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Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Anexionismo
Documento Núm. 1
Gral. Antonio Valero de Bernabé (1794-1864)
“PLAN PARA LA INDEPENDENCIA DE PUERTO RICO” (La Guaira, 1823)
Parte política
1o Base de la libertad. La Constitución de Colombia, perteneciendo a la Republica como estado de ella.
2o Se llamara estado de Borinquen su antiguo nombre.
3o Por medio de proclamas e impresos, que son los mejores agentes para inflamar el fuego patriótico, se hará entender a los habitantes el objeto de la expedición; la que no turbara su tranquilidad y reposo, todo lo contrario se les va a garantizar sus libertades, bienes, etc. por lo que mientras no lo ecsijan las imperiosas circunstancias los impuestos serán los mas moderados y no se les gravara con otras cargas.
4o El costo de la expedición se reintegrara a la República por medio de un impuesto que se hará a los comerciantes españoles de la isla que protegen las espediciones a Colombia.
Parte militar
5o La espedicion tendrá su origen en Colombia en los puntos de Caracas y la Guaira y su organización podra ser a cargo del Sor Gen1 Soublette.
6o Se compondrá de dos Bat. de infanta. de 750 plazas cada uno total 1,500 hombres.
7o Dos cuadros de la misma arma para reclutar hasta 3 ó 4 mil hombres de los habitantes de la isla, llevando de aqui el armamento y fornituras.
8o Un cuerpo de caballería de 500 hombres con todos los enseres pa 500 caballos en disposición de operar luego que se hallen montados, lo que se consigue con facilidad pr la abundancia que hayan en la isla.
9o Un cuadro de la misma arma pa dos escuadrones de 200 hombres.
Operaciones militares
10° (Roto) expedición sera convoyada pr una corbeta y un Bergn de guerra de la Republica, los que después de verificado el desembarco harán el bloqueo del puerto.
11° El desembarco sera en la costa norte en el punto mas combeniente pa un golpe de mano sobre la Plaza; y los de organización sera la base de operaciones y cuerpo de reserva.
12° Los dos mil hombres de ambas armas marcharan sobre la capital sin darle lugar a precaberse, como primer objeto; estableciendo la linea en Miraflores, Sn Antonio y Sn Gerónimo y demás puntos combenientes para obstruir la comunicación de la ciudad con el campo.
13° De los dos mil hombres se destacara una fuerza de 300 hombres en columna móvil que esplore los demás puntos de la isla.
14° Las fuerzas enemigas que no quieran tomar partido se las dejara en libertad pa marchar donde les acomode juramentándose no tomar las armas contra la causa.
Elementos conque se cuenta dentro de la isla.
15° Su poca guarnición que consiste en el batn , de Granada qe no llega a 300 hombs. y en las milicias de pardos y morenos, con la de blancos, fuerza insignificante.
16° Una fuerte opinión en favor de la independa dentro de la ciudad y en el campo por lo cual se ha querido desterrar algunas personas; y sobre todo la nulidad del gobierno.
17° El amor de los Gibaros a la libertad, y lo que que es mas lo agobiados que se hallan con la contribución que le llaman subsidio de la que desean substraerse a cualquier costa.
Nota
La Espedicion llevara su pequeño E.M. y cuerpo de_ingenieros: municionada competentemente y su repuesto; asi como también llevara víveres pa los primeros 20 o 30 dias.
Caracas 14 de mayo…
Hay una rubrica.
Documento Núm. 2
Proclamas anexionistas en mayo de 1868
Documento N.° 214 Gobierno Superior Civil de la Isla de Puerto Rico
Dirección de Administración
Numero 224
Reservado.
Excelentísimo Señor:
Desde hace algún tiempo vengo observando que por el correo de Madrid llegan a esta Isla, bajo sobres a diferentes personas de todos los pueblos, proclamas e impresos por el estilo del que adjunto tengo el honor de dirigir a Vuestra Excelencia, sobre la anexión de Cuba y Puerto Rico a los Estados Unidos.
