Prof. Mario R. Cancel,Catedrático Asociado de Historia | Portada
Modern times
El discurso de la decadencia en Modern times de Charles Chapiln
Mario R. Cancel
Modern times representó uno de los fenómenos más interesantes de la historia de la cinematografía estadounidense. Difundida en el año 1936, el filme se convirtió en la última obra muda de envergadura auspiciada por Hollywood. Del mismo modo, la película representó la desaparición del celuloide del mitológico “little tramp” de Charlie Chaplin. El vagabundo y aventurero fue transformado en un “obrero de fábrica” a fin de encajarlo de manera coherente en el marco de la “gran depresión.”
Modern times es un texto cinematográfico híbrido de difícil clasificación. Se trata de una comedia en blanco y negro que combinaba, dada la resistencia de Chaplin a los “talkies,” recursos de cine sonoro y mudo. Tampoco se trataba de una comedia pura. Los elementos melodramáticos estuvieron presentes a lo largo de toda la narración fílmica. El “final feliz” expresado en la esperanzadora caminata de Chaplin y Paulette Goddard hacia el horizonte que cierra el filme, resulta forzado para quien está acostumbrado a los filmes del cómico inglés. Se trata de una escena espuria que no estaba contemplada en el guión original de Chaplin.
La obra representa un intento de interpretación cinematográfica del meandro que significó la “Gran Depresión” nacida en el duro año 1929. En aquel contexto, el filme se convirtió en un juicio sobre el desarrollo de la política del “Nuevo Trato,” un revolucionario esfuerzo de recuperación nacional auspiciado por el presidente Franklyn D. Roosevelt que fue interpretado como un gesto radical asociado a las izquierdas por los sectores defensores del librecambismo puro y los republicanos más recalcitrantes. Si el peor momento de la depresión había sido dejado atrás en 1934, entonces Modern times representa un juicio emitido cuando los novotratadistas vislumbraban una luz al final del túnel.
La inestabilidad que caracterizó el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial fue crucial en el diseño de la ojeada de Chaplin. El triunfo electoral del Frente Popular y el ascenso de Francisco Franco al poder en España, la remilitarización de la zona de la Renania que resultó tan amenazante para el gobierno francés, y la constitución del Eje Berlín-Roma como corolario de la invasión de la tropas de Benito Mussolini a Etiopía, fueron el caldo de cultivo de la parodia que Modern times hace de una modernidad en la cual no se confía.
La crítica de Chaplin es abierta. Todos los sistemas totalitarios estaban en la mirilla del cineasta. Tanto el socialismo estalinista y el fascismo italo-germano, como el franquismo español, el conservadurismo anti-obrero de las derechas americanas fueron parte de su objetivo. La década del 1930, Chaplin había estado viviendo en Europa durante el año 1931, dio la impresión de que el sueño ilustrado y moderno de la emancipación humana y la democracia liberal agonizaba. Modern times es la tesis chaplinesca en torno a aquella impresión de decadencia.
En el filme maduró una crítica dura a la alienación del trabajador producida por el capitalismo avanzado. La metáfora de las ovejas / obreros es sintomática de ello. El dilema del hombre contra la máquina penetra la trama. El panóptico patronal controla los espacios laborales, tal como si se tratara de un asilo de inadaptados sociales del siglo 19 promovido por Jeremy Bentham. La parodia de la automatización de la producción, presente en el gag de los engranajes de la gran maquinaria industrial que se traga y juega con el cuerpo endeble del trabajador; y el ludismo con el que se construye la escena del tic nervioso del trabajador en la fábrica, son cruciales. Ambos sirven para descomponer el mito del taylorismo y la eficacia tan celebrada por el gran capitalismo y el socialismo industrializador soviético después de la Primera Guerra Mundial. Hay algo de acerba crítica a la mercantilización de la vida social que tanto preocupó a sociólogos teóricos tales como Georg Simmel durante los primeros decenios del siglo 20.
La protesta contra el desempleo, el síntoma social que más afectó a los trabajadores de carne y hueso que vivieron el ciclo depresivo, se dibuja con diafanidad en el gag de la huelga callejera, los piquetes -nueva Babel- en diversas lenguas, y la bandera roja como un signo contradictorio que anuncia peligro / comunismo, signo burlesco y burlado en medio de una situación cargada de prejuicios y miedos atávicos.
El anarquismo liminar chaplinesco típico del comediante se proyecta en la imagen del control burgués y la autoridad policial. Se trata de una vieja utopía igualitaria en la cual los personajes no automatizados, libres e inocentes, puedan tomarse de la mano para celebrar el mundo desde la escasez.
Por último, joyas cinematográficas aisladas son los gags silentes de la máquina para alimentar obreros que pretende ahorrar tiempo de asueto a los mismos y dinero al capitalista. La secuencia del camarero con la bandeja en el restaurante y music hall, permite escuchar la voz de Chaplin al improvisar en un falso italiano la canción que pierde cuando se le desaparecen las puñetas del traje. El paisaje de la casa del pobre es un escenario inolvidable para cualquier cinéfilo.
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