delicia en penosas tareas de Ares y en los pecados del Orgullo. No pasaba pan por sus labios, pero los corazones en sus pechos eran fuertes como diamantes, y ninguno podía acercarse a ellos. Grande era su fuerza e inconquistables las armas que sobresalían de sus hombres sobre sus fornidas figuras. De bronce eran sus brazos, de bronce sus casas, y con bronce cultivaban la tierra. (No existía todavía el oscuro hierro.) Fueron llevados hacia abajo por sus propias manos y fue su camino el moldear la casa del frío Hades, sin nombre. Por todo su gran valor, la Muerte los tomó en su oscuro puño, y ellos dejaron la brillante luz del Sol.
Después de que esta raza también fue cubierta por la Tierra, todavía una cuarta raza fue hecha, otra vez, sobre la faz de la Madre de Todos, por Zeus hijo de Cronos - una raza mejor y más justa, la divina raza de los hombres Heroicos, que son llamados Semidioses, la raza que se encontraba en otros tiempos sobre la Tierra sin límites. Fueron destruidos por una malvada Guerra y un terrible Combate - algunos bajo Tebas la de las Siete Puertas en la tierra de Cadmo, cuando luchaban con las gentes de Edipo, mientras otros fueron llevados a la destrucción de Troya en barcos sobre el gran golfo del mar, por la salvación de la rubia Helena. Encontraron su fin y la Muerte los abrazó; y entonces, Zeus hijo de Cronos les aseguró la vida y un lugar para habitar, separado de la Humanidad, y moraron en los confines de la Tierra. De este modo permanecieron, con los corazones libres de cuidados, en las Islas de los Benditos, al lado de los profundos remolinos de la Corriente Oceánica - felices Héroes, por quienes una cosecha dulce como la miel, tres veces madurada cada año, es entregada por la Tierra infinita.
Oh, que me haya yo demorado para vivir luego con la quinta raza, que no haya muerto antes o nacido después; porque ahora en estos últimos días se encuentra la Raza de Hierro. Nunca durante el día ellos podrán descansar del trabajo y las preocupaciones, y nunca durante la noche de las manos de los ladrones; y crueles son los cuidados que los Dioses les han dado. El padre no se entenderá con su hijo, ni el hijo con el padre, ni el huésped con su anfitrión, ni el amigo con el amigo, ni el hermano abrazará al hermano como en otros tiempos. Los padres llegarán pronto a viejos y rápidamente serán deshonrados, y harán reproches a sus hijos y los increparán con palabras crueles. ¡Desventurados los que no conocen la gracia de los Dioses! Porque no guardarán gratitud a sus viejos padres por su alimento. El hombre justo o el bueno o el que mantiene su juramento no encontrará favor, pues éste honrará más bien al que hace el mal y al orgulloso insolente. Prudente será reposar en la fuerza del brazo y se alejará el Dolor. El malvado herirá a su arbitrio usando palabras perversas que coronará con un juramento. Todos los hijos del triste Hombre tendrán la Contienda por compañera - voces agrias de Lucha de odioso aspecto, que se regodea en el mal.
Y entonces, por último, esos espíritus irán en su camino hacia el Olimpo de la ampliamente surcada Tierra, con sus hermosas caras veladas y blancos ropajes, buscando la compañía de los inmortales, y dejando tras de sí la compañía de los hombres - aun los espíritus de Compasión y Retribución. Pena y dolor son las porciones dejadas para los hombres mortales, y no habrá defensa contra el mal día.
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