La circunstancia de haberse escogido el correo español para conducir esta clase de libelos, haciéndolos proceder de esa Corte, me hacen creer que, por efecto de la mucha vigilancia que en estos puertos se observa con las procedencias directas de los Estados Unidos, ha obligado al comité establecido en Nueva York a constituir otro en Madrid para valerse de este medio fácil de introducción [sic], a fin de perturbar los ánimos tranquilos que hoy se observa[n] en este vecindario, consiguiendo así hacer una propaganda perniciosa. Como para llevar a efecto sus planes deben contar en esa Corte con un Centro en que figure[n] algunos del país que conozca[n] nombres y apellidos de estos vecinos, es fácil que la policía de esa Capital consiga con sus investigaciones descubrir y conocer las personas que toman parte en estos trabajos.
Estas consideraciones me obligan a dar a Vuestra Excelencia conocimiento de todo, por lo que en su elevado criterio tenga a bien resolver y por si estima oportuno elevarlo al de Su Majestad y adoptar, en su vista, la resolución que sea de su soberano agrado.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Puerto Rico, 30 de mayo de 1868.
Excelentísimo Señor,
Julián Juan Pavía
[rúbrica]
Excelentísimo Señor Ministro de Ultramar.
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Ministerio de Ultramar
La anexión de Cuba y Puerto Rico a los Estados Unidos. = Varias veces se ha ocupado el mundo de la venta de las últimas posesiones de España en América a los Estados Unidos, pero nunca con más detención que hoy. A consecuencia de haber hablado de tan importante asunto los periódicos norteamericanos, publican el Pall Mall, Gacette de Londres y el Journal des Debat de París largos artículos sobre el particular. La vieja Europa contempla amedrentada aquella joven y gigante República, resuelta a alejarla del suelo americano, llevando adelante la célebre doctrina Monroe. Recién salida de una titánica guerra que duró cuatro años, guerra en que se derramó la sangre y el oro a torrentes, la vemos rescatar la América rusa y luego las islas de San Thomas y San Juan, despejando así el suelo de Colón de dos naciones europeas. Hoy trata de extender su mano bienhechora sobre Cuba y Puerto Rico, y con este fin ha entrado en negociaciones con el Gabinete de Madrid (según se dice) por medio de Mr. Hall, su representante allí. La cantidad ofrecida se eleva a pesos fuertes, 150 millones; las condiciones de la venta son: pesos fuertes, 50,000,000 al entregarse la Isla a los Estados Unidos; pesos fuertes, 50,000,000 al cabo de un año, y el resto en seis años. No se ha podido vislumbrar todavía la intención del Gobierno español. Algunos hombres políticos abogan por la venta; otros, nuevos Quijotes, enristran la lanza en defensa del honor nacional, que suponen sería manchado por esa transacción; sin recordar que, si de ese modo se empaña el lustre de la nación, ha sido empañado ya cuando, en 1819, se vendió la Florida a los Estados Unidos; sin recordar que Rusia, que tiene en mucho su honor, no se ha creído deshonrada al vender sus posesiones en América; y que Dinamarca, que a pesar de su pequeñez territorial ha sido siempre considerada como una nación dignísima, hizo lo mismo con sus Antillas, sin que su reputación haya sufrido lo más mínimo. = El destino de Cuba y Puerto Rico ha sido trazado por la sabia mano de la naturaleza. Quien quiera convencerse de ello, abra un mapa y vea la posición que ocupan esas Islas. “Cuba y Puerto Rico, dijo el presidente Buchanan, pertenecen a los Estados Unidos por derecho de nacimiento, en expectativa del de conquista.” Como punto estratégico, muy pocos son los que tengan tanta importancia para la República americana, al paso que es de poca o ninguna para España. Esto es evidente. En manos de los americanos, serían Cuba y Puerto Rico (en caso de guerra con una nación europea) un poderoso punto de apoyo para sus operaciones marítimas. En manos de España, ¿de qué servirían, dado caso que fuese ella una de los combatientes? ¿De qué le serviría un punto estratégico a mil y tantas leguas de sí y abocado al enemigo? ¿Cómo podría España impedir que sus Antillas cayesen en poder de la formidable Marina americana? Hay que contar, además, con que la llaga de la esclavitud sería un polvorín para el enemigo abolicionista, y que el estado de desafección hacia España y el norteamericanismo o filibusterismo se acrecientan cada día más en la población criolla de aquellas Antillas; armas de que tan sagaces enemigos no dejarían de servirse. = Harto han comprendido los Estados Unidos lo importante que es para su mayor seguridad estratégica la posesión de Cuba y Puerto Rico. Por eso el presidente Buchanan, en un mensaje, pidió al Congreso la apertura de un crédito y autorización para negociar la compra de Cuba y Puerto Rico. Si todavía no se ha efectuado esto ha sido: primero, porque los deseos no eran unánimes en los Estados Unidos; y, segundo, porque España no quería. Hoy es muy distinta la situación. Cuando se trató de la compra, siendo presidente Buchanan, los dos grandes partidos que dividían la Unión (abolicionistas y esclavistas) se hallaron de opuestas opiniones. El Sud quería que, a toda costa, entrasen Cuba y Puerto Rico en la Unión, porque veían en ellas idénticos intereses a los suyos. Existiendo la esclavitud en las dos Islas, sus representantes hubiesen sido en el Congreso un poderoso refuerzo para el Sud, refuerzo con que quizás hubiera salido triunfante la esclavitud. El Norte, bien enterado de estos fines y de las maquinaciones del Sud, se opuso siempre a la realización de sus planes; oposición que ha traído consigo el triunfo del progreso y la justicia sobre la iniquidad y el oscurantismo. A ese triunfo se debe el acuerdo que hoy existe entre todos los partidos. El Sud, a pesar de que la abolición de la esclavitud es una de las condiciones de la compra, sabe que Cuba y Puerto Rico son, como él, pueblos esencialmente agrícolas. Y sigue viendo en ambos países aliados, no ya para defender la esclavitud, sino para apoyar la reforma de aranceles y sostener el libre cambio contra el sistema proteccionista. El Norte, por su parte, siempre generoso y elevado, después de haber tornado su libertad a cuatro millones de negros, esclavizados por la más inhumana e injusta de las instituciones, anhela apoderarse del último baluarte de la esclavitud para coronar su sublime obra. Todos los partidos, todos los hombres, están de acuerdo en que Cuba y Puerto Rico deben formar parte de la Federación. = España, por su parte, no está en posición de resistir las tentadoras ofertas del Gobierno americano: sus cajas están vacías; su agricultura, arruinada; su comercio languidece; su industria es nula; su presupuesto, enormemente desproporcionado a su riqueza, se invierte en fomentar la desmoralización y la opresión; sus continuos disturbios políticos, el vergonzoso atraso intelectual y material de su población, y la mala fe de sus hombres públicos, la tienen encadenada y siempre de espaldas al progreso. España empieza hoy a ver (demasiado tarde, quizá) que su régimen colonial no ha servido más que para corromperse a sí misma y hacer desgraciados aquellos pueblos, que deberían ser un emporio de riqueza. Por otra parte, se encuentra hoy frente a frente con un problema de dificilísima solución. En vano quisiera hacer lo que los débiles: aplazar su determinación, prolongando el statu quo. El mundo entero, la civilización, el mismo cristianismo, ejercen una terrible presión sobre ella y no la permiten por más tiempo prorogar [sic] la abolición de la esclavitud. Esa repugnante institución, fuente de riqueza para España, ha recibido el golpe de muerte de manos de Lincoln. Bien conoce esto el Gobierno español; pero, ¿cómo decretar la abolición sin indemnizar a aquellos que él autorizó para tener esclavos? El ha protegido y explotado la trata; justo es, pues, que pague las consecuencias de su torpe e inmoral conducta. Su estado financiero, vecino de la bancarrota, le impide indemnizar a los tenedores de esclavos y le hace blanco de las diatribas del mundo liberal. Por salir de tan difícil posición, creemos que al fin se resolverá España a vender sus posesiones de América. Por un lado, vemos a los americanos ansiosos de comprar y, por otro, a España a un palmo de su ruina, sin otro camino que la venta para huir de la bancarrota que la amenaza. Con los pesos fuertes, 150,000,000 que ofrecen los Estados Unidos se podría pagar gran parte de la deuda, se fomentarían en la Península muchas obras útiles y se vería libre del terrible problema de la abolición de la esclavitud, que, cual la sombra de Banquo, la persigue noche y día. Las Antillas tienen, pues, que pertenecer a los Estados Unidos: primero, por su posición geográfica; y, segundo, por las necesidades de la política. No faltarán cubanos y puertorriqueños, ridículamente susceptibles, que experimenten repugnancia por la venta y se crean degradados por ésta. Recuerden esas delicadas personas que la vergüenza no está en ser vendidos, sino en la vida abyecta y estúpida que arrastran y en la ignominiosa esclavitud que tan pacientemente sufren. ¿Están acaso deshonradas la Florida y la Lousiana porque fueron vendidas a los Estados Unidos? ¿Estaría más deshonrada la isla de Santa Cruz, que Dinamarca piensa vender hoy a la República norteamericana, que cuando Francia la vendió a Dinamarca? Sin mencionar la multitud de ventas, traspasos y cesiones de territorio ocurridas entre las naciones de Europa, la misma España, ¿no cedió en época no muy lejana la isla de Santo Domingo a los franceses? Piensen un poco aquellas sensibles inteligencias en los bienes que traería consigo la anexión a los Estados Unidos y sentirán desvanecerse sus preocupaciones [sic]. ¡Hay tanta diferencia de ser hombre libre a ser colono! ¡Y no colono a la inglesa! ¡Hay tanta diferencia entre el self government y la ridicula y opresiva tutela en que están y estarán Cuba y Puerto Rico mientras dependan del Gobierno español! Piensen los que se sientan lastimados en sus quijotescas susceptibilidades por la idea de la venta que la anexión traería consigo el derecho de votar nosotros mismos nuestros presupuestos y de invertir nuestras contribuciones en lo que creyésemos más útil; que traería consigo una gran reforma de aranceles, el desarrollo de la instrucción pública, la libertad del comercio, la libertad de la prensa y todos los grandes adelantos que encierra la patria de Washington y Lincoln. Piensen que los empleos y destinos que hoy enriquecen exclusivamente a cierta gente serían de aquellos que se hubiesen hecho dignos de ellos por sus virtudes y conocimientos. Recuerden, finalmente, que en vez de ser colonos serían ciudadanos de la libre América. Tampoco faltará quien ponga el grito en el cielo, suponiendo que los voraces yankees nos absorverían; que a los pocos años desaparecería la población criolla, atropellada por la norteamericana. Vivan estos sosegados. Los Estados Unidos son un pueblo de inmigración y no de emigración. Los hombres afluyen allí de los países más remotos, pero nunca salen. Además, el norteamericano es un pueblo eminentemente justiciero, que no concibe que se huelle[n] la justicia y el derecho. No es de temer, pues, que atropellen los nuestros. Citaremos como un ejemplo palpable de lo que decimos a la Louisiana, que fue vendida en 1803 por Napoleón I a los Estados Unidos. Hace sesenta y cinco años que forma parte de la República y todavía gran parte de su población es de origen francés. Téngase en cuenta que su posición continental hacía más fácil la absorción. La posición insular de Cuba y Puerto Rico es una valla que la[s] resguardará poderosamente. Esto nos demuestra hasta la evidencia que los que temen la absorción tiemblan ante una quimera forjada por su propia mente. Además, un estudio estadístico sobre la población de la gran República, publicado en Nueva York, calcula que, para poblar los inmensos territorios del Oeste, han de transcurrir dos o más siglos. La absorción, pues, dado caso que se efectuara, sería tan lenta y tan tarde que muchas generaciones pasarían sin verla. = Sentimos que la necesidad nos impida extendernos todo lo que merece tan importante asunto. Nos daremos por muy satisfechos, sin embargo, si hemos conseguido que algunos de nuestros compatriotas se adhieran a nuestro modo de pensar. = Unido hay un sobre que dice: “Guayanilla. Señor Don Adolfo Mazan. = Puerto Rico”, con dos sellos; uno de Madrid, con fecha 28 de abril de 1868, y otro de Puerto Rico, con fecha 14 de mayo de 1868.
[rúbrica]
A. H. N. Ultramar. Leg. 5110, Exp. 26, Doc. 14. (Mic. en C. I. H.).
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